La falta de protocolos homogéneos durante el embarazo y la percepción del riesgo de radiación, frenan la llegada de mujeres en neurroradiología intervencionista

La evidencia científica avala la seguridad laboral, pero la normativa actual y la organización asistencial dificultan la carrera profesional en las mujeres

mujeres-neurroradiología- intervencionista

Fátima del Reino Iniesta
La neurorradiología intervencionista es una de las áreas más técnicas y exigentes de la radiología. Sus profesionales tratan patologías graves y urgentes como ictus isquémicos, aneurismas cerebrales o malformaciones arteriovenosas, muchas veces mediante procedimientos complejos y en los que cada minuto cuenta. Sin embargo, la especialidad se enfrenta al reto de atraer y retener profesionales, especialmente mujeres.

En España hay actualmente unos 140 neurorradiólogos intervencionistas, según datos del Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista (GENI). La cifra se queda lejos de las necesidades estimadas para garantizar la atención, que se sitúa en alrededor de 0,5 especialistas por cada 100.000 habitantes, lo que implicaría al menos 230 profesionales realizando guardias. Además, el crecimiento de la actividad ha sido muy rápido. Las trombectomías mecánicas pasaron de 2.121 procedimientos en 2015 a 9.228 en 2024, lo que supone un aumento del 335%.

Una formación larga y poco reglada

Una de las particularidades de esta disciplina es que «no existe una formación reglada específica», más allá de la especialidad de radiología. La Dra. Elvira Jiménez, neurorradióloga intervencionista del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba y miembro de la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram), detalla que en la mayoría de los centros donde hay intervencionismo «los radiólogos que tienen más experiencia enseñan a los que tienen menos experiencia».

Dra. Sara Lojo: «No hay protocolos homogéneos y sistematizados a nivel nacional para la protección de las profesionales embarazadas»

Aunque existen becas o programas de uno o dos años en algunos hospitales, ser autónomo de forma clínica puede requerir al menos dos años de formación y entrenamiento. Este periodo, en la mayoría de los casos, coincide con una etapa vital en la que muchos profesionales comienzan a plantearse la paternidad y la maternidad. «Cuando terminas la especialidad tienes alrededor de 28 o 30 años. Es justo el momento en el que empiezas a tener cierta estabilidad laboral y en el que muchas personas se plantean tener hijos y asentarse», explica la Dra. Jiménez.

Embarazo y radiación, un factor disuasorio

La exposición a la radiación en las salas de angiografía ha sido tradicionalmente uno de los principales factores que han disuadido a algunas mujeres de elegir esta área. «Siempre ha generado miedo quedarse embarazada cuando has estado un montón de horas debajo de un tubo de rayos X», subraya la neurorradióloga intervencionista.

Sin embargo, la evidencia científica disponible apunta a que la dosis que recibe el abdomen del profesional de una sala de radiología intervencionista es mínima. «Hay muchos artículos científicos, desde hace años, que muestran que la radiación que recibe el abdomen del profesional en una sala de radiología es muy baja, similar a la radiación de fondo», explica la Dra. Elvira Jiménez.

Según la Dra. Sara Lojo, coordinadora del grupo de trabajo de embarazo y radiación de Seram, el problema es en gran parte cultural. «Sí, claramente influye, pero más como un factor percibido que como un riesgo real bien explicado», afirma. La especialista señala que muchas estudiantes y residentes asocian la radiología intervencionista con un alto riesgo reproductivo, sin conocer las dosis reales ni las medidas de protección. «El problema no es tanto la radiación en sí, ya que hoy los niveles están bien controlados y son compatibles con una carrera profesional segura, como la falta de educación temprana, la escasez de referentes femeninos visibles y una cultura del silencio que convierte el tema en tabú», añade.

Dra. Sara Lojo: «La aplicación de las medidas depende de cada centro y genera una gran variabilidad en la experiencia de las profesionales»

Otro de los problemas señalados por los expertos es la ausencia de protocolos homogéneos en España para gestionar el embarazo en este ámbito. «En España existen marcos normativos generales de protección radiológica y recomendaciones técnicas bien establecidas, pero no hay protocolos homogéneos, específicos y sistematizados a nivel nacional», explica la Dra. Lojo.

Esto provoca que la aplicación de las medidas dependa de cada hospital, lo que genera una gran variabilidad en la experiencia de las profesionales. «Esto hace que, en muchos casos, la protección se gestione de forma informal o improvisada, con situaciones que van desde la autoexclusión de procedimientos por miedo, hasta la retirada excesiva de actividad por paternalismo. El riesgo no es solo clínico, sino profesional: la falta de estructuras claras puede traducirse en pérdida de visibilidad, oportunidades formativas o proyección de carrera», advierte la coordinadora del grupo de trabajo.

A estas dificultades se suman condiciones laborales exigentes. Los equipos de neurorradiología intervencionista suelen ser pequeños y los profesionales deben cubrir numerosas guardias. Según explica la Dra. Jiménez, en algunos servicios con cuatro o cinco especialistas cada profesional puede realizar entre 10 y 12 guardias al mes, muchas de ellas localizadas y sin derecho a descanso posterior. Además, ausentarse durante meses por una baja prolongada puede suponer una carga adicional para el resto del equipo, algo que muchas profesionales tienen en cuenta a la hora de planificar su maternidad.

Dra. Elvira Jiménez: «En algunos servicios con cuatro o cinco especialistas cada profesional puede hacer entre 10 y 12 guardias al mes»

El Dr. Pedro Navia, especialista en neurointervencionismo y presidente del Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista, destaca que el tema de la mujer en la neurointervención radiológica es un aspecto muy importante para ellos. «Estamos trabajando junto con otras sociedades intervencionistas en guías comunes. En GENI tenemos un grupo de trabajo específico para este tema», señala.

Las sociedades científicas trabajan en recomendaciones conjuntas para armonizar criterios y mejorar la información sobre radiación y embarazo en intervencionismo. El objetivo es avanzar hacia un modelo que permita a las profesionales tomar decisiones informadas sin penalización laboral ni incertidumbre. La expansión de la neurointervención, impulsada por el crecimiento de la trombectomía mecánica y otras indicaciones cerebrovasculares, hace imprescindible abordar estas barreras estructurales porque el desarrollo de la especialidad depende no solo del avance tecnológico, sino también de su capacidad para integrar plenamente a las mujeres en todas las etapas de su carrera profesional.

Podcast

Podcast

Especiales

Atención primaria

Sanidad privada

iSanidadental

Anuario

Accede a iSanidad

Buscar
Síguenos en