Redacción
La Sociedad Española de Obesidad (Seedo) ha reunido a especialistas en su Reunión Nacional para actualizar los avances en investigación básica y traslacional sobre obesidad. Entre los temas centrales ha destacado la expansibilidad del tejido adiposo, un concepto que está redefiniendo el abordaje clínico y biológico de esta enfermedad. Según los expertos reunidos, la capacidad del tejido adiposo para crecer de forma saludable sin inflamarse ni fibrosarse es un factor crítico para determinar qué pacientes con obesidad desarrollarán complicaciones metabólicas, como la diabetes tipo 2, la enfermedad hepática metabólica o la insuficiencia cardiaca
La investigación presentada por especialistas nacionales e internacionales pone de relieve que no todas las personas con obesidad evolucionan igual, y que la calidad del tejido adiposo es determinante. Cuando este órgano mantiene su función endocrina e inmunometabólica normal, puede proteger frente al daño sistémico. Sin embargo, cuando pierde su plasticidad, la grasa se redistribuye hacia órganos que no están diseñados para almacenarla, desencadenando un proceso de lipotoxicidad con amplias repercusiones clínicas.
La capacidad de expansión del tejido adiposo determina si la obesidad será metabólicamente benigna o perjudicial
Uno de los ponentes principales, el Prof. Antonio Vidal-Puig, catedrático de Nutrición Molecular y Metabolismo de la Universidad de Cambridge e investigador del Centro de Investigación Príncipe Felipe, explicó que el tejido adiposo es un órgano capaz de crecer de forma segura mediante la generación de nuevos adipocitos, un adecuado aporte sanguíneo y un ambiente con baja inflamación. En estas condiciones, incluso un aumento notable de peso puede mantenerse metabólicamente estable
No obstante, hay personas cuya capacidad de expansión del tejido adiposo es limitada. En ellas, el tejido se satura rápidamente, se vuelve hipóxico y desencadena respuestas inflamatorias precoces. Como explicó el Prof. Vidal-Puig, un aumento de peso moderado puede ser suficiente para precipitar alteraciones metabólicas graves, ya que el organismo deriva el exceso de lípidos a hígado, páncreas, músculo esquelético o corazón.
El componente emocional influye en la adherencia, la conducta alimentaria y la relación con el ejercicio físico
Según el investigador, la obesidad deja de ser una simple acumulación de grasa para convertirse en una enfermedad multiorgánica cuando el tejido adiposo pierde su capacidad protectora. A partir de ese momento, la grasa ectópica altera la sensibilidad a la insulina, activa vías inflamatorias sistémicas, favorece la esteatosis hepática y acelera la disfunción beta pancreática.
La lipotoxicidad y la señalización interorgánica, claves en el desarrollo de complicaciones
La lipotoxicidad es uno de los conceptos más relevantes discutidos en la reunión. Cuando el tejido adiposo no puede almacenar más grasa de forma segura, los lípidos libres circulantes se infiltran en tejidos sensibles. Esta acumulación ectópica compromete la acción de la insulina en músculo e hígado y afecta a las células beta, reduciendo su capacidad de producir insulina. Además, el tejido adiposo disfuncional altera su patrón normal de secreción de adipocinas y mediadores inflamatorios, lo que perpetúa el daño metabolicoinflamatorio.
Estas vías explican por qué la obesidad se asocia con mayor riesgo de diabetes tipo 2, esteatosis hepática, enfermedad hepática metabólica, insuficiencia cardiaca y otras complicaciones cardiovasculares. En palabras del Prof. Vidal-Puig, «la capacidad de expansión defectuosa del tejido adiposo es uno de los principales vínculos biológicos que conectan el aumento de peso con las enfermedades metabólicas».
La Seedo insiste en un abordaje multidimensional que incluya biología, psicología y ciencias del ejercicio
A partir de estas evidencias, la investigación actual explora tres grandes líneas que avanzan de forma paralela. En primer lugar, se trabaja en la personalización de las intervenciones en el estilo de vida, adaptándolas a la respuesta específica del tejido adiposo de cada individuo. Además, se está impulsando el desarrollo de fármacos que actúan sobre la inflamación y la fibrosis del tejido adiposo o que modulan la distribución de la grasa. Por último, cobran especial relevancia las estrategias innovadoras dirigidas a mejorar la plasticidad del tejido adiposo y a optimizar su comunicación con otros órganos, un aspecto clave para anticipar y prevenir complicaciones metabólicas.
Interactoma tisular y obesidad
Otra de las intervenciones destacadas fue la de la Dra. Irma García Martínez, investigadora del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols y del Ciber de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas. Su trabajo se centra en el impacto de la lipotoxicidad hepática en páncreas y en la progresión de la enfermedad hepática metabólica. En estados de obesidad, los hepatocitos cargados de grasa liberan vesículas extracelulares con especies lipídicas dañinas que afectan a otros tejidos.
