Juan León García
“Para usted, ¿qué es lo más importante en este momento?”. Detrás de preguntas como esta se asienta la toma de decisiones compartidas. “El núcleo de una buena práctica clínica”, ponen en valor los doctores Sara Anna Davies Daunas y Josep M. Bosch Fontcuberta, integrantes del Grupo/Programa Comunicación y Salud de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc).
Sobre este tema, los especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria y doctores en Medicina por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y por la Universitat de Barcelona (UB), respectivamente, destacan la importancia de “adoptar una actitud proactiva y preguntar de manera explícita al paciente”. De esa forma se cimenta una toma de decisiones compartida y alineada “con los valores y preferencias del paciente”, escriben en un documento para el ciclo APDay 2026.
Este acto clínico “no debe considerarse un mero trámite administrativo”, precisan. Su correcta aplicación “contribuye a mejorar la experiencia del paciente y del profesional, facilita la adherencia terapéutica y promueve una atención sanitaria más ética, humana y equitativa”.
Esta estrategia (regulada por la Ley 41/2002) debe implementarse en casos de incertidumbre clínica o cuando haya más de una opción razonable disponible, “incluyendo la posibilidad de no intervenir”. Al respecto, existen recursos específicos como los disponibles en GuíaSalud. “Sin embargo, es en la consulta clínica donde se materializa el verdadero cambio”, sentencian.
¿Cómo ha cambiado la toma de decisiones compartida con unos pacientes cada vez más informados… o desinformados en algunas ocasiones?
La toma de decisiones compartida ha evolucionado, pasando de ser un simple complemento en la atención sanitaria a convertirse en un método fundamental que persigue diseñar una atención personalizada y adaptada a la realidad de cada paciente. El objetivo es crear “la atención que encaja” con la vida y circunstancias individuales de cada persona.
“Gracias al uso de herramientas de ayuda a la decisión, el paciente deja atrás una posición pasiva para asumir un papel activo y congruente con sus valores”
En el actual contexto de sobreinformación, el rol de los profesionales sanitarios se ha transformado: ya no se trata únicamente de presentar opciones, sino de actuar como facilitadores de sentido. Es necesario ayudar al paciente a interpretar la evidencia científica y a relacionarla con su realidad cotidiana, teniendo en cuenta la carga que los tratamientos pueden suponer en su día a día.
La evidencia científica más reciente, concretamente la revisión Cochrane de 2024, demuestra que el uso de Herramientas de Ayuda a la Decisión (HAD) tiene un impacto positivo tanto en el conocimiento del paciente como en la percepción de riesgos. Gracias a estas herramientas, el paciente deja atrás una posición pasiva para asumir un papel activo y congruente con sus valores, participando de manera significativa en el proceso de toma de decisiones sobre su salud.
¿Consideran que ya ha entrado en la ecuación de esa toma de decisiones compartida entre médico y paciente, la inteligencia artificial? ¿Qué ventajas y retos creen que presenta?
Absolutamente. La inteligencia artificial (IA) está emergiendo como una solución clave para uno de los mayores retos de la toma de decisiones compartida (TDC): la obsolescencia de las herramientas de ayuda a la decisión (HAD). Gracias a la IA, es posible mantener estas herramientas permanentemente actualizadas con la última evidencia científica, lo que garantiza que tanto profesionales como pacientes dispongan de información relevante y precisa en el momento de la deliberación.
“La inteligencia artificial (IA) está emergiendo como una solución clave para uno de los mayores retos de la toma de decisiones compartida (TDC)”
No obstante, el gran reto reside en asegurar que la incorporación de la IA no desplace el “toque humano” que caracteriza a la TDC. La tecnología debe actuar como un soporte que potencie la deliberación, permitiendo que este proceso siga siendo una “co-creación” entre personas. Es fundamental mantener la flexibilidad y sensibilidad que solo el clínico puede aportar, adaptando la información y el acompañamiento a la realidad individual de cada paciente.
La complejidad en la terminología es una barrera habitual para facilitar la toma de decisiones compartida. ¿Cómo hacer comprensible el lenguaje clínico, tanto por escrito como verbalmente?
