J.P.R.
La medicina nuclear vive un momento de transformación acelerada en la oncología de precisión. La combinación de nuevos radiofármacos dirigidos a dianas moleculares, la expansión de la imagen híbrida y la llegada de terapias teragnósticas más específicas están redefiniendo el papel de esta especialidad, que ya no solo diagnostica, sino que permite anticipar respuestas y seleccionar tratamientos con una precisión inédita. Así lo explica la Dra. Mónica Velasco, especialista del Servicio de Medicina Nuclear del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y del Hospital HM Delfos, quien analiza cómo la imagen molecular se ha convertido en un pilar para detectar tumores precozmente, estratificar mejor a los pacientes y avanzar hacia una medicina verdaderamente personalizada.
En los últimos años hemos visto cómo la medicina nuclear se ha consolidado como un pilar de la medicina personalizada en oncología. ¿Cómo definiría su papel en la detección precoz del cáncer y en qué tumores cree que aporta mayor valor clínico actualmente?
La medicina nuclear aporta una ventaja diferencial frente a otras técnicas de imagen porque no se limita a mostrar la anatomía, sino que estudia la biología del tumor. La imagen molecular detecta cambios metabólicos y funcionales que aparecen antes que las alteraciones estructurales, lo que nos permite identificar la enfermedad en fases muy precoces o descubrir focos tumorales ocultos.
Esto se traduce en diagnósticos más tempranos, estadificaciones más precisas y decisiones terapéuticas mejor ajustadas. Hoy es una herramienta transversal en oncología y tiene impacto clínico en un amplio abanico de tumores (pulmón, linfomas, mama, próstata, melanoma o tumores neuroendocrinos, entre muchos otros), hasta el punto de que en algunos de ellos el PET-TC se ha convertido en parte esencial del manejo habitual.
“La medicina nuclear aporta diagnósticos más tempranos, estadificaciones más precisas y decisiones terapéuticas mejor ajustadas”
¿Cuáles son los principales avances en imagen molecular que permiten no solo detectar tumores precozmente, sino también caracterizar su biología tumoral?
El gran avance ha sido el desarrollo de radiofármacos dirigidos a dianas moleculares específicas, permitiendo conocer aspectos como la proliferación celular, la expresión de receptores o la actividad metabólica del tumor. Esta información resulta clave para elegir el tratamiento más adecuado y anticipar la respuesta, avanzando hacia una medicina más precisa.
A ello se suma la incorporación de nuevos equipos híbridos como PET-TC, SPECT-TC o PET-RM, que ofrecen estudios más rápidos, más sensibles y con menor dosis de radiación.
En su opinión, ¿cómo influye la disponibilidad de trazadores y radiofármacos más específicos en la precisión diagnóstica y en la capacidad de estratificar pacientes oncológicos?
Influye de forma directa. Cuanto más específico es el radiofármaco, mayor es la sensibilidad y la especificidad diagnóstica, y menor el riesgo de falsos positivos o negativos.
Pero, sobre todo, nos permite estratificar pacientes: identificar quién realmente se beneficiará de una terapia concreta y quién no. Esa selección evita tratamientos ineficaces, reduce toxicidad innecesaria y optimiza recursos.
“El gran avance ha sido el desarrollo de radiofármacos dirigidos a dianas moleculares específicas, permitiendo conocer aspectos como la proliferación celular, la expresión de receptores o la actividad metabólica del tumor”
Hoy la imagen molecular no solo diagnostica, también actúa como biomarcador predictivo y herramienta de selección terapéutica, lo que es clave en oncología de precisión.

La teragnosis es un concepto central en la medicina nuclear moderna. Consiste en utilizar la misma molécula para diagnosticar y tratar un tumor: primero se marca con un isótopo emisor de positrones o gamma para identificar la enfermedad y evaluar si expresa la diana adecuada; posteriormente, esa misma molécula se marca con un isótopo terapéutico para administrar radiación selectiva sobre las células tumorales. Este enfoque garantiza que el tratamiento se dirige específicamente a las células tumorales, maximizando la eficacia y minimizando la toxicidad.
