Gema Maldonado Cantero
Fotos: Ana Fernández Agüero
Las neoplasias hematológicas van ligadas en la mayoría de los casos al envejecimiento. La edad mediana de diagnóstico de los cánceres de la sangre se sitúa en torno a los 65 años, con las excepciones del linfoma Hodgkin, más frecuente en la treintena, y las leucemias agudas linfoblásticas, más presentes en población de 20 años o menos.
Dos excepciones que también tienen un segundo momento crítico en las que vuelve a crecer su incidencia, en torno a los 60 años, con un peor pronóstico; más de nueve de cada diez adolescentes o jóvenes con un linfoma de Hodgkin sobreviven. En cambio, cuando el diagnóstico llega a partir de los 60 años, la mortalidad alcanza el 40%.
Hay varias causas detrás de estos datos. El envejecimiento afecta al sistema inmune, que se hace más vulnerable a infecciones y al desarrollo de alteraciones en las células y de tumores. Los tratamientos agresivos son más difíciles de resistir para una persona de edad avanzada que para un paciente joven. Y los diagnósticos pueden no ser tan precoces, porque síntomas como los que pueden presentar enfermedades mieloides se pueden confundir con otros problemas de salud por falta de concienciación.
Dr. Raúl Córdoba: «Enfermedades mieloides pueden cursar con pocos síntomas que se pueden atribuir a otras enfermedades. También falta concienciación en la derivación al hematólogo»
“Entre otras cosas, para mejorar la supervivencia de estos pacientes es necesario avanzar en el diagnóstico precoz”, afirmó el Dr. Raúl Córdoba, hematólogo, investigador y tesorero de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, durante su intervención en la mesa de expertos El cáncer hematológico en cifras: construyendo futuro en hematología, organizada por iSanidad con el apoyo de GSK, Quirón Salud, Uniteco y Asion (Asociación Infantil Oncológica de Madrid).

Por una parte, el diagnóstico de algunas de estas patologías es más complejo que en otras. “En una leucemia aguda es muy sencillo, porque enseguida da síntomas. Pero otras enfermedades mieloides pueden cursar durante mucho tiempo con pocos síntomas que, muchas veces por desconocimiento de la población, se pueden atribuir a otras enfermedades”, explicó el Dr. Córdoba, quien también señaló la «falta concienciación en la derivación por parte de otros especialistas al hematólogo” como un factor que puede retrasar el diagnóstico.
El diagnóstico llega y hay tratamientos disponibles, pero no siempre son adecuados para edades avanzadas. El envejecimiento es uno de los factores de riesgo de estas neoplasias y se ve en las consultas. En la del Dr. Córdoba, hay días en los que la edad de casi todos sus pacientes está entre 80 y 100 años.
Dr. Raúl Córdoba: «¿Por qué el envejecimiento produce más linfomas? Es la inmunosenescencia. Las vacunas hacen que nuestro sistema inmnune se agote menos»
“¿Por qué el envejecimiento produce más linfomas? Es la inmunosenescencia”, plantea el hematólogo. En el caso de la patología mieloide, “nuestro nicho hematopoyético, que es donde se aloja la producción de todo lo mieloide y de la sangre, también envejece”, añade. En este caso, la ciencia no sabe aún “como revertirlo”, pero en el caso de las neoplasias linfoides, se puede prevenir o paliar la inmunosenescencia a través de las vacunas.
“Cuanto más nos infectemos, más agotado va a llegar a la edad adulta nuestro sistema inmune. Las vacunas hacen que nuestro sistema no se active constantemente y se agote menos. Sería muy interesante ver cómo impacta la vacunación en la aparición de ciertos tumores hematológicos y no hematológicos, pero en los linfoides sin lugar a duda, porque están relacionados con infecciones”, explica el experto.

