«El proyecto Milenari nace para demostrar que centros distantes de la cuenca mediterránea pueden trabajar conjuntamente en terapias CAR-T»

Dr. Manel Juan, jefe de servicio de Inmunología del Hospital Clínic Barcelona-Idibaps

Dr. Manel Juan, Clínic Barcelona
Foto: Francisco Avia

Patricia Durán Carrasco
El proyecto europeo Mediterranean International Lentivirus ARI (Milenari) pretende sentar las bases para una producción descentralizada de terapias CAR-T en la cuenca mediterránea, con el objetivo de ampliar el acceso de los pacientes a estos tratamientos avanzados. Para conseguirlo, Milenari cuenta con un presupuesto total de casi 2,5 millones de euros, de los cuales el 89% está financiado por el programa Interreg Next Med de la Unión Europea.

Liderado por la Fundación de Investigación Clínic Barcelona-Instituto de Investigación Biomédica August Pi i Sunyer (Clínic Barcelona-IdiBaps), el consorcio del proyecto está compuesto por el Hospital Clínic de Barcelona, la Americana de Beirut (Líbano), King Hussein Cancer Center (Jordania) y el Hospital Infantil Bambino Gesù (Italia). Para conocer los objetivos, los retos regulatorios, la importancia de redes internacionales y la necesidad de un modelo ‘junto al paciente’, iSanidad ha entrevistado al Dr. Manel Juan, jefe de servicio de Inmunología del Hospital Clínic Barcelona-Idibaps, para ahondar en el proyecto Milenari.

El proyecto Milenari tiene el objetivo de hacer que la terapia CAR-T sea accesible a más pacientes de la cuenca mediterránea. ¿Cómo surge la idea de esta iniciativa? ¿Cuáles son las líneas estratégicas y los objetivos del proyecto?
La idea surge ante el desarrollo de terapias CAR-T académicas, que pueden ser una opción terapéutica para mucha gente. Para hacer accesibles estos productos, el desarrollo académico necesita colaboración entre centros.

“Después de más de ocho años de desarrollo comercial centralizado, estamos hablando del 4% de la población mundial que tiene acceso a la terapia CAR-T en países donde se ha comercializado”

A diferencia del modelo industrial, que se basa en un control centralizado de todo el proceso de producción, como centro académico, no tenemos capacidad para dar solución a todos los pacientes, por lo que apostamos por un desarrollo ‘junto al paciente’, donde cada centro sea capaz de producir esta terapia personalizada. Recordemos que, hasta el momento, cada CAR-T se fabrica para cada paciente. Por tanto, la producción no debería requerir que las muestras viajen a un único lugar centralizado, como ocurre en la industria.

En este contexto, el proyecto nace para demostrar que centros distantes de la cuenca mediterránea, como Jordania y Líbano, pueden trabajar conjuntamente con centros de gran experiencia, como el Hospital Clínic de Barcelona y el Bambino Gesù de Roma, produciendo terapias equivalentes.

Un elemento clave es la producción homogénea de los vectores lentivirales. En este caso, se fabrican en el Hospital Clínic de Barcelona y se distribuyen a los cuatro centros para que cada uno produzca localmente su CAR-T. El objetivo es demostrar que los productos son equivalentes y que tengan un mayor acceso a los pacientes. En definitiva, buscamos estructurar una red potente de centros que complemente el desarrollo comercial, porque actualmente el acceso sigue siendo muy limitado.

Desde la perspectiva clínica, ¿cuáles son los principales retos técnicos y regulatorios que enfrenta la producción descentralizada de vectores lentivirales, terapias génicas y CAR-T?
El principal reto no es técnico. Este estudio pretende demostrar que la calidad del producto puede mantenerse de forma equivalente entre centros. El desafío más importante es regulatorio. En Europa ya existe la posibilidad de que entidades académicas produzcan estos medicamentos para sus pacientes, pero todavía es necesario que se acepte un modelo en red con responsabilidad compartida entre todos los centros. En otros países, como Estados Unidos, esto no sería posible porque solo las empresas farmacéuticas pueden proveer productos farmacéuticos.

