Redacción
Un estudio de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátrica (Sehop), la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), en colaboración de cardiólogos y psicooncólogos, ve necesario disponer de registros epidemiológicos específicos de cáncer en adolescentes y supervivientes.
En estos términos se han referido desde Sehop la doctora Adela Cañete, su presidenta, y las doctoras Carmen Garrido y Maitane Andión, autoras del estudio que publica la revista Clinical and Translational Oncology (CTO), que pretende establecer pautas que reduzcan secuelas a largo plazo, mejoren la calidad de vida y fortalezcan la transición a la vida adulta de los supervivientes de cáncer entre los 15 y 39 años.
El trabajo de las sociedades científicas destaca que es necesario disponer de registros epidemiológicos de cáncer en adolescentes y supervivientes de entre 15 y 39 años
El cáncer en adolescentes y adultos jóvenes (Ayacs, por sus siglas en inglés) constituye un reto sanitario de creciente relevancia. Gracias a los avances terapéuticos, la supervivencia en este grupo de edad, definido entre los 15 y los 39 años, ha aumentado de forma sostenida. Sin embargo, estas personas se enfrentan a un horizonte marcado por secuelas físicas, psicológicas y sociales que pueden manifestarse años después del tratamiento.
Ante esta realidad, un grupo de expertos pertenecientes a seis sociedades científicas ha elaborado un documento de consenso que establece recomendaciones prácticas para mejorar su seguimiento, manejo y calidad de vida. Los especialistas señalan que los Ayacs tienen necesidades muy diferentes a las de los pacientes pediátricos y adultos. Durante la adolescencia y la juventud se desarrollan etapas críticas de crecimiento personal, académico, laboral y social.
El documento describe pautas que reduzcan secuelas a largo plazo, mejoren la calidad de vida y fortalezcan la transición a la vida adulta de los adolescentes supervivientes de cáncer
La aparición de toxicidades tardías, ya sean cardiovasculares, metabólicas, neurocognitivas, óseas o reproductivas, puede condicionar gravemente este proceso. A ello se suman los riesgos de segundas neoplasias y un mayor impacto en la salud mental y la integración social.
Desde la SEOM, el doctor José Alejandro Pérez-Fidalgo, autor principal del trabajo y oncólogo médico del Hospital Clínico Universitario de Valencia, insiste en que «los Ayacs constituyen una población especial de personas que, pese a haber superado su enfermedad oncológica, dado que han sido expuestos a múltiples tratamientos, pueden presentar comorbilidades y riesgo de toxicidades tardías. Debido a esta situación, necesitan un control específico».
«Hasta la fecha, existe una importante escasez de guías clínicas y estrategias interdisciplinares que ayuden y orienten a los profesionales a realizar un seguimiento apropiado. No existen apenas pautas sobre qué pruebas, cada cuánto tiempo y durante cuántos años se debe seguir a estos pacientes. Con la publicación de este documento de consenso, se ha dado un gran paso para establecer pautas que guíen a los profesionales», insiste.
Dr. Pérez-Fidalgo: «Dado que han sido expuestos a múltiples tratamientos, pueden presentar comorbilidades y riesgo de toxicidades tardías. Debido a esta situación, necesitan un control específico»
En opinión del doctor Francesc Xavier Díaz Carrasco, coordinador del Grupo de Trabajo del Niño y el Adolescente de Semergen, «el seguimiento de adolescentes y adultos jóvenes supervivientes de cáncer es un reto relevante en atención primaria, que resulta esencial para detectar toxicidades tardías e infradiagnosticadas».
Entre las recomendaciones que recoge el documento de consenso se encuentran la creación de equipos multidisciplinares que integren oncólogos médicos, radioterápicos y pediátricos, hematólogos, radiólogos, psicólogos, trabajadores sociales, dietistas, enfermería especializada y atención primaria.
Además, el documento aborda la necesidad de garantizar la transición fluida entre los servicios pediátricos y los de adultos, evitando la fragmentación asistencial; la entrega de un informe oncológico al alta hospitalaria, que incluya la historia de la enfermedad, tratamientos recibidos, calendario de revisiones, pruebas recomendadas y signos de alerta que deben motivar consulta inmediata; y la incorporación temprana de evaluaciones neuropsicológicas y apoyo en salud mental, que se prolongue a lo largo de la vida adulta.
Aborda la vigilancia específica de factores de riesgo cardiovascular, metabólico y óseo, así como programas de detección precoz de segundas neoplasias en estos adolescente y jóvenes que sobreviven al cáncer
Por otro lado, la vigilancia específica de factores de riesgo cardiovascular, metabólico y óseo, así como programas de detección precoz de segundas neoplasias; y la inclusión de educación sanitaria adaptada, que fomente estilos de vida saludables: dieta equilibrada, ejercicio físico regular, control de peso y tensión arterial, además de evitar el consumo de alcohol y tabaco.









