«La intervención nutricional precoz es una medida con alto retorno clínico y económico»

Dr. Miguel Angel Martinez Olmos, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Clínica  y Metabolismo y jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición en Área Sanitaria de Santiago de Compostela e Barbanza-Sergas

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Hortensia Mateo
El Dr. Miguel Ángel Martínez Olmos, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Clínica  y Metabolismo (Senpe) y jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición en Área Sanitaria de Santiago de Compostela e Barbanza-Sergas, subraya una realidad preocupante en el sistema sanitario español: uno de cada cuatro pacientes hospitalizados sufre desnutrición relacionada con la enfermedad (DRE). A pesar de los avances, la alineación con directrices europeas (ESPEN, ENHA, OMS-Europa) es aún incompleta, especialmente en el cribado universal y la continuidad del soporte nutricional. En esta entrevista con iSanidad, el experto aborda las barreras que impiden el manejo efectivo de la DRE, como la insuficiente formación y la falta de adherencia al tratamiento tras el alta, y defiende que la intervención nutricional precoz es una medida con un alto retorno clínico y económico.

Uno de cada cuatro pacientes hospitalizados en España sufre DRE. ¿España está alineada con las recomendaciones de las directrices europeas (ESPEN, ENHA, OMS-Europa) en el manejo de la desnutrición hospitalaria?
En España se ha avanzado mucho, pero la alineación con las recomendaciones europeas sigue siendo incompleta. Las directrices de Espen, ENHA o la OMS-Europa insisten en tres elementos clave: cribado nutricional universal al ingreso, valoración especializada en pacientes de riesgo y continuidad del soporte nutricional tras el alta.

En nuestro país, estos procesos no están implantados de forma homogénea en todos los centros: el cribado no siempre es sistemático; la estructura y dotación de las Unidades de Nutrición Clínica es variable y la continuidad asistencial con atención primaria y recursos sociosanitarios presenta claras áreas de mejora.

“En España se ha avanzado mucho en DRE, pero la alineación con las recomendaciones europeas sigue siendo incompleta”

Pese a ello, existen centros con prácticas plenamente alineadas con los estándares europeos, y la concienciación institucional es creciente. La aprobación de estrategias autonómicas de desnutrición y los trabajos conjuntos de sociedades científicas como Senpe están ayudando a impulsar una mayor convergencia con las recomendaciones europeas.

¿Qué grupos de pacientes se ven más afectados y qué impacto tiene su desnutrición en la respuesta al tratamiento, aparición de complicaciones y la mortalidad de estos pacientes?
La DRE constituye un elemento crítico en la evolución de múltiples enfermedades crónicas. Patologías como la insuficiencia cardíaca, la EPOC, la enfermedad renal crónica, el cáncer o determinadas enfermedades neurológicas cursan con inflamación persistente, hiporexia y pérdida de masa muscular. Su presencia se asocia a mayor mortalidad, incremento de reagudizaciones, más ingresos hospitalarios y deterioro funcional. En algunos escenarios, la DRE es uno de los predictores pronósticos más determinantes. Por ello, debe considerarse un componente transversal del proceso asistencial, no restringido al ámbito hospitalario.

La pérdida de masa muscular y la sarcopenia son consecuencias frecuentes de la DRE. ¿Qué implicaciones tienen sobre la funcionalidad, la rehabilitación y la calidad de vida del paciente hospitalizado?
A pesar de la evidencia disponible, esta relación no está suficientemente interiorizada en todos los niveles asistenciales ni en la población general. La desnutrición acelera la sarcopenia, aumenta el riesgo de caídas, institucionalización y dependencia. Es un determinante directo de autonomía en el adulto mayor y, con frecuencia, pasa inadvertida. Es esencial reforzar la percepción social y profesional de la nutrición como eje esencial para la prevención de la fragilidad. A veces está delante de los ojos y no se percibe.