“Los vectores lentivirales se fabrican en el Hospital Clínic de Barcelona y se distribuyen a los cuatro centros del proyecto para que cada uno produzca localmente su CAR-T”

Después de más de ocho años de desarrollo comercial centralizado, estamos hablando del 4% de la población que tiene acceso. Si contamos también los países donde existen personas que podrían beneficiarse, se habla que solo el 1% tiene acceso, pero incluso en donde hay capacidad económica y técnica, hablamos de un 4%. España justamente es una excepción, y también de alguna manera conseguimos hasta un 27%, pero si le damos la vuelta, estamos diciendo que el 70% de la población no tiene acceso. En este contexto, la opción que planteamos es mejorar el acceso a este tipo de terapias.

¿Cómo se plantea garantizar la calidad, seguridad y cumplimiento de los estándares regulatorios de las terapias CAR-T producidas localmente en los distintos centros asociados del proyecto, y cómo se coordinarán?
La calidad se demuestra comprobando que los productos son equivalentes, mientras que la eficacia se valida en los ensayos clínicos. Aunque hablamos de productos personalizados (cada paciente aporta sus propias células), se consideran un mismo medicamento porque se producen con los mismos criterios y estándares de liberación. No tiene que haber diferencias ni de calidad ni funcionalidad.

La variabilidad intrínseca siempre existe, incluso en el modelo centralizado, porque cada paciente es distinto. Lo importante es que los productos se acepten dentro de rangos definidos, como ocurre con los productos comerciales. Nuestro objetivo es conseguir homogeneidad en la producción, aunque se realice en distintos centros.

“En Europa ya existe la posibilidad de que entidades académicas produzcan estos medicamentos para sus pacientes”

¿Cómo ayudarán los resultados de Milenari a ampliar el acceso a CAR-T en la región mediterránea?
El objetivo es avanzar hacia una autorización equivalente a la de los productos comerciales por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés). Tenemos una designación de medicina prioritaria, denominada Prime (Priority Medicine), que busca facilitar una autorización de uso para toda Europa y, potencialmente, incorporar centros de Jordania y Líbano.

Sería un paso más allá, porque apenas existe un precedente: un único producto académico aprobado por la EMA, destinado a enfermedades monogénicas muy raras y utilizado en un solo centro en Milán. A través de este proyecto, se conseguiría un segundo producto con una distribución más amplia en toda Europa y, posiblemente, a otros lugares del mundo. Como resultado, se incrementaría el acceso a las terapias CAR-T

Dentro de la hoja de ruta del proyecto, ¿de qué manera trasladarán la evidencia científica generada a los gobiernos de los países mediterráneos para que mejoren el acceso a estas terapias?
En Europa, solo hay una estructura centralizada para esta descentralización, que es la Agencia Europea de Medicamentos. Vamos de la mano con los centros participantes para conseguir una aprobación centralizada.

“El objetivo es avanzar hacia una autorización equivalente a la de los productos comerciales por parte de la Agencia Europea del Medicamento”

En otros países, depende de sus autoridades regulatorias. Algunos aceptan recomendaciones de la EMA o la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés). De hecho, nuestro producto ya ha sido autorizado en India tras presentar los datos a su agencia reguladora. Sin embargo, en Jordania y Líbano, su autoridad regulatoria les vale con un producto aprobado por la EMA.

En Sudamérica, la aprobación depende de estructuras asociadas directamente a los ministerios de Sanidad, si ellos lo autorizan es posible que se haya autorizado un medicamento en otro sitio o porque ellos consideran que es autorizable.

Incluso dentro de Europa hay diferencias. Es el caso de Reino Unido cuenta con una agencia de regulación propia, mientras que Suiza tiene un sistema regulatorio propio que puede aprobar o no de manera independiente de la Agencia Europea de Medicamentos. Cada país tiene independencia para decidir.

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