Según mostró la investigadora, estas vesículas son captadas rápidamente por los macrófagos presentes en los islotes pancreáticos, provocando una respuesta inflamatoria que reduce la secreción de insulina. Además, activan células estrelladas pancreáticas, contribuyendo a procesos de fibrosis que agravan el fallo beta. El bloqueo del receptor TLR4, implicado en la captación de estas vesículas, podría convertirse en un posible enfoque terapéutico. También se planteó la posibilidad de intervenir directamente sobre las células estrelladas para limitar la progresión fibrogénica en diabetes tipo 2.
Nuevas perspectivas en investigación
Las nuevas líneas de investigación presentadas incluyen áreas emergentes como la integración del interactoma tisular, la combinación de biología molecular del tejido adiposo con neurociencia, y el análisis de la comunicación entre órganos en distintas fases de la enfermedad. La Dra. Gema Medina Gómez, vicepresidenta de la Seedo, destacó el papel creciente de los agonistas duales y triples en el desarrollo farmacológico, así como el interés por la epigenética transgeneracional y la influencia del entorno obesogénico.
Nuevas terapias buscan mejorar la plasticidad del tejido adiposo y modular su comunicación con otros órganos
Asimismo, la integración de datos clínicos, moleculares y sociales comienza a redefinir la manera de abordar la obesidad más allá del peso, centrando la atención en mecanismos fisiopatológicos compartidos.
El componente emocional de la obesidad, un determinante clínico clave
Además de los avances en biología molecular y fisiopatología, la Reunión Nacional de la Seedo ha dedicado una sesión monográfica al factor emocional de la obesidad, un aspecto que, según los especialistas, sigue siendo un determinante clínico central y no un elemento accesorio. Tal y como señaló David Jiménez Pavón, catedrático de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y coordinador del Programa de Salud Pública y Epidemiología del Inibica, «la manera en que una persona gestiona el estrés, el cansancio emocional o la relación con su propio cuerpo influye directamente en su conducta alimentaria, en su motivación para moverse y en su capacidad de adherirse al ejercicio».
El enfoque emocional resulta decisivo para mejorar la adherencia terapéutica y para evitar recaídas frecuentes en cambios de estilo de vida. La Dra. Cristina Petratti, médico de atención primaria y especialista en obesidad, recordó que abordar el sufrimiento emocional mejora la adherencia y optimiza los resultados clínicos, ya que la obesidad afecta a la autoestima, los vínculos sociales y la relación con el propio cuerpo.
En este contexto, la psicología aplicada a la obesidad ha evolucionado hacia intervenciones más amplias. A las estrategias cognitivo-conductuales se suman terapias de aceptación y compromiso, y modelos sistémicos que consideran el entorno familiar. Como explica la psicóloga y dietista-nutricionista Andrea Arroyo, «la obesidad necesita equipos, no compartimentos, y la emoción es el hilo que conecta a todas las disciplinas».
Uno de los puntos más destacados fue el papel dual del ejercicio físico. Además de sus beneficios fisiológicos, el ejercicio posee un impacto emocional directo con efectos ansiolíticos, antidepresivos y estabilizadores del estado de ánimo. En personas con obesidad, este efecto es aún más relevante, ya que reduce la reactividad al estrés, mejora el sueño y fortalece la sensación de control personal.
«La obesidad necesita equipos, no compartimentos, y la emoción es el hilo que conecta a todas las disciplinas»
Sin embargo, como recordó la Dra. Petratti, el principal obstáculo no es la falta de recomendaciones, sino la dificultad para sostenerlas en el tiempo. Integrar el factor emocional permite diseñar programas de ejercicio más amables, realistas y sostenibles, evitando el enfoque culpabilizador que durante años vinculó la actividad física con «compensar excesos».
El Prof. Jiménez Pavón describió iniciativas pioneras como MOVE4EMOTION, un modelo que combina ejercicio individualizado con estrategias emocionales y educativas. Según el especialista, «la prescripción de ejercicio debe ser tan precisa como la de un medicamento: dosis, intensidad, progresión y adaptación a cada caso», siempre acompañada de apoyo emocional.
Asimismo, se presentó la plataforma digital Seedo-GO!, diseñada para ayudar a personas con obesidad a incorporar el ejercicio físico de manera segura. Este programa, avalado por la Seedo, ofrece vídeos de fuerza adaptados y materiales formativos. En palabras de la Dra. Petratti, se trata de un recurso que «marca un antes y un después», al integrar evidencia clínica, acompañamiento profesional y accesibilidad para pacientes y clínicos.








