J.P.R.
La Ley General de Sanidad cumple 40 años y SEDISA ha querido poner en valor el papel del directivo de la salud en estas cuatro décadas. En un acto celebrado en el Congreso de los Diputados, profesionales, decisores y pacientes han repasado los logros de la norma y las reformas necesarias para avanzar en la transformación del sistema. La profesionalización de la gestión destaca como principal demanda. En un contexto de creciente complejidad y tensión para el Sistema Nacional de Salud (SNS), el mensaje ha sido claro: sin directivos profesionalizados no hay sostenibilidad, ni calidad, ni transformación posible.
José Félix Lobo, catedrático emérito de Economía de la Universidad Carlos III y uno de los expertos que participó en el borrador técnico de la ley en los años 80, destacó los “grandes méritos” de una norma que permitió la universalización de la atención sanitaria y la financiación a través de impuestos, dos pilares que definió como “el verdadero genoma del sistema”. Recordó que España ocupa hoy el noveno puesto mundial en indicadores de salud, pero advirtió de que el sistema “está en una situación comprometida, con mal pronóstico si no se hacen cambios profundos”, especialmente en materia de gestión de personal y autonomía de los centros.
En el 40 aniversario de la Ley General de Sanidad, SEDISA advierte que sin directivos profesionalizados no hay sostenibilidad, ni calidad, ni transformación posible
Desde SEDISA, el presidente de su Consejo Asesor, Mariano Guerrero, reconoció que la participación de corporaciones locales y ciudadanos “sigue poco desarrollada”, pero defendió que “la gestión sanitaria se ha consolidado como una profesión en sí misma, comprometida con la eficiencia y los resultados”. En la misma línea, Joaquín Estévez, presidente de la Fundación SEDISA, subrayó que la Ley General de Sanidad fue “un punto de inflexión que transformó al gestor sanitario administrativo en un líder del cambio”. En su opinión, los nuevos desafíos —digitalización, inteligencia artificial, modelos asistenciales basados en valor o gestión del talento— requieren “líderes transformacionales, capaces de anticipar cambios y tomar decisiones basadas en evidencias”.
La vicepresidenta primera de la sociedad, Dulce Ramírez, insistió en que la misión de SEDISA es “gestionar el cambio para que el SNS siga siendo eficiente y con calidad asistencial”, algo que solo puede lograrse “con directivos formados y certificados”. Presentó el Proyecto de Desarrollo Profesional Continuado (DPC SEDISA), un sistema de certificación que evalúa de forma objetiva las competencias de los directivos sanitarios, y que la organización considera clave ante el problema del relevo generacional. “El desarrollo de competencias es un compromiso con uno mismo y con la sociedad”, explicó.
El catedrático José Félix Lobo destacó los “grandes méritos” de una norma que permitió la universalización de la atención sanitaria y la financiación a través de impuestos
Para Rafael López Iglesias, miembro del Comité de Profesionalización, el directivo profesionalizado aporta valor al sistema, “porque garantiza equidad, sostenibilidad y motivación entre los profesionales”. Sin embargo, lamentó que “la figura del directivo de la salud sigue siendo desconocida y poco reconocida socialmente, a menudo sujeta a decisiones políticas”.
El acto contó también con la visión de pacientes y sociedades científicas. Tomás Castillo, vicepresidente de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, recordó que la transformación del sistema “solo será posible si trabajamos juntos, pacientes y directivos”, reclamando una sanidad “más coordinada, predictiva y menos burocrática”. Por su parte, Cristina Avendaño, presidenta de la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), abogó por “institucionalizar la participación de las sociedades científicas en los procesos de gobernanza sanitaria”, dado que “su conocimiento científico y técnico es esencial para acertar en las decisiones de gestión”.
Finalmente, Candela Calle, vicepresidenta segunda de SEDISA, subrayó que universalidad e innovación “deben ir de la mano de la sostenibilidad”, y que esta se articula en torno a cuatro ejes: buen gobierno, profesionales, pacientes e innovación. “Solo con liderazgo transformacional y trabajo conjunto podremos garantizar un sistema sanitario más humano, sostenible y orientado a resultados”, afirmó.







