Redacción
La desinformación sanitaria se ha consolidado como uno de los principales desafíos de salud pública en Europa. En una jornada organizada por la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS) en el Ministerio de Sanidad, dos expertos del Gobierno de Escocia explicaron cómo su país ha comenzado a construir una estrategia nacional para abordar este fenómeno. Lo ha hecho desde la gobernanza, la alfabetización y la colaboración con profesionales y comunidades. Escocia lleva más de dos años desarrollando un enfoque estructurado que pretende integrar la “integridad de la información sanitaria” en todas las capas del sistema. El objetivo no es regular plataformas ni crear nuevos poderes, sino coordinar a instituciones ya existentes. Es la forma de reforzar la confianza y apoyar a la ciudadanía ante un entorno informativo cada vez más complejo.
La estrategia de Escocia ante la desinformación en salud se basa en confianza y comunicación coherente
Robert Henderson, jefe de relaciones internacionales en salud y atención sociosanitaria del Gobierno de Escocia, subrayó que la desinformación en salud no es un problema aislado de contenidos, sino un riesgo sistémico para la seguridad sanitaria. Según explicó, combatirla exige invertir en confianza y en una comunicación de riesgos coherente y transparente. Para Henderson, la clave está en mejorar la capacidad del sistema para hablar claro, reconocer la incertidumbre cuando existe y evitar que los “vacíos informativos” sean ocupados por mensajes falsos. Recordó que “ser transparente, incluso sin todos los datos”, es esencial para no alimentar narrativas paralelas que erosionen la credibilidad de las fuentes oficiales. Destacó la necesidad de adaptar los mensajes a las necesidades reales de las personas. Esto incluye comprender sus preocupaciones, ayudarles a navegar el exceso de información y situar a las comunidades en el centro de todas las decisiones. Escuchar más y comunicar mejor es, en su opinión, un principio irrenunciable.
Escocia considera la desinformación como un indicador de alerta que permite anticipar riesgos y mejorar la preparación sanitaria. Henderson señaló que por esto trabajan con redes de clínicos que pueden detectar rumores emergentes, evaluar su impacto y activar respuestas rápidas basadas en evidencia. El Gobierno escocés aspira incluso a contar con “gestores de desinformación” en las juntas de salud, figuras especializadas que coordinen estos esfuerzos. No obstante, Henderson reconoció que construir sistemas de confianza robustos llevará tiempo. Calcula que la implantación completa de la estrategia podría extenderse hasta dos décadas.
Ser transparente, incluso sin todos los datos”, es esencial para no alimentar narrativas paralelas que erosionen la credibilidad de las fuentes oficiales
El médico especialista en salud pública, Dr. Euan Fisher, también implicado en la estrategia, explicó cómo se ha diseñado el enfoque operativo. Escocia ha adoptado el modelo 4iFact de la Universidad Johns Hopkins. El modelo se articula en cuatro niveles complementarios que actúan de forma coordinada: a nivel institucional, mediante una gobernanza sólida, liderazgo claro y coordinación intersectorial; en el plano interpersonal, a través del trabajo directo con comunidades para identificar preocupaciones reales y generar confianza; en el ámbito individual, reforzando la alfabetización mediática y digital desde edades tempranas para aumentar la resiliencia frente a la desinformación; y en el entorno informativo, con mecanismos activos de detección, debunking y rebunking de narrativas falsas que permitan anticiparse y responder a los contenidos más dañinos.
El plan se estructura en tres pilares principales: un marco de liderazgo claro, estrategias para aumentar la resiliencia de la población y sistemas de respuesta capaces de evaluar tendencias informativas y actuar con rapidez. Fisher destacó que uno de los ejes centrales es la implicación de los profesionales sanitarios, considerados actores esenciales contra la desinformación. Por ello, las instituciones responsables de la formación de posgrado y la regulación profesional han participado desde el inicio en el diseño de la estrategia.
Una estrategia cocreada, con 22 recomendaciones y horizonte de cinco años
El Gobierno escocés ha establecido una hoja de ruta de cinco años con 22 recomendaciones coescritas junto a los equipos que deberán implementarlas. La idea es distribuir responsabilidades, fortalecer la rendición de cuentas y demostrar el valor de invertir en preparación a largo plazo. Entre los ingredientes clave, Fisher citó la necesidad de una coalición sólida, un sistema de cogobernanza, un liderazgo público que actúe como punto de encuentro y una red amplia de colaboradores que abarque desde instituciones educativas hasta organizaciones comunitarias.








