Redacción
La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más prevalentes, con una incidencia estimada de más de 50 millones de personas en todo el mundo y cerca de 450.000 personas en España. Para poner de relieve la falta de visibilidad de crisis que persisten a pesar del tratamiento, Angelini Pharma ha organizado el simposio satélite ‘De frente a la epilepsia: visibilizando las crisis no controladas’, en el marco de la Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que ha reunido a expertos en esta enfermedad para abordar este problema.
El Dr. Juan José Poza, neurólogo en el Hospital Universitario Donostia, ha señalado el papel que desempeñan los factores sociales y asistenciales en esta falta de visibilidad. “La epilepsia continúa asociada a un estigma que puede llevar al paciente a minimizar u ocultar episodios por miedo a las consecuencias laborales o a restricciones en su vida diaria. Es difícil abordar un problema que permanece oculto”. Asimismo, ha añadido que “en ocasiones se asume como aceptable la persistencia de crisis breves, nocturnas o no muy incapacitantes, pero el objetivo terapéutico debe ser siempre la libertad completa de crisis”.
El 52% de los neurólogos afirman que se encuentran con situaciones de crisis no reportadas en pacientes que se consideraban controlados
A lo largo del simposio se presentaron los resultados de una encuesta nacional realizada en 2025 a 127 neurólogos españoles sobre la valoración del control de las crisis en la práctica real. Los datos evidencian diferencias relevantes tanto en los criterios empleados para considerar si la epilepsia está bien manejada como en las pautas de seguimiento. Más de la mitad de los neurólogos (52%) afirma encontrarse frecuentemente con situaciones crisis no reportadas en pacientes que se consideraban controlados en sus consultas. Esto puede deberse a que, en ocasiones, el paciente continúa experimentando crisis que pasan inadvertidas: episodios nocturnos, síntomas breves o sutiles que se normalizan o incluso la decisión de no informar por temor a cambios terapéuticos.
Este silencio por parte de los pacientes puede retrasar decisiones clínicas clave y limitar la mejora de la calidad de vida, la salud emocional y el rendimiento cognitivo de quienes conviven con epilepsia. Con el fin de evitar estos retrasos en la toma de decisiones terapéuticas, los expertos destacaron la importancia de realizar reevaluaciones periódicas, reforzar la educación sanitaria y facilitar la derivación a unidades especializadas cuando exista cualquier duda sobre el control real de las crisis.
Durante la sesión, también se ha subrayado que no avanzar en la optimización del tratamiento tiene consecuencias directas en la evolución de la enfermedad. La persistencia de crisis, aunque sean menos visibles, incrementa el riesgo de comorbilidades psiquiátricas, como depresión y ansiedad, y puede causar alteraciones cognitivas, afectando a la memoria, la concentración y la capacidad laboral. En este sentido, “es fundamental disponer de tiempo adecuado para reevaluar al paciente y garantizar un acceso ágil a unidades especializadas, especialmente en aquellos casos en los que persisten dudas sobre el control real de la enfermedad”, ha señalado el Dr. Poza.
Los expertos consideran que hay que realizar reevaluaciones periódicas cuando existan dudas sobre el control real de la crisis
Estigmatización de la epilepsia
La epilepsia sigue siendo una patología estigmatizada, lo que impacta en la vida social, en la empleabilidad y en el bienestar emocional de los pacientes, dificultando la comunicación y el propio diagnóstico clínico. “Romper el estigma y hablar abiertamente sobre la enfermedad ayuda a que el paciente confíe, comparta y, sobre todo, reciba el tratamiento que realmente necesita”, ha recordado el neurólogo.
Por su parte, Daniel Pérez, director del departamento de Asuntos Médicos en Angelini Pharma España, subraya que “hay situaciones donde el control total de crisis no es real, ya que se dan situaciones donde algunas no están correctamente identificadas o reportadas por el paciente lo que puede seguir condicionando el bienestar emocional, la vida social y las oportunidades del paciente. Por eso apostamos por una atención enfocada en el paciente. Cuidar la salud del cerebro es cuidar la vida en su sentido más amplio”.








