“El edadismo en vejiga hiperactiva favorece el infradiagnóstico en lugar de ofrecer un manejo activo»

Dres. Ernesto Martínez Estrada y Rubén Villa Estébanez, integrantes del grupo de trabajo de Nefrourología de la Semfyc

Juan León García
Objetivo, evitar la “resignación” que produce el síndrome de vejiga hiperactiva. Los profesionales de atención primaria reivindican, por esta razón, que prevalezca un “manejo proactivo, personalizado y coordinado” de esta condición que afecta hasta al 12% de la población adulta, si bien es más común en mujeres.

Asimismo, los Dres. Ernesto Martínez Estrada y Rubén Villa Estébanez, especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud La Calzada II (Gijón) y el Centro de Salud Grado-Candamo del Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa), respectivamente, además de profesores asociados en el Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo y miembros del Grupo de Trabajo de Nefrourología de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), destacan que la vejiga hiperactiva no es “solo un problema urinario, sino un trastorno con gran impacto psicosocial”.

Para profundizar en el conocimiento sobre ello, firman un documento como parte del ciclo de formaciones APDay 2025 para ofrecer a cada paciente “herramientas eficaces y seguras para recuperar calidad de vida”.

Destacan la importancia de un enfoque personalizado en el tratamiento del síndrome de vejiga hiperactiva. ¿Qué líneas principales debería tener este abordaje?
La vejiga hiperactiva no admite un protocolo rígido. Requiere integrar anamnesis, preferencias y expectativas del paciente en un proceso de decisión compartida. El abordaje debería incluir tres ejes: las medidas no farmacológicas, aplicando cambios en el estilo de vida, reeducación vesical y entrenamiento del suelo pélvico. También individualizar el tratamiento farmacológico, eligiendo entre antimuscarínicos o agonistas beta-3 según perfil clínico, comorbilidades y tolerancia.

“La vejiga hiperactiva requiere integrar anamnesis, preferencias y expectativas del paciente en un proceso de decisión compartida”

Sin olvidar que se ha de realizar un escalonamiento flexible, con una transición de terapias mínimamente invasivas como la estimulación tibial posterior a otras del entorno de atención hospitalaria (toxina botulínica, o neuromodulación sacra) cuando el tratamiento inicial no es eficaz o no se tolera.

En este sentido, parece importante tener en cuenta la diferencia de género en la proporción que afecta a mujeres respecto a hombres (2:1) pero ¿por qué la VH (con o sin IU) no se debe descartar tampoco en hombres?
Aunque es más prevalente en mujeres, la vejiga hiperactiva es también una causa frecuente de síntomas de llenado en varones, especialmente a partir de los 50 o 60 años. A menudo se atribuyen los síntomas urinarios en el hombre únicamente a hiperplasia prostática, pero cuando predominan la urgencia y la frecuencia miccional, la vejiga hiperactiva es la etiología más probable y debe incluirse en el diagnóstico diferencial.

¿Qué repercusiones tiene este síndrome para la calidad de vida de los pacientes y qué tratamientos no farmacológicos recomiendan desde primaria para reducir el impacto en el día a día?
Los síntomas afectan al bienestar físico, psicológico y social: mayor riesgo de depresión y ansiedad, limitación de la vida laboral y social, disfunción sexual y, en personas mayores, más caídas y fracturas.

Desde atención primaria se recomiendan medidas con fuerte evidencia. Entre estas, la reeducación vesical con micciones programadas a partir del diario miccional; entrenamiento intensivo del suelo pélvico; reducción de cafeína, alcohol y tabaco; pérdida de peso en personas con obesidad y poner en marcha estrategias de micción motivada en pacientes con deterioro cognitivo.

“A menudo se atribuyen los síntomas urinarios en el hombre únicamente a hiperplasia prostática. Si predominan urgencia y frecuencia miccional, la vejiga hiperactiva es la etiología más probable”

A su vez, existen terapias como los agonistas beta-3-adrenérgicos (mirabegrón). ¿En qué casos deben de indicarse y qué seguimiento hay que realizar en quienes los toman? ¿Qué nivel de adherencia ofrecen?
El mirabegrón y el recientemente aprobado vibegrón son alternativas de primera línea, especialmente útiles en pacientes que no toleran antimuscarínicos o presentan riesgo de deterioro cognitivo. Relajan el músculo vesical, reducen urgencia y frecuencia y muestran un perfil de seguridad superior, aunque pueden elevar mínimamente la tensión arterial y deben evitarse en hipertensión arterial no controlada.

El seguimiento inicial debe hacerse a las 4 u 8 semanas para valorar eficacia y efectos adversos. En cuanto a adherencia, las tasas de persistencia son algo mejores que con antimuscarínicos, aunque persiste un abandono significativo en los primeros meses; por ello, es clave un diagnóstico certero, entender la enfermedad y la revisión periódica.

¿Cuándo derivar al segundo nivel asistencial y cómo valoran la coordinación que existe actualmente entre primaria y hospitalaria?
Se recomienda derivar cuando los síntomas no mejoran con medidas conservadoras y farmacológicas, cuando aparecen complicaciones (hematuria, residuo posmiccional elevado, sospecha de patología estructural) o si el paciente requiere terapias invasivas.

“Mirabegrón y vibegrón son alternativas de primera línea, especialmente útiles en pacientes que no toleran antimuscarínicos o presentan riesgo de deterioro cognitivo”

La coordinación es desigual: en algunos lugares la comunicación con Urología y Fisioterapia permite un abordaje integral, pero en otros la fragmentación dificulta el seguimiento. Fortalecer los circuitos de derivación y la retroalimentación entre niveles es clave para optimizar resultados.

¿Dirían que hay cierto edadismo con respecto a este síndrome, como si fuera algo normal de los mayores? ¿Qué importancia tiene la educación sanitaria desde las consultas de atención primaria en este sentido?
Sí, existe una tendencia a banalizar la vejiga hiperactiva en mayores, considerándola parte del proceso “normal” del envejecimiento. Este edadismo favorece el infra diagnóstico y el uso exclusivo de absorbentes, en lugar de ofrecer un manejo activo. Desde las consultas de primaria, la educación sanitaria es esencial: visibilizar el problema, desestigmatizarlo, explicar opciones terapéuticas y reforzar la adherencia, todo ello contribuye a mejorar la calidad de vida y a reducir complicaciones.


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