Desde hace aproximadamente una década, el calendario de vacunación también en la edad adulta empieza a ser una realidad que se implanta en las comunidades autónomas. “Tenemos herramientas seguras y eficaces que tienen un impacto a corto plazo para evitar la aparición de enfermedades”, señala Elena Andradas, directora general de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, sobre las vacunas. “Pero también empezamos a tener datos y evidencia del impacto que pueden tener a medio plazo”, afirma.
Elena Andradas: «Empezamos a tener datos y evidencia del impacto que pueden tener las vacunas a medio plazo”
Esta estrategia también implica a los pacientes que ya han desarrollado un cáncer hematológico u otro tipo de tumor. “Hay que hacer una valoración clínica muy rigurosa en estos pacientes. Por el mismo proceso oncológico o por los tratamientos que reciben, su sistema inmune se debilita. Haciendo un estudio serológico podemos comprobar si realmente están protegidos o no y encontrar el momento más adecuado para protegerles”, incidió Andradas.
Solo en la Comunidad de Madrid se diagnosticarán en torno a 40.000 nuevos casos de cáncer este año. El 18,4% de la población madrileña tiene más de 65 años. Cada año, aumenta en torno a un 3% la proporción de personas que superan los 80 año. “Esto es un reto y es un riesgo para un buen número de tumores”, admite la responsable de Salud Pública madrileña, que señala la importancia de contar con registros poblacionales para “detectar realmente el número de nuevos casos, caracterizar lo mejor posible los cánceres menos frecuentes y evaluar el impacto de las medidas de prevención y las nuevas terapias”.

Las terapias son otro factor clave en la mejora de la supervivencia de los pacientes. Pero terapias que pueden ser curativas, como los trasplantes de células hematopoyéticas en determinadas neoplasias hematológicas no son aptas para muchos pacientes de edad avanzada. “La edad mediana de diagnóstico de una leucemia aguda mieloblástica está en 60-65 años, por tanto, la mitad de los pacientes se van a quedar sin una opción curativa. Tenemos que mejorar muchísimo en poder ofrecerles esta opción a estos pacientes”, afirmó el Dr. Córdoba, que considera “urgente adaptar los tratamientos a las necesidades de los pacientes”, de forma que cada paciente tenga el tratamiento más adecuado para su situación y se avance en terapias que disminuyan las toxicidades y ofrezcan mejor calidad de vida.
José Soto: «Debemos preguntar a los pacientes por sus experiencias cuando llevan un tiempo en nuestros hospitales y perseguir con ellos el mayor éxito en la terapia»
Este último punto, el de la calidad de vida, es cada vez más importante desde el punto de vista clínico, pero también desde la gestión. Así lo puso de manifiesto el presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), José Soto, quien considera fundamental contar con los pacientes. “Debemos preguntarles por sus experiencias cuando llevan un tiempo en nuestros hospitales siendo pacientes y perseguir con ellos el mayor éxito en la terapia”, afirmó. Desde la gestión, considera que es básico minimizar el tiempo hasta el diagnóstico, que este sea “de precisión” y aumentar la “colaboración entre expertos”.

Desde el punto de vista epidemiológico, el informe Las cifras del cáncer sanguíneo en España de la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) y al Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), indican que los cánceres de la sangre serán el quinto tipo de neoplasia maligna en diagnósticos en 2026. La incidencia de las neoplasias linfoides se mantiene estable y hay un ligero desdenos de las neoplasias mieloides, pero siguen incrementándose con la edad.
El Dr. Rafael Marcos-Gragera cree que hay que “dar un paso más” para evaluar si hay un aumento en la prevalencia de los factores de riesgo del cáncer hematológico, más allá del envejecimiento
El Dr. Rafael Marcos-Gragera, coordinador de HematoRedecan, de la Red Española de Registros de Cáncer, cree que hay que “dar un paso más” para evaluar si hay un aumento en la prevalencia de los factores de riesgo de estas patologías, más allá del envejecimiento. Aunque reconoce que «no se conoce mucho» el peso que tienen esos factores, sí señala algunos de ellos.
Entre ellos, la exposición a radiaciones ionizantes. “Se han visto muchos síndromes mieloides clásicos y leucemias mieloides agudas que son secundarias a un tratamiento previo de quimioterapia o radioterapia por una patología», explicó. También la exposición al benceno o los insecticidas han demostrado que aumentan la incidencia de neoplasias como la leucemia linfática crónica. Factores genéticos influyen en “una proporción de casos, por ejemplo, de síndromes mieloides clásicos y leucemias mieloides agudas», y las inflamaciones crónicas pueden aumentar el riesgo de padecer linfomas marginales.








