El edadismo en sanidad impacta en la relación médico-paciente y empeora resultados en salud

Expertas en gestión y asistencia sanitaria advierten que el sesgo por edad limita tratamientos, excluye talento y afecta a la calidad asistencial

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Fátima del Reino Iniesta
El edadismo no solo afecta a los equipos profesionales, sino que influye de forma directa en la relación médico-paciente y en los resultados en salud. Esta fue una de las principales conclusiones de la mesa Mujer, emprendimiento y edadismo en el sector salud del VI Foro Mujer y Liderazgo en Sanidad, un encuentroorganizado por el Hospital San Francisco de Asís,moderado por Juan Pablo Ramírez, director de iSanidad.

Para abrir el debate, primero intervino Cristina García Fernandez, jefa de Sección de Medicina Preventiva y Calidad en el Hospital Universitario Infanta Sofia, Médico Preventivista en el Hospital Universitario San Francisco de Asís y Hospital Ruber Internacional y profesora de Gestión Sanitaria en la Universidad Europea de Madrid. La especialista recordó que «el término edadismo nace en 1969 en Estados Unidos de la mano de un gerontólogo, que se da cuenta de que existen actuaciones diferentes en función de la edad». Además, explicó que el concepto tiene tres dimensiones. «Los estereotipos, que es lo que pienso sobre alguien por su edad, los prejuicios, cómo me siento ante una persona de otra edad, y la discriminación, el trato diferente por motivo de edad». Estas tres dimensiones, advirtió, están presentes en el ámbito sanitario.

El edadismo condiciona el acceso a tratamientos, la participación en ensayos clínicos y el desarrollo profesional de médicos sénior

Un ejemplo evidente es el acceso a determinados tratamientos. «Una mujer pasada una edad no tiene acceso en la sanidad pública a un tratamiento de fertilidad. Es cierto que vivimos en una sociedad con recursos limitados y hay que establecer criterios, pero eso es edadismo», detalló.

A este planteamiento se sumó Olga Ginés, gerente del Hospital Ruber Internacional de Madrid, quien señaló que las organizaciones sanitarias deben dejar de utilizar la edad como un filtro silencioso de legitimidad profesional. «La experiencia salva vidas y la innovación también. Lo importante es aprovechar ambas», defendió.

Susana Prados, jefa del Servicio de Gastroenterología y de la Unidad de Endoscopia en varios hospitales del grupo HM, añadió que el edadismo se percibe también en la comunicación con los pacientes. «Los buenos equipos trabajan de forma multidisciplinar y sin prejuicios de edad. No podemos caer en un trato paternalista hacia los mayores, ni pensar que la juventud implica inexperiencia por defecto».

Cristina Gracía también diferenció que el edadismo se puede expresar tanto de forma implícita, «a través de un trato paternalista hacia un paciente de 90 años, llamándole ‘abuelo’ o ‘abuela'», como de forma explícita, «al ofrecer tratamientos o diagnósticos distintos únicamente por la edad cronológica».

Un problema cultural con consecuencias clínicas

Lejos de ser un concepto teórico, los efectos del edadismo sobre la salud están bien documentados. Cristina recordó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef publicaron en 2021 un informe que alertaba de que uno de cada dos personas muestra actitudes edadistas en algún momento de su vida. Además, el problema es especialmente prevalente en grupos vulnerables. «Las mujeres, los países con menos recursos y las minorías sufren más el edadismo; y cuando se suman otras discriminaciones, la situación se agrava».

Un metaanálisis de más de 400 estudios revela que el 92% de los pacientes edadistas presentan peores indicadores de salud

Para Belén Torrijos, adjunta a la dirección financiera adjunta y responsable de Costes y Control Presupuestario de la Fundación Jiménez Díaz y líder del Foro Salud y Farma de la asociación EJE&CON, esta realidad no solo es un problema social, sino también económico. «Estudios como el de Becca Levy en Yale cuantifican el coste del edadismo en 64.000 millones de dólares. Desaprovechar el talento senior es un lujo que la sanidad no puede permitirse».

Las consecuencias clínicas son contundentes. «Un metaanálisis de más de 400 estudios demuestra que el 92% de los pacientes que sufren edadismo tienen peores indicadores de salud: mayor mortalidad, mayor morbilidad, peor recuperación funcional, más problemas de salud mental y deterioro cognitivo», señaló Cristina.

Susana Prados añadió que parte del problema radica en la exclusión de pacientes mayores de los ensayos clínicos. «Muchas veces no se investiga en población senior, y eso provoca que la eficacia y seguridad de los fármacos no esté bien estudiada en este grupo».

Cómo combatir el sesgo por edad en sanidad

Las participantes coincidieron en que la lucha contra el edadismo debe apoyarse en tres pilares fundamentales. Primero, la normativa y la regulación, revisando leyes y criterios que puedan excluir a pacientes o profesionales únicamente por su edad. En segundo lugar, la educación y la formación, un ámbito todavía insuficiente. «En los planes universitarios parece lógico tener pediatría, pero no siempre hay asignaturas de geriatría», señaló Cristina. Y, por último, la convivencia generacional, que implica aprovechar la diversidad de edades en los equipos y fomentar el aprendizaje mutuo. «Lo que aporta un médico de 50 años no es lo mismo que lo que aporta uno de 35, pero ambos son complementarios», recalcó Olga Ginés.

La formación en geriatría, la regulación y la convivencia intergeneracional son claves para combatir este sesgo

Belén Torrijos apuntó que iniciativas como el currículum ciego y los programas de mentoría cruzada son clave para impulsar la diversidad de edades en los equipos. «No tiene sentido que un profesional con décadas de experiencia pierda oportunidades solo por haber cumplido cierta edad».

Asimismo, Susana Prados reforzó la importancia de mantener el talento senior en un contexto de déficit de profesionales. «La sanidad no puede permitirse perder décadas de conocimiento. Los equipos intergeneracionales son más sólidos y seguros para el paciente».

Para las expertas, el mayor desafío no es técnico, sino cultural. «El edadismo en sanidad no es un problema estructural, sino cultural. Debemos dejar de ver a las generaciones como competidoras y entender que son eslabones complementarios», concluyó Cristina.

Con una población cada vez más envejecida y un 27% de médicos colegiados en España mayores de 65 años, abordar el edadismo se ha convertido en una urgencia. Mejorar la formación, adaptar las políticas y promover equipos diversos puede marcar la diferencia en la calidad asistencial y en la salud de los pacientes.

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