Pablo Malo Segura
La Dra. Elena Garralda, jefa del Grupo de Desarrollo Clínico Precoz de Fármacos del Vall d’Hebron Institute of Oncology (VHIO) y directora de la Unidad de Investigación de Terapia Molecular del Cáncer UITM-CaixaResearch, destaca el papel transformador de los ensayos clínicos en fase temprana para el futuro de la oncología. Estos estudios ya no se limitan a evaluar seguridad, sino que integran biomarcadores y definen estrategias de medicina personalizada. En una entrevista con iSanidad señala que la investigación en ADN tumoral circulante, inmunoterapia y terapias celulares abre nuevas posibilidades frente a tumores resistentes. La combinación de innovación científica, inversión y colaboración internacional será clave para acelerar el acceso a fármacos eficaces.
¿Por qué es tan importante el desarrollo de nuevos fármacos en oncología?
A pesar de los avances en la comprensión del cáncer, aún queda mucho por descubrir. Los ensayos clínicos, especialmente en fase precoz, son fundamentales porque introducen innovación directamente a los pacientes. Es fundamental tener una mayor inversión y producción de estos ensayos porque van a transformar el futuro de la oncología.
¿Cuál es el papel de los ensayos clínicos en fase temprana en el cáncer?
Tradicionalmente, los ensayos clínicos en fase I evaluaban la seguridad de un fármaco y determinaban la dosis óptima. Sin embargo, en la última década el papel de los ensayos clínicos en fase I se ha transformado y, además de definir el perfil de seguridad del fármaco, estos estudios se centran en identificar biomarcadores para determinar qué pacientes se beneficiarán más de un tratamiento. Los ensayos clínicos en fase I son cada vez más relevantes en la aprobación de fármacos, con algunos tratamientos que se han aprobado directamente desde esta fase.

El estudio de la biología del tumor permite identificar las vulnerabilidades específicas de un tumor. Con esta información, podemos diseñar terapias personalizadas dirigidas a vías de señalización molecular críticas de un tumor concreto. Es fundamental realizar un análisis molecular del tumor, que ofrece información sobre las alteraciones moleculares y permite atacar mejor al tumor, para realizar una verdadera medicina de precisión.
«Los ensayos clínicos en fase I son cada vez más relevantes en la aprobación de fármacos, con algunos tratamientos que se han aprobado directamente desde esta fase»
¿Cómo influye el ADN circulante a la hora de seleccionar la mejor terapia anticancerosa?
El ADN tumoral circulante, presente en la sangre, ofrece múltiples aplicaciones en oncología. Realizar el análisis molecular evita biopsias y proporciona una visión más global del tumor, abordando su heterogeneidad. Además, permite monitorizar de manera transversal en tiempo real cómo evoluciona el tumor y si un tratamiento está funcionando.
Se está investigando para comprobar si la disminución del volumen tumoral también se vería reflejada en una disminución del ADN circulante y, de esta forma, predecir de manera más temprana si los tratamientos están funcionando. El ADN circulante también se está estudiando en el diagnóstico precoz y la detección de recaídas. Sus aplicaciones son increíbles y abarcan todo el espectro del tratamiento oncológico.
«El ADN tumoral circulante ofrece aplicaciones increíbles, desde monitorizar la respuesta hasta la detección de recaídas»

Aunque los inhibidores de puntos de control revolucionaron la inmunoterapia, solo benefician a un 20-30% de los pacientes. Actualmente, se investigan otras estrategias como los anticuerpos biespecíficos, que atraen linfocitos hacia el tumor, y las terapias celulares, que manipulan células del propio paciente para combatir el cáncer. Estas últimas han mostrado gran éxito en tumores hematológicos y comienzan a aplicarse en tumores sólidos.
¿Qué líneas de investigación actuales ofrecen un mayor potencial en terapia molecular y desarrollo de fármacos oncológicos?
Además de la inmunoterapia y las terapias celulares, destacan los inmunoconjugados, que combinan quimioterapia con anticuerpos para liberar el tratamiento solo en las células tumorales. También se investigan los degradadores de proteínas y tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, que ayudará en la búsqueda de biomarcadores.
¿Cuáles son las principales carencias del sistema de ciencia en España?
España es un referente en investigación clínica oncológica gracias a su entorno regulatorio y profesionales cualificados. Sin embargo, debemos fortalecer la ciencia básica y traslacional para garantizar un progreso sostenible. También es esencial motivar a las nuevas generaciones y valorar la ciencia como sociedad.
¿Qué podemos aprender de otros países?
La financiación es un aspecto clave. Además, debemos fomentar la colaboración entre instituciones y contar con un marco regulatorio que permita avanzar de forma ágil y segura. Es fundamental que la sociedad comprenda el impacto de la investigación científica y la valore adecuadamente.









