Redacción
Un estudio realizado por el IIS Biogipuzkoa, la Universidad de Zaragoza y el Centro de Investigaciones Biomédicas en Red (Ciber) demuestra que el ejercicio físico permite recuperar fuerza y autonomía a las personas de 100 años o más, lo que supone una mejora en la calidad de vida.
Los resultados de esta investigación se reflejan en la vida diaria: «Ya bebo agua, porque ahora puedo ir yo solo al baño», destacó un hombre de 103 años que ya no necesita asistencia por la noche para ir al baño. Por otro lado, una mujer de 102 años que al inicio estaba en silla de ruedas recuperó la fuerza suficiente para levantarse y sentarse sin ayuda.
Para la realización de este estudio, publicado en Journal of Cachexia, Sarcopenia and Muscle, se contó con 19 personas mayores de 100 años, que se dividieron en dos grupos: 12 de ellos completaron el programa de entrenamiento y el resto formaron parte del grupo de control.
«Es necesario señalar lo complicado que resultó alcanzar el número de personas necesarias para el estudio», indica el Dr. Matheu
«Teniendo en cuenta que de cada 100 000 habitantes, solo 11 personas tienen 100 años o más 100 años, es necesario señalar lo complicado que resultó alcanzar el número de personas necesarias para el estudio«, indica el Dr. Ander Matheu, responsable del Área de Envejecimiento del IIS Biogipuzkoa del Departamento de Salud del Gobierno Vasco y Osakidetza.
Durante tres meses, los participantes realizaron un programa de entrenamiento de fuerza con pesas y su propio peso corporal, dos veces por semana, empezando con sesiones de 20 minutos y llegando hasta los 40-45 minutos. El grupo que realizó la intervención mejoró significativamente en todas las escalas de fragilidad y capacidad funcional. «Este estudio confirma que la capacidad funcional se puede mantener y mejorar con ejercicio físico incluso en las edades más avanzadas», señala el Dr. Matheu.
«Este estudio confirma que la capacidad funcional se puede mantener y mejorar con ejercicio físico incluso en las edades más avanzadas», señala el Dr. Matheu
«Nunca es tarde para comenzar a entrenar. Hemos demostrado en este estudio que el ejercicio te cambia la vida incluso a estas edades tan avanzadas. Aunque no podemos afirmar que que les alargue de vida, sí se mejora la calidad de vida: autonomía, seguridad y bienestar«, ha añadido la Dra. Nuria Garatachea, profesora titular en la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte y miembro del grupo Exer-Genud de la Universidad de Zaragoza.
Además del impacto funcional también se analizaron muestras de sangre para evaluar biomarcadores asociados a la fragilidad. Los resultados demostraron mejoras en la expresión de algunos marcadores clave, así como en citocinas inflamatorias. «Estos cambios se correlacionaron con la mejora funcional, confirmando que el ejercicio no solo fortalece músculos, sino que también modula procesos biológicos vinculados al envejecimiento y la fragilidad», explica el Dr. Matheu.








