Fátima del Reino Iniesta
Gabriela Vázquez Vegas (Fotografías)
La diabetes tipo 1 está dejando de ser una enfermedad que solo se diagnostica cuando aparecen los síntomas. Endocrinólogos y pediatras coincidieron, en una mesa de expertos organizada por iSanidad con el apoyo de Sanofi, en que la detección temprana marca un antes y un después en el manejo de esta patología autoinmune. Identificar a las personas en fases presintomáticas abre una ventana para preservar la función pancreática e intervenir con tratamientos que podrían actuar antes de que se produzca un daño irreversible.

«El hecho de conocer mejor la historia natural de la enfermedad nos ha permitido cambiar la estrategia clínica. Sabemos que la diabetes comienza mucho antes del debut sintomático, y esa comprensión transforma la forma de actuar», explicó la Dra. Virginia Bellido, endocrinóloga en el Hospital Virgen del Rocío (Sevilla). Para la especialista, este conocimiento no solo sirve para diagnosticar antes, sino también para intervenir en factores de riesgo metabólico que pueden acelerar la progresión. «Podemos actuar sobre obesidad, dieta y actividad física para intentar retrasar la aparición de la fase clínica», detalló.
«El hecho de conocer mejor la historia natural de la enfermedad nos ha permitido cambiar la estrategia clínica», explicó la Dra. Bellido
La Dra. Sharona Azriel, endocrinóloga en el Hospital Universitario Infanta Sofía (Madrid), subrayó que este cambio de visión supone abordar la enfermedad de manera proactiva. «Durante décadas nos hemos centrado en sustituir la insulina que el páncreas deja de producir. Ahora, poder actuar antes de que aparezca la clínica de la hiperglucemia por lo que nos sitúa en una etapa distinta, con posibilidades reales de modificar la evolución».
La Dra. Azriel insistió en que el reto no es solo clínico, sino también educativo. «Es fundamental que desde la consulta expliquemos a los pacientes qué es la autoinmunidad, qué fases tiene la diabetes y qué riesgo pueden tener sus familiares. Esa información cambia la percepción y favorece la prevención», destacó.
«Poder actuar antes de la aparición de la fase clínica de la hiperglucemia nos sitúa en una etapa distinta, con posibilidades reales de modificar la evolución», destacó la Dra. Azriel
Impacto en la evolución clínica y emocional de los pacientes
Los especialistas coinciden en que diagnosticar la diabetes tipo 1 antes de los síntomas cambia la trayectoria de la enfermedad. «Cuando llegamos a tiempo, conseguimos preservar parte de la secreción de insulina y esto se traduce en un mejor control glucémico a medio y largo plazo», afirmó la Dra. Bellido. Mantener esa reserva pancreática inicial significa menos complicaciones futuras y una evolución más estable.
Desde la perspectiva del paciente y su entorno, el diagnóstico temprano también reduce el impacto emocional. «Cuando el debut se produce sin una crisis aguda, las familias tienen margen para comprender la enfermedad y formarse en su manejo. No es lo mismo recibir la noticia en medio de una urgencia que poder adaptarse progresivamente», explicó la Dra. Azriel.

La Dra. Nerea Itza, endocrinóloga pediátrica en el Hospital Universitario La Paz (Madrid), añadió que las nuevas herramientas diagnósticas son clave para este cambio. «Hoy podemos identificar marcadores inmunológicos y alteraciones glicémicas mínimas antes de que aparezcan síntomas. Esto permite un seguimiento estrecho y una educación más pausada para las familias».
«Hoy podemos identificar marcadores inmunológicos y alteraciones glicémicas mínimas antes de que aparezcan síntomas», añadió la Dra. Itza
Aunque los programas de cribado poblacional todavía están en fase de estudio, España ya cuenta con un consenso entre las principales sociedades científicas, la Sociedad Española de Diabetes (SED), la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP) y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), que define cómo detectar y seguir a las personas con riesgo de desarrollar la enfermedad especialmente en familiares de primer grado.

«El documento ayuda a que todos los profesionales trabajemos con criterios homogéneos y adaptados a nuestro sistema sanitario. Nos da seguridad a la hora de decidir qué pruebas realizar y cómo acompañar a quienes están en fases tempranas», señaló la Dra. Itza. En este sentido, la Dra. Azriel destacó que este consenso supone un avance frente a la heterogeneidad previa. «Hasta ahora cada hospital aplicaba protocolos distintos. Tener una guía común es clave para que el acceso sea equitativo y no dependa del lugar donde viva el paciente».
Más allá de la insulina
El gran valor de detectar la enfermedad de forma temprana está en preparar el terreno para un tratamiento preventivo y más personalizado. «Estamos pasando de un modelo puramente sustitutivo con insulina a estrategias que buscan actuar sobre la causa autoinmune y preservar la función pancreática el mayor tiempo posible», explicó la Dra. Bellido.
La Dra. Nerea Itza subrayó que la investigación se dirige hacia inmunomodulación y terapias celulares. «Se están desarrollando enfoques que actúan en las fases iniciales, cuando aún quedan células beta funcionales. El objetivo es ralentizar la progresión y mantener una diabetes más estable, con menos complicaciones a largo plazo».
«Necesitamos identificar a las personas antes de que la enfermedad sea clínica», subrayó el Dr. Castaño.

Para el Dr. Luis Castaño, pediatra endocrinólogo en el Hospital Universitario de Cruces (Barakaldo, Bizkaia), catedrático de la UPV/EHU, e investigador del Ciberdem, el futuro será también personalizado. «Como en otras enfermedades crónicas, probablemente combinaremos distintas estrategias según el perfil del paciente y el momento evolutivo de su diabetes. Para eso necesitamos identificar a las personas antes de que la enfermedad sea clínica», subrayó el Dr. Castaño.
La Dra. Azriel añadió que no se trata solo de nuevas moléculas. «La tecnología seguirá siendo fundamental, como, por ejemplo, sensores, sistemas de infusión automatizada, pero el gran salto es poder usarlas junto a terapias que modifiquen la enfermedad desde el principio».
Una mirada a largo plazo: educar y prepara el sistema sanitario
Los expertos coincidieron en que el éxito de la detección precoz depende tanto de la ciencia como de la organización sanitaria y la educación. «Debemos aprender de otras enfermedades autoinmunes, como la celiaquía, donde ya se estudia sistemáticamente a los familiares de primer grado. La diabetes tipo 1 debe seguir un camino similar», defendió la Dra. Azriel.
La Dra. Bellido subrayó que la detección temprana no solo mejora resultados clínicos, si no que «permite planificar recursos, reducir complicaciones y preparar al sistema para incorporar nuevas terapias de forma eficiente».
El Dr. Luis Castaño añadió que este momento es clave para organizar la información y anticipar el futuro. «Estamos en un punto idóneo para construir registros nacionales de incidencia y seguimiento de la diabetes tipo 1. Conocer bien a quién y cuándo diagnosticar es esencial para planificar recursos y preparar la llegada de nuevas terapias».
Además, el Dr. Castaño destacó que España cuenta con una ventaja estructural. «Nuestro sistema público y el seguimiento pediátrico universal son una base idónea para implementar estrategias preventivas de forma progresiva y controlada», finalizó.









