Redacción
La Sociedad Española de Inmunología (SEI) ha rechazado el reciente mensaje de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, en el que afirman que no está demostrado que las vacunas no causen autismo, algo que, según la SEI, «contradice la evidencia científica».
«Numerosos estudios y organismos internacionales confirman que las vacunas infantiles, incluida la triple vírica, no causan autismo. La SEI insta a rectificar el mensaje y reafirma su compromiso con la seguridad vacunal y la salud pública», ha señalado la SEI en un comunicado.
En este contexto, la SEI subraya que el contenido publicado por los CDC introduce un mensaje que no está respaldado por la evidencia científica disponible y que puede generar «dudas injustificadas» sobre la seguridad de las vacunas infantiles.
«Numerosos estudios y organismos internacionales confirman que las vacunas infantiles, incluida la triple vírica, no causan autismo», señaló la SEI en un comunicado
La SEI recuerda que numerosos estudios epidemiológicos de gran tamaño, desarrollados en distintos países y con metodologías rigurosas, no han encontrado ninguna asociación entre las vacunas infantiles, incluida la vacuna triple vírica (MMR), y el desarrollo de trastornos del espectro autista (TEA).
Además, la SEI afirma que un estudio de este mismo año, con más de 1,2 millones de niños en Dinamarca, evaluó la exposición a adyuvantes de aluminio en vacunas infantiles y su relación con 50 condiciones crónicas, incluido el autismo, sin encontrar ninguna asociación entre mayor exposición y riesgo de TEA.
Asimismo, asegura que metaanálisis que incluyen millones de participantes han confirmado de forma consistente que las vacunas no aumentan el riesgo de autismo. «Este posicionamiento es compartido por organismos internacionales de referencia, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y otras agencias sanitarias como Academia Nacional de Medicina en Estados Unidos (NAM), y la John Hopkins Bloomberg school of public health, así como el Ministerio de Sanidad español», argumenta.
La SEI asegura que metaanálisis que incluyen millones de participantes han confirmado de forma consistente que las vacunas no aumentan el riesgo de autismo
«Por tanto, la actual afirmación de la CDC que señala que la posibilidad no ha sido descartada sin aportar ninguna evidencia nueva es científicamente improcedente y comunicativamente irresponsable. La formulación utilizada por los CDC constituye un grave retroceso en la comunicación de seguridad vacunal», añade.
Según la SEI, la ausencia de una asociación causal no se fundamenta en una única publicación, sino en un cuerpo de evidencia científica «amplio, repetido y coherente». «Emitir un mensaje ambiguo en este tema, históricamente explotado por movimientos antivacunas, puede generar confusión tanto en profesionales sanitarios como en la población general, debilitar la confianza en los programas de vacunación infantil, incrementar la indecisión vacunal, con el consiguiente aumento de enfermedades prevenibles, y reavivar narrativas pseudocientíficas ya superadas, con consecuencias directas en la salud pública», lamentan.
«Emitir un mensaje ambiguo en este tema, históricamente explotado por movimientos antivacunas, puede generar confusión tanto en profesionales sanitarios como en la población general», señalan desde la SEI
Postura de los CDC
Recientemente, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades publicado un comunicado en el que subrayan que la afirmación de que «las vacunas no causan autismo» no está basada en evidencia, ya que los estudios no han descartado la posibilidad de que las vacunas infantiles causen autismo. En este punto, manifiestan que las autoridades sanitarias han ignorado los estudios que respaldan esta relación.
Por ello, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) ha iniciado una evaluación exhaustiva de las causas del autismo, que incluye investigaciones sobre posibles mecanismos biológicos y posibles vínculos causales. Entre los mecanismos que se investigarán más a fondo se incluyen los efectos de los adyuvantes de aluminio, los riesgos para ciertos niños con trastornos mitocondriales, los efectos nocivos de la neuroinflamación y otros.