Hace décadas que aplicamos este concepto en el cáncer diferenciado de tiroides con I-131. En los últimos años se ha consolidado en los tumores neuroendocrinos mediante el binomio [68Ga]Ga-DOTA-TOC (para diagnóstico con PET-TC) y [177Lu]Lu-DOTA-TATE (para tratamiento). Recientemente se ha incorporado al Sistema Nacional de Salud la terapia con [177Lu]Lu-PSMA-617 para el cáncer de próstata metastático resistente a la castración, seleccionada previamente mediante PET-PSMA.
“Hace décadas que aplicamos este concepto en el cáncer diferenciado de tiroides con I-131”
El impacto es muy tangible: primero confirmamos mediante imagen que el tumor expresa la diana y, solo entonces, administramos el tratamiento. Esto garantiza que tratamos exclusivamente a pacientes con alta probabilidad de respuesta. El resultado es una medicina más eficaz, más segura y realmente personalizada, con mejoras demostradas en control de enfermedad, supervivencia y calidad de vida.
Además del cáncer de próstata y los tumores neuroendocrinos, ¿qué otros tumores ve con mayor potencial de ser abordados con estrategias teragnósticas en un futuro cercano?
Hay varias líneas muy prometedoras. Destacaría los radiofármacos dirigidos al microambiente tumoral, como FAPI, que podrían tener aplicaciones amplias en tumores digestivos, mama, pulmón o páncreas.
También se están investigando nuevas dianas en mama, melanoma, meningiomas, linfomas o gliomas, además del desarrollo de terapias con emisores alfa, que ofrecen una gran potencia citotóxica con mínima afectación del tejido sano.
“Persisten barreras relevantes para la expansión del tratamiento teragnóstico. Existen retos regulatorios, con procesos de aprobación largos y variabilidad entre comunidades autónomas”
Probablemente en los próximos años veremos cómo la teragnosis se expande a múltiples tumores sólidos, no solo a indicaciones muy concretas como ocurre actualmente.
¿Qué retos regulatorios, formativos o de acceso identifica como barreras actuales para la expansión de las terapias teragnósticas en España?
Persisten barreras relevantes para la expansión del teragnóstico. Existen retos regulatorios, con procesos de aprobación largos y variabilidad entre comunidades autónomas, que retrasan la incorporación de radiofármacos innovadores. A ello se suma la necesidad de garantizar un acceso equitativo y asegurar una capacidad suficiente de producción y distribución.
También es esencial disponer de infraestructuras adecuadas que permitan acoger el aumento progresivo de la actividad terapéutica, incluyendo espacios específicos para la administración ambulatoria de radionúclidos, áreas de aislamiento cuando sea necesario y circuitos asistenciales bien definidos.
“En los próximos años dispondremos de más radiofármacos teragnósticos aprobados, un mayor desarrollo de terapias con emisores alfa y más tratamientos en régimen ambulatorio”
A ello se suma la necesidad de contar con una dotación suficiente de personal cualificado (especialistas en medicina nuclear, radiofarmacéuticos, técnicos y personal de enfermería especializado) que garantice la calidad asistencial y la continuidad de los programas terapéuticos. El potencial es enorme, pero requiere inversión, planificación y una visión estratégica compartida que asegure que todos los pacientes puedan beneficiarse de estas terapias.
Mirando al horizonte de los próximos cinco años, ¿dónde cree que estará la medicina nuclear en términos de impacto clínico en oncología de precisión?
Creo que veremos una integración mucho mayor de la medicina nuclear en la toma de decisiones oncológicas. Dejará de percibirse únicamente como una herramienta diagnóstica para consolidarse también como un actor terapéutico clave.
“La imagen molecular y la terapia dirigida con radionúclidos serán cada vez más protagonistas en la oncología de precisión”
En los próximos años dispondremos de más radiofármacos teragnósticos aprobados, un mayor desarrollo de terapias con emisores alfa y más tratamientos en régimen ambulatorio, lo que ampliará claramente las opciones para los pacientes.
La imagen molecular y la terapia dirigida con radionúclidos serán cada vez más protagonistas en la oncología de precisión, porque permiten algo fundamental: diagnosticar antes, seleccionar mejor y tratar a cada paciente con el tratamiento adecuado en el momento adecuado.