“La DRE debe considerarse un componente transversal del proceso asistencial, no restringido al ámbito hospitalario”

¿Por qué la DRE sigue siendo una “epidemia silenciosa” en hospitales? ¿Qué barreras tenemos en España que impiden la existencia de implementar protocolos efectivos?
La DRE debe dejar de ser un “diagnóstico olvidado” y para ello, debe mejorar la educación y formación sobre DRE en todos los niveles asistenciales. Existe margen de mejora. La formación sobre desnutrición es heterogénea y, en ocasiones, insuficiente. Es necesario reforzar: la formación pregrado en los grados de ciencias de la salud, la formación continuada en atención primaria, hospitalaria y sociosanitaria y la sensibilización de la población sobre la importancia de una adecuada atención nutricional durante la enfermedad y la convalecencia.

Asimismo, la adherencia constituye un desafío relevante, ya que muchos pacientes no mantienen el tratamiento nutricional necesario tras el alta. Para mejorarla se necesita un seguimiento estructurado en atención primaria con apoyo de las Unidades de Nutrición, mensajes unificados por parte de todos los profesionales implicados, participación del entorno cuidador del paciente adecuadamente formado y empoderado, así como acceso equitativo a suplementos nutricionales cuando están indicados.

“La formación sobre desnutrición es heterogénea y, en ocasiones, insuficiente. Es necesario reforzar”

La continuidad asistencial es mejorable. Se requiere mejorar la información sobre nutrición en los informes de alta, agilizar procedimientos de financiación y visado y reforzar la coordinación entre ámbitos asistenciales.

¿Qué estrategias basadas en cribado y soporte nutricional han mostrado mayor impacto en reducir la DRE?
La evidencia demuestra que las intervenciones más efectivas comparten tres características: universalidad, sistematización y actuación precoz. Entre las estrategias con mayor impacto destacan:

El cribado nutricional sistemático utilizando herramientas validadas e integrado en los protocolos de admisión y enfermería al ingreso, valoración nutricional integral en pacientes de riesgo, intervenciones nutricionales protocolizadas, ajustadas e individualizadas, modelos de continuidad asistencial estructurados y coordinados. Los estudios muestran que estos programas combinados reducen complicaciones, estancias, reingresos y mortalidad, e incrementan la recuperación funcional.

¿De qué forma realizar una intervención nutricional precoz podría convertirse en una medida coste-eficiente para nuestro sistema sanitario?
La intervención nutricional precoz es una medida con alto retorno clínico y económico. Los mecanismos que explican su coste-eficiencia son claros: menor tasa de complicaciones y estancias hospitalarias más cortas, menos reingresos precoces y evitables, preservación de masa y función muscular, optimización del uso de recursos sanitarios.

«La adherencia constituye un desafío relevante, ya que muchos pacientes no mantienen el tratamiento nutricional necesario tras el alta”

Además, tiene un  impacto favorable en la cronicidad, ya que en enfermedades crónicas (como insuficiencia cardíaca, EPOC, enfermedad renal crónica, cáncer, etc) la intervención nutricional temprana ralentiza el deterioro funcional y reduce el uso de recursos sanitarios a medio plazo.

En conjunto, la intervención nutricional precoz constituye una de las estrategias con mejor relación coste-efectividad para el sistema sanitario. Su implantación sistemática debería considerarse una medida estructural, equiparable a otras intervenciones preventivas consolidadas, y está plenamente alineada con las recomendaciones internacionales basadas en valor en salud.

Si tuviera que dar tres recomendaciones urgentes para los próximos cinco años, ¿cuáles serían para que la nutrición clínica sea más prioritaria en la estrategia sanitaria nacional?
Las estrategias deben ser sistemáticas y sustentarse en tres pilares. Cribado nutricional universal en atención primaria, hospitales y centros sociosanitarios, utilizando herramientas validadas y con periodicidad ajustada al riesgo. Evaluación especializada e intervención precoz, con análisis de ingesta, función, masa muscular e inflamación; intervenciones escalonadas: consejo dietético, adaptación de texturas, fortificación, suplementos nutricionales orales o nutrición enteral; y coordinación multidisciplinar entre ámbitos asistenciales. Continuidad asistencial estructurada para evitar discontinuidades entre hospital, domicilio y residencias e informes de alta con planes nutricionales claros y comunicación fluida entre profesionales.

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