Redacción
La Fundación Ortega-Marañón acogió este martes la presentación conjunta de dos obras que, desde trayectorias distintas, convergen en una misma idea: la medicina solo puede entenderse desde un profundo humanismo. Se trata de Sin piedras no hay arco, del catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, el Dr. Antonio G. García, y Reflexiones de un internista, del Dr. Juan Antonio Vargas Núñez, jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Puerta de Hierro-Majadahonda y exdecano de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.
Ambos autores, con décadas de experiencia en docencia, gestión y práctica clínica, compartieron una conversación en la que subrayaron la necesidad de reconciliar ciencia, cultura y humanidad en la formación sanitaria.
En su intervención, el Dr. Antonio G. García advirtió sobre un riesgo creciente: “La inteligencia artificial está matando la capacidad del médico de solucionar problemas”, señaló. Para él, la tecnología es una herramienta valiosa, pero no puede sustituir la esencia reflexiva del clínico.
Ambos expertos pusieron en valor la importancia de la formación para incorporar visiones humanistas a la asistencia
En este contexto, puso en valor los congresos de estudiantes y proyectos educativos orientados a que el alumno sea protagonista de su propio aprendizaje. “Queríamos que el alumno participara en su autoaprendizaje”, explicó. El Dr. García parte de la tradición renacentista que concebía ciencia y cultura como un binomio inseparable. Frente a la separación que han impuesto los avances tecnológicos, defendió la importancia de recuperar un enfoque humanístico en Medicina. No en vano, él mismo utilizó la poesía como herramienta formativa: “Creamos un grupo de poesía, hoy coordinado por la Dra. Ángela Gutiérrez Rojas, con el que ya hemos editado cuatro volúmenes y estamos preparando el quinto, con el apoyo de la Fundación Teófilo Hernando”.
El Dr. Juan Antonio Vargas puso en valor la importancia de estas actividades en la formación del médico. “El grupo de poesía o el de teatro eran oro puro. Era formativo y útil para la vida”. El nuevo plan de estudios en el que trabaja la facultad contempla una integración más profunda de estas competencias, que él rechaza denominar “blandas”. “Para mí son habilidades duras: empatía, compasión…”.
Educación médica: integrar ciencia y humanidad
Para el Dr. Juan Antonio Vargas, la formación humanista ya no puede ser un complemento, sino un pilar. “Hablamos mucho de genómica y metabolómica… pero lo más importante es la personómica”, afirmó, reivindicando la necesidad de comprender al paciente como individuo, no como un conjunto de variables biológicas.
En un momento en que la Universidad Autónoma de Madrid trabaja en la reforma del programa formativo de medicina, defendió como catedrático una mayor integración entre ciencias básicas y clínica, con una inmersión precoz del estudiante en el entorno asistencial.
También subrayó las dificultades del contexto actual: “Las plantillas están muy ajustadas; eso provoca desgaste y cansancio, y ese desgaste se transmite al residente. Aun así, tenemos una materia prima excelente”, afirmó.









