Redacción
Un reciente estudio pionero en Noruega ha revelado que aproximadamente una de cada diez personas mayores de 70 años experimenta demencia causada por la enfermedad de Alzheimer. Publicados en la revista Nature, los hallazgos de esta investigación, que combinó el análisis de marcadores sanguíneos con evaluaciones clínicas, son cruciales para comprender mejor la distribución del Alzheimer en la población de edad avanzada.
Los resultados de esta investigación indican que alrededor del 10% de los participantes mayores de 70 años presentaban demencia y patología de la enfermedad de Alzheimer, manifestando un deterioro cognitivo junto con niveles elevados de la proteína pTau217, un marcador sanguíneo que indica la acumulación de placa amiloide en el cerebro, una característica distintiva del Alzheimer. Adicionalmente, otro 10% de este grupo de edad mostraba un deterioro cognitivo leve, también acompañado de niveles altos de pTau217. Un tercer grupo, que representaba otro 10%, exhibía niveles elevados de dicha proteína sin signos evidentes de deterioro cognitivo, una condición que los investigadores denominan Alzheimer preclínico.
La investigación utilizó datos del estudio de investigación prospectivo Trøndelag Health, que recopiló muestras biológicas de 250.000 ciudadanos noruegos
Entre las sorpresas del estudio, se encontró que aproximadamente el 25% de las personas entre 85 y 89 años presentaban demencia y patología de Alzheimer. Esta cifra representa un aumento significativo en comparación con estimaciones previas, que rondaban el 7% para hombres y el 13% para mujeres en este mismo grupo de edad en poblaciones de Europa occidental. Por otro lado, la incidencia de Alzheimer preclínico en individuos más jóvenes, específicamente entre los 70 y 74 años, fue del 8%, lo que supone una disminución respecto a una estimación anterior del 22%.
Las discrepancias en los resultados pueden atribuirse a varios factores. Anita Lenora Sunde, coautora del estudio, médica e investigadora de demencia en el Hospital Universitario de Stavanger (Noruega), sugiere que las estimaciones anteriores podrían haber estado sujetas a un sesgo de selección, ya que se basaban en la participación en escáneres cerebrales, y es posible que las personas con demencia no hubieran podido o querido participar.
Por su parte, Nicolas Villain, neurólogo de la Universidad de la Sorbona en París, señala que otros elementos también podrían influir en estas diferencias. El estudio más reciente empleó un umbral elevado de pTau217 para definir su población con Alzheimer preclínico, lo que implicaría la exclusión de individuos con niveles intermedios de la proteína y patología emergente, contribuyendo así a las variaciones observadas en las cifras de prevalencia.
El estudio se centró en la proteina pTau217 que indica la acumulación de placa amiloide en el cerebro, una característica distintiva del Alzheimer
Estudio Trøndelag Health
Para llevar a cabo esta evaluación de la prevalencia de la enfermedad de Alzheimer, un equipo internacional de científicos utilizó datos del estudio de investigación prospectivo Trøndelag Health (HUNT), que se inició en 1984 y ha recopilado información de salud y muestras biológicas de 250.000 ciudadanos noruegos. Los investigadores analizaron muestras de sangre de 11.486 personas mayores de 58 años, centrándose en los niveles de una proteína pTau217. Los participantes del estudio HUNT mayores de 70 años también se sometieron a pruebas cognitivas, lo que permitió a los investigadores correlacionar los niveles de pTau217 con la presencia de demencia.
El estudio demuestra cómo las herramientas basadas en análisis de sangre pueden mejorar las estimaciones epidemiológicas de las enfermedades neurodegenerativas. A pesar de que los análisis de sangre para el Alzheimer ya cuentan con aprobación, su aplicación precisa sigue siendo un tema de debate. Jason Karlawish, geriatra y codirector del Centro de Memoria de Penn en Filadelfia (Pensilvania), advierte que, si bien los marcadores sanguíneos pueden ser útiles para los médicos que tratan a personas con demencia y para responder a preguntas de investigación, aún no están listos para ser implementados de manera generalizada como herramientas de detección de salud. Karlawish, quien no participó en el estudio, enfatiza que “es el tipo de prueba que, en las manos equivocadas, podría causar mucho daño”.










