Mary Njeri, directora global de Alimentación Escolar de World Vision
Crecí en una Kenia rural sin comidas escolares, así que tenía que correr a casa todos los días para almorzar, con lluvia o con sol, antes de regresar sin perder tiempo. Esperaba que, décadas después, las cosas hubieran cambiado. Pero todavía hoy, millones de niños y niñas entran a las aulas con el estómago vacío.
Durante décadas, gobiernos, ONG y agencias de desarrollo han ensalzado los beneficios transformadores de las comidas escolares. Sin embargo, hoy en día, millones de niños y niñas siguen entrando a las aulas con solo hambre en el estómago.
Como declaró Gordon Brown, Enviado Especial de las Naciones Unidas para la Educación Global: «Quiero alzar la voz por los 153 millones de niños y niñas que sufren escasez de alimentos, hambruna y desnutrición. Las clases escolares no son suficientes; también debe haber Comidas Escolares». Sus palabras rompen con la complacencia y nos recuerdan que la educación sin nutrición simplemente no es educación.
«La Cumbre Mundial de la Coalición por la Alimentación Escolar en Brasil debería de ser un momento decisivo para comprometerse para que cada niño y niña, en cada aula, tenga acceso a una comida nutritiva todos los días»
Por eso, la próxima Cumbre Mundial de la Coalición por la Alimentación Escolar en Brasil, en la que se reúnen los líderes mundiales, debe ser más que una simple reunión política bienintencionada. Esta cita debería de ser un momento decisivo para comprometerse para que cada niño y niña, en cada aula, tenga acceso a una comida nutritiva todos los días.
Ahora más que nunca, la infancia de todo el mundo se enfrenta a una incertidumbre sin precedentes, alimentada por conflictos, desastres naturales y los crecientes impactos del cambio climático. Ante esta realidad, la alimentación escolar no es una opción política discrecional; es un salvavidas, una protección y un catalizador de oportunidades.
Por qué esto importa y por qué no puedo ser neutral
En mi aldea keniana, la educación se consideraba la única vía para tener oportunidades. Mis padres se esforzaban para que comiéramos bien en casa, pero en la escuela el hambre era un obstáculo diario. Cada hora del almuerzo significaba para muchos niños y niñas correr de un lado a otro, ya que no todos los niños ni niñas podían llevar algún alimento.
«La alimentación escolar no es una opción política discrecional; es un salvavidas, una protección y un catalizador de oportunidades»

Sociedad civil: una fuerza desaprovechada
Los gobiernos pueden controlar el presupuesto, pero las organizaciones de la sociedad civil (OSC) poseen la proximidad, la confianza y la agilidad necesarias para el éxito de los programas de alimentación escolar. En colaboración con la Fundación Mundial para la Nutrición Infantil (GCNF), World Vision está mapeando las diversas, y a menudo ignoradas, contribuciones de las OSC al ecosistema global de alimentación escolar.
Estas organizaciones son el tejido conectivo entre la política y la práctica: se abastecen de agricultores locales, integran la educación nutricional y cubren las deficiencias cuando falla la provisión gubernamental. Sin embargo, con demasiada frecuencia se les excluye de las instancias de toma de decisiones. Para que Brasil marque un verdadero punto de inflexión, la sociedad civil debe posicionarse no como observadora, sino como coarquitecta de políticas y supervisión.
Lo que está en juego es mucho
La evidencia es inequívoca: los niños y niñas que reciben comidas escolares asisten a la escuela de manera más constante, logran un mayor rendimiento académico y tienen una salud notablemente mejor.
«Los niños y niñas que reciben comidas escolares asisten a la escuela de manera más constante, logran un mayor rendimiento académico y tienen una salud notablemente mejor»
Según el Informe sobre el Estado de la Alimentación Escolar en el Mundo del Programa Mundial de Alimentos, cada dólar invertido en comidas escolares puede generar hasta nueve dólares en beneficios económicos. Sin embargo, más de 100 millones de niños y niñas en países de ingresos bajos y medios llegan a la escuela con hambre, sin poder concentrarse, aprender ni prosperar.
Para millones de niñas, la barrera es aún mayor: muchas nunca llegan a un aula, y se ven obligadas a realizar trabajos domésticos, agrícolas o a quedarse en casa cuidando a sus hermanos o familiares mayores.
En las regiones afectadas por conflictos, la realidad es aún más cruda: la infancia tiene el doble de probabilidades de no asistir a la escuela que sus compañeros en contextos estables, y para las niñas, el riesgo es 2,5 veces mayor.
Debemos acabar con la percepción de que las comidas escolares son una intervención secundaria, un lujo. Son una inversión fundamental en capital humano, estabilidad social y crecimiento económico a largo plazo, y una de las herramientas más rentables que tenemos para romper los ciclos de pobreza y desigualdad.
«Más de 100 millones de niños y niñas en países de ingresos bajos y medios llegan a la escuela con hambre, sin poder concentrarse, aprender ni prosperar»
De la buena voluntad a la acción concreta
Cuando ministros, donantes y expertos se reúnan en Brasil, los comunicados de prensa serán impecables y las promesas, inspiradoras. Pero la verdadera prueba será lo que suceda a continuación: ¿Los gobiernos se comprometerán a financiar a largo plazo más allá de los ciclos electorales?, ¿aumentarán los donantes y los organismos multilaterales la inversión en cadenas de suministro locales y sostenibles? y ¿se integrará formalmente la sociedad civil en el diseño y seguimiento de políticas?
Como alguien que ha vivido el problema y trabaja diariamente para encontrar una solución, mi llamamiento a los líderes es simple: construyan sobre el progreso logrado hasta ahora dejando en Brasil una hoja de ruta clara y con plazos determinados para lograr comidas escolares universales, sostenibles y centradas en los niños y niñas, y el compromiso de convertir estos planes en resultados tangibles.
Esta cumbre tiene el potencial de ser un punto de inflexión histórico para los gobiernos, los donantes y los socios para el desarrollo; el llamamiento es claro: intensificar los esfuerzos, invertir decisivamente, integrar a la sociedad civil en cada etapa y obtener resultados tangibles. Porque detrás de cada estadística hay un niño o una niña como el hijo de mi vecina, cuya vida y futuro podrían haber sido completamente diferentes si hubiéramos actuado antes.








