Redacción
La Sociedad Española de Heridas (Seher) ha presentado una nueva estrategia para mantener las heridas en condiciones óptimas de cicatrización basada en la microbiota gracias a los avances en secuenciación genómica durante la conferencia inaugural Microbioma y heridas de su XIII Congreso Nacional, celebrado en Zaragoza.
La mejora de las técnicas de secuenciación genómica, como la secuenciación de nueva generación (NGS), ha permitido avances significativos en la caracterización del microbioma en diferentes situaciones y localizaciones de nuestro organismo, lo que abre un nuevo escenario, también para el tratamiento de las heridas.
En el proceso de cicatrización de las heridas, la evidencia apunta a que es necesario mantener una microbiota equilibrada para que la reparación tisular se produzca de forma adecuada. Este equilibrio se basa en la coexistencia de bacterias beneficiosas y potencialmente perjudiciales, con un claro predominio de las primeras.
La mejora de las técnicas de secuenciación genómica ha permitido avances en la caracterización del microbioma que abren un nuevo escenario para el tratamiento de las heridas
Cuando, por distintos factores, las bacterias nocivas comienzan a imponerse sobre las beneficiosas y se produce una situación de disbiosis, la herida puede empezar a cicatrizar de manera más lenta o incluso quedar estancada.
En esta fase no suelen aparecer signos clínicos de infección, ya que la carga bacteriana patógena aún no es suficiente para provocarla, pero sí es capaz de generar un estado inflamatorio persistente que interfiere y retrasa el proceso normal de cicatrización.
«Hasta ahora, con los medios tradicionales, diagnosticábamos las bacterias patógenas (malas) y no detectábamos ni dábamos importancia a las bacterias comensales (las que conviven con nosotros y nos son beneficiosas)», ha explicado la Dra. Sari Arponen, médica especialista en medicina interna y doctora en ciencias biomédicas.
«Estas técnicas de NGS nos permiten caracterizar todas las bacterias que nos rodean, las malas y las buenas. Y, por tanto determinar si existe disbiosis; es decir, un desequilibrio entre bacterias patógenas y bacterias comensales», ha agregado.
Dr. Daniel Chaverri: «Si viera que el patrón se altera con un mayor componente de bacterias malas, podría aportar a la herida probióticos que restablecieran el patrón ideal»
El Dr. Daniel Chaverri, presidente de Seher, señala el nuevo escenario que el microbioma presenta para el tratamiento de las heridas: «Si con las técnicas de nueva secuenciación puedo encontrar un mapa/patrón de microbiota ideal para la herida (biomarcador), podría monitorizar la evolución de esa microbiota en el tiempo».
«Si viera que el patrón se altera con un mayor componente de bacterias malas, podría aportar a la herida probióticos que restablecieran el patrón ideal, y así tener siempre en la herida un patrón de bacterias favorables para la cicatrización, de tal manera que esta sea más rápida, o por lo menos que no tenga interrupciones», ha concluido el presidente de Seher.
Falta de oxigeno en el pie diabético
Durante este congreso, la Seher ha advertido también de que la isquemia, presente en casi el 70% de las personas con pie diabético, provoca una disminución del oxígeno en los tejidos que dificulta la cicatrización de las heridas, favorece la aparición de infecciones graves y aumenta de forma considerable el riesgo de amputación de la extremidad.
«Cuando los tejidos no reciben suficiente oxígeno, pierden su capacidad de defenderse y regenerarse. En el pie diabético, la hipoxia tisular convierte una pequeña herida en una lesión muy grave«, ha explicado la vocal de la sociedad científica Almudena Cecilia.
La causa principal de esta falta de oxígeno es la enfermedad arterial periférica, mucho más frecuente en personas con diabetes. Esta patología estrecha u obstruye las arterias de las piernas y los pies, impidiendo que la sangre se distribuya correctamente por los tejidos.
«En el pie diabético, la hipoxia tisular convierte una pequeña herida en una lesión muy grave», ha explicado Almudena Cecilia
Se estima que una de cada cinco personas con diabetes y úlcera en el pie sufrirá algún tipo de amputación, con un riesgo de reamputación del 50% a los cinco años y una mortalidad asociada que oscila entre el 52 y el 80%, cifras superiores a las de muchos tipos de cáncer.
El presidente de la Seher, Daniel Chaverri, ha subrayado que la sociedad científica considera el pie diabético una «emergencia sanitaria creciente» que requiere una respuesta «urgente, coordinada y especializada». Por ello, ha abogado por la prevención, el trabajo en equipo y la intervención precoz para reducir amputaciones y mejorar la vida de los pacientes.









