Redacción
Desde el 2013 y con la publicación del DMS-5, el síndrome de Asperger dejó de considerarse un diagnóstico independiente para integrarse dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Según diferentes estudios epidemiológicos, entre el 18% y el 27% de las personas con TEA tienen el síndrome de Asperger. A pesar de que el término asperger se utiliza para describir un perfil frecuente dentro del espectro autista, “caracterizado habitualmente por la ausencia de discapacidad intelectual, un desarrollo del lenguaje formalmente conservado, intereses muy intensos y una manera particular de interpretar las normas sociales implícitas. No obstante, se trata de un continuo, con una gran variabilidad entre personas”, explica la Dra. Gloria López Sobrino, neuróloga infantil del Hospital Ruber Internacional, perteneciente al Grupo Quirónsalud.
Según la especialista, el asperger se caracteriza por un patrón cognitivo singular. “El cerebro prioriza ciertos estímulos y presenta mayor dificultad para integrar de forma automática las convenciones sociales implícitas, pero puede mostrar una extraordinaria capacidad para el detalle, la lógica o la memoria”. A pesar de estas diferencias, no implica menor gravedad y no se trata de un trastorno leve, ya que muchas personas experimentan sufrimiento significativo derivado de la incomprensión, el aislamiento o la sobrecarga sensorial. “Necesitan un acompañamiento clínico y educativo adecuado y un entorno que respete su manera de percibir y procesar el mundo”, señala la Dra. López Sobrino.
Las personas con síndrome de Asperger forman parte del espectro autista, sin discapacidad intelectual
Por otro lado, la neuróloga desmiente la idea de que el asperger implica ausencia de empatía. De hecho, “las personas con asperger no carecen de empatía”, sino que “a veces tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad”. Por otro lado, la Dra. López Sobrino aclara que “no todas las personas con asperger tienen talentos extraordinarios. Existen tantos perfiles como personas, y los estereotipos distorsionan la realidad”.
La neuropediatra también indica que no todos los síntomas visibles se explican por el autismo. “La ansiedad y el TDAH son comorbilidades frecuentes, y deben evaluarse de forma independiente. Su abordaje, que combina psicoeducación, ajustes del entorno y, en algunos casos, medicación, es clave para mejorar la calidad de vida”. En esta línea, resume los puntos esenciales para interpretar este síndrome que forma parte del espectro autista sin discapacidad intelectual. Así, las dificultades sociales constituyen el núcleo del diagnóstico; poseen un estilo cognitivo lógico, detallista y sistemático, así como el interés intenso y focalizado en temas concretos.
“Las personas con asperger tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad”, explica la Dra. López Sobrino
Además, las personas con asperger cuentan con una sensibilidad sensorial (a estímulos como ruido o luces) frecuente; requieren de apoyos individualizados, no sobre protección y el diagnóstico temprano favorece el bienestar a lo largo de toda la vida. “El objetivo no es cambiar quiénes son, sino acompañarlos para que puedan desarrollar plenamente su potencial en un mundo que a menudo no está preparado para comprender su forma de pensar y relacionarse”, concluye la neuróloga.










