Redacción
Hablamos con el doctor Alejandro Pérez-Fidalgo, oncólogo en el Hospital Clínico Universitario de Valencia, sobre el cáncer de ovario, una enfermedad que, con más de 3.700 nuevos casos previstos en 2025, continúa siendo una de las principales causas de mortalidad por cáncer ginecológico en España. A pesar de los avances clínicos, persisten importantes retos como la detección tardía y la alta tasa de recaída.
El cáncer de ovario es el 10º cáncer en incidencia en la población femenina en España. A pesar de que en los últimos años se han producido avances en el abordaje de la enfermedad, este tipo de cáncer provocó alrededor de 2.193 fallecimientos en 2023, siendo la primera causa de muerte por tumor ginecológico en nuestro país.
“Se trata de un tumor que suele ser agresivo”, explica el doctor Pérez-Fidalgo. “Si se diagnostica en etapas tempranas (estadio I) su supervivencia a los 5 años supera el 90%, pero según va aumentando el estadio va cayendo mucho, situándose la supervivencia global en torno al 50%”.
Tal y como señala, el diagnóstico temprano del cáncer de ovario sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes. “Se trata de una enfermedad que, en sus fases iniciales, cursa con síntomas inespecíficos, lo que dificulta su detección temprana”. De hecho, entre el 70 % y el 80 % de los casos se diagnostican en estadios avanzados, lo que empeora significativamente el pronóstico.
“Sería fundamental poder identificar la enfermedad en fases tempranas, pero todavía queda mucho por investigar en este ámbito. A día de hoy, no parece que una única técnica diagnóstica vaya a ofrecer una solución definitiva. Tal vez, en el futuro, la detección en sangre de alteraciones genómicas permita anticiparse de forma fiable al desarrollo de la enfermedad, pero por el momento esta no es una estrategia viable a corto plazo”, concluye.
El diagnóstico temprano, el abordaje personalizado o la formación de equipos multidisciplinares son algunos retos existentes en cáncer de ovario
La mayoría de las pacientes se diagnostican en estadios avanzados de la enfermedad y, por lo general, se someten a cirugía seguida de quimioterapia basada en platino, y en muchos casos de terapias de mantenimiento. Sin embargo, muchas de ellas eventualmente recaen y terminan desarrollando resistencia a los fármacos basados en platino, lo que dificulta el tratamiento. Por este motivo, los profesionales hacen hincapié en la necesidad de seguir investigando para poder ofrecer nuevas opciones para estas pacientes que sufren recaídas o son resistentes a los tratamientos.
Y es que, a pesar de las mejoras en los resultados del tratamiento de primera línea, aproximadamente entre el 50-90% de las mujeres sufren una recaída en los 5 años posteriores al diagnóstico. “Cuando la paciente tiene una recaída el manejo es complejo, sobre todo cuando es resistente al platino, es decir, cuando recae en menos de seis meses después de haberle administrado un tratamiento con platino o cuando consideramos que ya no es una opción terapéutica. En estos casos las opciones son más limitadas, y hay una alta necesidad no cubierta”.
Aproximadamente entre el 50-90% de las mujeres sufren una recaída en los 5 años posteriores al diagnóstico
A pesar de que recientes estudios clínicos han mostrado resultados alentadores que podrían cambiar el paradigma terapéutico en el corto y medio plazo, el doctor Pérez-Fidalgo subraya la necesidad de seguir avanzando en líneas como la medicina de precisión, con el objetivo de lograr un diagnóstico y tratamiento cada vez más personalizados.
Además, recalca la importancia de trabajar en entornos multidisciplinares: “Es imprescindible la colaboración entre especialistas, ya que cada uno aporta un nivel de experiencia complementario. La cirugía constituye un pilar esencial, por lo que, junto al oncólogo, es imprescindible contar con ginecólogos y cirujanos expertos. Al mismo tiempo, el diagnóstico representa un desafío relevante, por lo que la intervención de patólogos especializados y profesionales en radiología resulta igualmente crítica”. Como explica, esta visión integral permite una toma de decisiones más precisa y adaptada al perfil biológico de cada paciente.
El doctor insiste en la importancia de continuar trabajando para mejorar el abordaje de todas las pacientes. Como explica, para las mujeres que han recibido una primera línea de tratamiento existen terapias de mantenimiento como los inhibidores PARP en monoterapia o combinados con un antiangiogénico, pero existen necesidades para las pacientes que no responden a estos tratamientos. “Actualmente se están estudiando diferentes abordajes terapéuticos para estas y otras pacientes”.
Por último, el doctor subraya “la importancia de ampliar el conocimiento en torno a este tipo de cáncer, aún poco reconocido por la población general”. Concluye que dar visibilidad a sus retos y particularidades resulta clave para impulsar la investigación, acortar los tiempos de diagnóstico y promover una mayor sensibilización tanto entre los profesionales sanitarios como en el ámbito institucional.
“La importancia de ampliar el conocimiento en torno a este tipo de cáncer, aún poco reconocido por la población general”
«Por ello resulta especialmente importante facilitar un rápido acceso a nuevos fármacos, así como el desarrollo de nuevos biomarcadores que puedan predecir la respuesta a las terapias y establecer tratamientos más personalizados». Sin lugar a dudas, para transformar el impacto de esta enfermedad, es imprescindible continuar avanzando en la investigación, acompañar a las pacientes y educar y sensibilizar a la población para dar más visibilidad a este tipo de cáncer.
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