Dr. Guillermo Sierra. Ex presidente de la OMC
En los últimos días, declaraciones de un CEO sanitario han reabierto un debate que nunca debería perderse en matices: ¿dónde está el límite entre negocio y salud? La discusión no se centra en elegir entre asistencia pública o privada. Ambas tienen funciones complementarias y, bien gestionadas, pueden coexistir. El verdadero dilema surge cuando el beneficio mercantil se antepone al beneficio asistencial.
El verdadero dilema surge cuando el beneficio mercantil se antepone al beneficio asistencial
La asistencia sanitaria privada no puede convertirse en un negocio donde la rentabilidad supere la atención al paciente. Si el objetivo es maximizar beneficios, se desvirtúa la esencia del cuidado. ¿Ha quebrado alguna empresa dedicada a la asistencia sanitaria privada? Es una pregunta que merece reflexión. Cuando existe riesgo mercantil, ¿lo soluciona el dinero público? Si la respuesta es afirmativa, el terreno de juego no es justo para quienes arriesgan su propio capital.
Si añadimos recomendaciones para aumentar listas de espera con el objetivo de obtener beneficios económicos, la situación se agrava. Tales estrategias no solo perjudican a los pacientes, sino que cuestionan la función social de la asistencia sanitaria privada. Las empresas que actúan bajo estos planteamientos no deberían tener cabida en el sistema. La asistencia sanitaria privada debe ser un complemento, no un mecanismo para enriquecimiento a costa de la salud. El beneficio mercantil nunca debe imponerse sobre el beneficio asistencial. Esta idea debe ser el eje de cualquier regulación futura.
La asistencia sanitaria privada debe ser un complemento, no un mecanismo para enriquecimiento a costa de la salud
Si el sistema público considerara a los profesionales sanitarios como socios, escuchara sus propuestas y retribuyera su conocimiento, el panorama sería distinto. La falta de incentivos y reconocimiento favorece que algunos modelos privados resulten más atractivos. Sin embargo, si el sector público mejora condiciones y fomenta participación, la competencia será más equilibrada.
La asistencia sanitaria privada tiene espacio en el sistema, pero bajo reglas claras. No se puede consentir que la búsqueda de rentabilidad genere desigualdades o prácticas abusivas. El beneficio mercantil debe estar subordinado al beneficio asistencial. Esta premisa es esencial para garantizar un sistema justo y centrado en el paciente.