La simplificación del lenguaje clínico es esencial para que los pacientes puedan participar activamente en la toma de decisiones compartida sin que se pierda el rigor científico. Es recomendable evitar el uso de porcentajes aislados, que pueden resultar confusos, y optar por el empleo de números absolutos, rangos o matrices de iconos, ya que estas alternativas mejoran la comprensión y la percepción de la información médica.
En la comunicación verbal, es importante estructurar las conversaciones siguiendo marcos probados, como el modelo de las tres conversaciones (elección, opciones y decisión). Esta metodología ayuda a organizar el diálogo y facilita que el paciente entienda las distintas alternativas disponibles, participe en el proceso y se sienta parte del equipo que toma la decisión.
Además, resulta fundamental validar de forma activa la comprensión del paciente, asegurándose de que ha entendido correctamente la información proporcionada. Este proceso puede incluir preguntas abiertas o la solicitud de que el paciente explique con sus propias palabras lo que ha comprendido.
“Resulta fundamental validar de forma activa la comprensión del paciente, asegurándose de que ha entendido correctamente la información proporcionada”
Por escrito, las Herramientas de Ayuda a la Decisión (HAD) deben ajustarse a los estándares de calidad IPDAS. Estos estándares garantizan que los materiales sean legibles, presenten la información de manera equilibrada y ofrezcan una adecuada presentación de probabilidades, lo que aumenta la confianza y el conocimiento del paciente durante el proceso de decisión.
Mejorar este ámbito de la práctica clínica es replantear el actual modelo de un sistema sanitario cuyos profesionales están desbordados por la carga asistencial y el burnout. ¿Qué hace falta para avanzar hacia un proceso de toma de decisiones compartidas idóneo?
La transición de un enfoque basado en la voluntad individual de los profesionales hacia una auténtica cultura organizativa es esencial para que la Toma de Decisiones Compartida (TDC) se consolide en el sistema sanitario. Así lo destaca la guía NICE NG197 de 2021, que enfatiza la necesidad de integrar la toma de decisiones compartida en la propia estructura organizativa. Para ello, resulta imprescindible implementar programas de formación dirigidos a todo el personal sanitario, así como garantizar la existencia de espacios protegidos que permitan la deliberación conjunta entre profesionales y pacientes.
No obstante, estos cambios estructurales difícilmente serán efectivos si no se acompaña de una reducción significativa de la carga administrativa que pesa sobre el personal sanitario. Además, debe impulsarse decididamente la alfabetización en salud de la población, ya que, sin estos avances, la TDC continuará enfrentándose a barreras estructurales que dificultan su implantación real y efectiva en la práctica clínica.
“La toma de decisiones compartida también puede favorecer la adherencia terapéutica”
¿Qué principales beneficios demostrados hay cuando existe una comunicación clara entre médico y paciente y ambos consensuan la toma de decisiones?
La evidencia científica más reciente respalda de manera sólida los beneficios tangibles que se obtienen cuando existe una comunicación clara entre médico y paciente, y ambos consensuan la toma de decisiones. Este enfoque no solo contribuye a mejorar la experiencia tanto del paciente como del profesional sanitario, sino que además reduce el conflicto decisional, es decir, la incertidumbre y el malestar derivados de la dificultad para elegir entre distintas alternativas terapéuticas.
La Toma de Decisiones Compartida (TDC) también puede favorecer la adherencia terapéutica, ya que alinear el tratamiento con los valores y preferencias del paciente incrementa su implicación y compromiso. Por ejemplo, en pacientes con multimorbilidad, priorizar la evitación de efectos adversos frente a un control glucémico estricto implica adaptar la estrategia terapéutica a lo que realmente importa para la persona, lo que también contribuye a una atención más ética y eficiente.
Por último, la TDC es un elemento fundamental para avanzar hacia una medicina más humana, responsable y justa, ya que ayuda a reducir las inequidades en salud. Facilitar que cada paciente reciba información comprensible y participe activamente en el proceso de decisión contribuye a que el sistema sanitario responda de manera más equitativa a las necesidades individuales.
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