Fátima del Reino Iniesta
Cerca del 80% de adultos europeos mayores de 40 años presenta factores de riesgo asociados a enfermedad hepática crónica, según el Proyecto LiverScreen, el mayor estudio poblacional realizado hasta la fecha en Europa sobre enfermedad hepática. Sus resultados, presentados en el 51º Congreso Anual de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), que se celebra del 18 al 20 de febrero en Madrid, sitúan el diagnóstico precoz y el cribado poblacional como prioridades sanitarias ante una patología con elevada carga oculta y creciente impacto epidemiológico.
El estudio, aceptado para su publicación en The Lancet, ha analizado a 30.199 personas aparentemente sanas procedentes de nueve países europeos, un tercio de ellas de España, mediante técnicas no invasivas como la elastografía transitoria (Fibroscan), que permite evaluar la rigidez hepática en pocos minutos. Los datos confirman que la enfermedad hepática puede desarrollarse durante años sin síntomas y manifestarse cuando ya existen complicaciones graves como cirrosis o cáncer hepático.
Siete de cada diez adultos presentan factores de riesgo metabólicos y el 6,1% consume alcohol de forma nociva
Alta prevalencia de factores de riesgo en población general
El análisis poblacional revela una amplia exposición a factores que favorecen el daño hepático crónico. En la cohorte evaluada, el 70% presentaba factores de riesgo metabólicos como obesidad, diabetes, dislipemia o hipertensión. Además, el 59% consumía alcohol y el 6,1% lo hacía en niveles considerados nocivos, equivalentes a unas dos o tres bebidas diarias.
Los investigadores observaron que la combinación de varios factores aumenta significativamente la probabilidad de daño hepático subyacente. Este hallazgo refuerza la relación directa entre síndrome metabólico, hábitos de vida y progresión de enfermedad hepática, especialmente en sociedades occidentales con elevada prevalencia de obesidad y diabetes tipo 2.
El 1,6% de la población general europea tendría fibrosis hepática no diagnosticada
Fibrosis hepática no diagnosticada
El cribado inicial detectó posible enfermedad hepática en el 6,9% de los participantes y rigidez hepática elevada en el 4,6%, un hallazgo sugestivo de fibrosis. Tras la evaluación especializada, se confirmó enfermedad hepática crónica en aproximadamente uno de cada tres casos positivos, lo que equivale a una prevalencia global estimada del 1,6% de fibrosis hepática no diagnosticada en la población general europea.
Aunque la cifra pueda parecer moderada en términos porcentuales, los hepatólogos insisten en su relevancia clínica y poblacional. La fibrosis hepática es el principal determinante pronóstico en hepatología y puede evolucionar silenciosamente hacia cirrosis en un plazo que suele oscilar entre 10 y 30 años.
El 93% de los casos confirmados con fibrosis se asocia a hígado graso, vinculado a obesidad, diabetes tipo 2 y alcohol
«Y no es poco, porque si uno se fija en un vagón del metro en el que van 70, 80, 100 personas, dos tienen enfermedad hepática significativa. Si el 2% lo pones en un contexto de población normal, de lo que vivimos cada día, no deja de ser un número relevante», ha explicado el Dr. Rafael Bañares, presidente de la AEEH.

Diagnóstico tardío y oportunidad preventiva
El Dr. Pere Ginès, coordinador del estudio y jefe del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic de Barcelona, ha subrayado durante la rueda de prensa que el principal reto actual es el diagnóstico tardío. «Hasta el momento actual, la mayoría de los pacientes que nosotros diagnosticamos con enfermedad hepática, los diagnosticamos en fase muy avanzada, cuando tienen una cirrosis o bien cuando desarrollan un cáncer de hígado».
La evolución de la enfermedad ofrece, sin embargo, una oportunidad preventiva clara. «El desarrollo de la enfermedad en el hígado se produce muy lentamente, en un periodo que va de 20 a 30 años. Por lo tanto, tenemos un periodo latente en el cual podemos hacer el diagnóstico de la enfermedad, pero tenemos un problema, la enfermedad no da síntomas».
Dr. Pere Ginès: «La mayoría de pacientes que nosotros diagnosticamos con enfermedad hepática, los diagnosticamos en fase muy avanzada, cuando tienen una cirrosis o bien cuando desarrollan un cáncer de hígado»
Este carácter silencioso de la enfermedad explica la apuesta por estrategias de detección precoz. El objetivo del proyecto es avanzar hacia un modelo de cribado poblacional similar al existente en cáncer colorrectal o cáncer de mama. Para ello, los investigadores han desarrollado herramientas de evaluación del riesgo basadas en variables clínicas y analíticas rutinarias que permitirían identificar a personas con enfermedad subyacente antes de que aparezcan complicaciones.
Desde la AEEH, los resultados se enmarcan en el Plan Nacional de Salud Hepática y en el llamado Reto 2032, que plantea integrar el cribado de enfermedad hepática en la práctica clínica habitual, especialmente en atención primaria. Los especialistas han defendido que herramientas automatizables como los scores de riesgo o el índice FIB-4 podrían calcularse directamente en la historia clínica electrónica, permitiendo detectar pacientes de riesgo sin aumentar la carga asistencial.
Los expertos también han recordado que el trasplante hepático, aunque curativo a nivel individual, no puede reducir la carga poblacional de enfermedad avanzada. Por ello, el diagnóstico temprano es la única estrategia capaz de modificar el curso epidemiológico.
El mensaje del congreso es claro: la enfermedad hepática ya no puede considerarse un problema marginal. Su elevada prevalencia de factores de riesgo, su evolución silenciosa y su impacto en morbimortalidad y costes sanitarios obligan a reforzar la prevención, mejorar la detección precoz y situar la salud hepática entre las prioridades de salud pública en Europa.









