Dra. María Madariaga. Presidente de Sociedad Española del Dolor
El 15 de octubre de 2025 celebraremos el Día Europeo de Concienciación sobre el Dolor, con el lema Prevención contra el dolor crónico. El dolor crónico, definido como aquel que dura más de tres meses, afecta a 1 de cada 5 adultos en nuestro país y de manera similar en el resto de Europa, lo que lo convierte en el problema crónico de salud más prevalente en el continente.
El dolor crónico se define como aquel que dura más de tres meses
El dolor crónico afecta a todos los grupos de edad e incluye dolor musculoesquelético, cefaleas, dolor posquirúrgico y dolor neuropático. Su impacto es profundo y multidimensional: limita gravemente la calidad de vida, determina la aparición de comorbilidades como ansiedad y depresión y contribuye a una mortalidad evitable. En España se estima que nueve millones de personas adultas sufren dolor crónico, lo que supone un coste económico equivalente al 2,5% del PIB.
En cuanto a la perdida de bienestar individual, un estudio reciente la ha cuantificado en un valor anual medio per cápita en dolor crónico moderado de 18.900 euros y en dolor crónico intenso de 47.900 euros anuales. En términos de carga social y humana, la población española con dolor crónico equivale al 32,8% del PIB de España de 2023.
Además, el dolor crónico también incrementa la brecha de desigualdades sanitarias y sociales: el dolor crónico es más frecuente en mujeres, personas mayores y grupos socioeconómicamente desfavorecidos, pero sorpresivamente sigue estando prácticamente ausente de las estrategias sanitarias nacionales, se aborda de forma insuficiente en la formación sanitaria y es prácticamente invisible en las políticas de prevención.
Por qué la prevención es urgente y posible
A pesar de la magnitud del problema, el dolor crónico se puede prevenir en gran medida, pero desgraciadamente, no parece que estemos aprovechando esta oportunidad.
La prevención en este campo significa identificar y abordar los factores de riesgo modificables que aumentan la probabilidad de que el dolor agudo se convierta en crónico e incapacitante. Entre ellos se incluyen la escasa actividad física, la falta de sueño, el estrés y la depresión, el miedo al dolor, la falta de apoyo en el lugar de trabajo y las barreras de acceso a una atención sanitaria temprana.
A pesar de la magnitud del problema, el dolor crónico se puede prevenir en gran medida, pero desgraciadamente, no parece que estemos aprovechando esta oportunidad
Las recomendaciones estratégicas de la EFIC y de la SED como su capítulo español para revertir la creciente carga del dolor crónico podemos resumirlas en las siguientes:
- Poner en marcha campañas de sensibilización pública para mejorar la comprensión del dolor, combatir el estigma y promover la búsqueda temprana de ayuda.
- Promover programas estructurados de formación en actividad física en los entornos sanitario, educativo y laboral.
- Garantizar el acceso temprano a la rehabilitación biopsicosocial para las personas con riesgo de cronicidad.
- Establecer normas de atención basadas en la evidencia para reducir los tratamientos ineficaces o perjudiciales.
- Reforzar los sistemas de atención primaria para permitir el diagnóstico precoz y la coordinación de la atención sanitaria.
- Apoyar políticas de empleo inclusivas que faciliten la retención del empleo y la reincorporación al trabajo.
- Invertir en investigación sobre prevención, infraestructura de datos y estrategias de implementación.
El dolor crónico se puede y debe prevenir
El dolor crónico se puede y debe prevenir. Implementando las estrategias adecuadas, podemos aliviar el dolor antes de que se convierta en crónico e incapacitante.
Responsables políticos, pacientes y asociaciones, profesionales y sociedades científicas: todos podemos trabajar juntos para evitar el dolor de mañana. Si podemos prevenir el dolor, construiremos una sociedad más saludable, inclusiva y solidaria. Está en nuestra mano cambiar el futuro para muchas personas en nuestro país.








