Juan León García (Barcelona)
Margaret Drysdale, responsable regional de Estrategia Comercial para la Terapias Derivadas del Plasma (PDT) de Takeda, prepara desde el hall de un hotel en Barcelona su intervención en un encuentro de la industria farmacéutica organizado por la agencia Reuters. Con una larga trayectoria en el sector, parte de su carrera la ha dedicado a la Hematología y las Enfermedades Metabólicas Raras y la Neurociencia.
Drysdale atiende a iSanidad en uno de los pequeños ratos libres que tiene antes de salir para la Fira de Barcelona, donde se celebra el evento de carácter anual. Y no tiene dudas a la hora de identificar cuál es el mayor reto para Europa: la autonomía estratégica, también, en este tipo de tratamientos de cara a garantizar el acceso y el suministro a cerca de un millón de pacientes dependen de estas terapias en la Unión Europea (UE).
¿En qué posición está actualmente Europa en terapias derivadas del plasma?
En términos de suministro, esencial para las terapias de plasma, Europa se apoya mucho en el que proviene de fuera de la UE para alcanzar los tratamientos suficientes para los pacientes. En la actualidad, al menos el 40% del plasma que se necesita para desarrollar terapias para los pacientes europeos es importado, y la mayoría procedente de Estados Unidos (EEUU).
Somos muy dependientes de las fuentes externas de plasma. Y está bien en un mundo en el que no hay problemas con la cadena de suministro. Pero en otro escenario no ideal, lo que debemos hacer en Europa es incrementar las reservas de plasma desarrolladas aquí, y asegurar nuestra sostenibilidad y certeza sobre el plasma local para garantizar una cadena de suministro sostenible para dichas terapias.
“Europa debe incrementar las reservas de plasma desarrolladas localmente”
Es una de las maneras más seguras de hacerlo. Cada vez, más gobiernos europeos se están dando cuenta, principalmente, por las interrupciones en la cadena de suministro y los problemas que genera. De ahí que los Estados miembros quieran mejorar los niveles de donación de plasma y hacer sostenible ese flujo en toda la UE.
¿Y España?
La situación española es interesante. Hablamos de las cadenas de suministro y de la necesidad de mejorar. El hecho es que en España la cultura de donación de órganos y tejidos tiene un modelo distinto. Hay una concienciación mayor de la naturaleza altruista de ayudar a otras personas a través de las donaciones de algo que tú tienes.
Es especialmente interesante si piensas que en muchos países europeos apenas conocen sobre la donación de plasma. Es más habitual la donación de sangre. Pero mucha gente no sabe que se dona plasma hasta que conoces a alguien que necesita una donación. Si aumentamos la concienciación al respecto, podremos aumentar la donación y tendremos más suministros. Creo que el enfoque de España en donación de órganos es muy interesante.
¿Cuál es el principal reto que afronta Europa respecto a este tipo de terapias?
Veo varios desafíos a nivel europeo. Uno de ellos, como hemos comentado antes, en asegurar que contamos con plasma suficiente para fabricar mejores terapias en Europa.
“Si aumentamos la concienciación respecto a la importancia de las terapias con plasma, podremos aumentar la donación y tendremos más suministros”
A eso hay que sumar el envejecimiento poblacional. Ciudadanos que enferman y viven más, junto a las nuevas opciones terapéuticas que están apareciendo, lo que supondrá un aumento de la demanda de terapias derivadas del plasma.
Por lo tanto, cuando una autoridad o un sistema sanitario detectan un aumento del impacto asistencial porque hay más pacientes que necesitan más terapias, es un punto de conflicto. Y en un contexto europeo de presupuestos ajustados, las autoridades sanitarias tienen muy a menudo en cuenta los presupuestos que destinan a las terapias como manera de controlar los gastos dentro del sistema sanitario.
Pero pienso que tanto la gente como las autoridades entienden la naturaleza única de las terapias derivadas del plasma, de su fabricación y las necesidades crecientes. No solo se ven ya los costes, sino que comprenden el valor que estas terapias tienen para los pacientes y la sociedad.
¿En qué situación se encuentra el acceso a estos tratamientos, teniendo en cuenta que para algunos pacientes son su única opción?
Existe un buen acceso a las terapias derivadas del plasma en Europa. En muchos casos, gracias a las guías clínicas para estos tratamientos que establecen que son esenciales. Además, el hecho de que recientemente la EMA haya actualizado el listado de medicamentos críticos en la UE y, también, la OMS haya incorporado diversas terapias derivadas del plasma en su clasificación de medicamentos esenciales.
El acceso es fundamental. El reconocimiento de estas terapias derivadas del plasma como medicamentos críticos nos ayuda como compañía a resaltar el valor y la naturaleza única por la que los pacientes no tienen otra alternativa. Celebramos la incorporación de estos tratamientos en la lista de medicamentos críticos.
“El reconocimiento de estas terapias derivadas del plasma como medicamentos críticos por parte de la EMA nos ayuda como compañía a resaltar su valor y su naturaleza única”
En términos de acceso, esto se ve por ejemplo con las inmunoglobulinas en particular, pero también para el resto de nuestro porfolio. El reto viene cuando se trata de dar a conocerlo y que la gente comprenda que no son productos menores. No reconocen el valor completo de lo que supone fabricarlos y, por tanto, no reconocen los costes materiales de recolectar el plasma y el proceso de trabajo intenso en la producción, que es más largo en comparación con otros medicamentos. Pero es que así se resuelven los aspectos de seguridad para garantizar que el plasma es seguro a la hora de administrarlo a otros pacientes. Y hay un coste asociado a todo ello.
Pienso que a veces no se reconoce porque vemos las terapias derivadas del plasma como unos fármacos para unos pocos. El reconocimiento como medicamentos esenciales podría mejorar el acceso y asegurar vías para que estos tratamientos lleguen a la vez que se pone en valor su particularidad.
En un contexto de envejecimiento poblacional que aumentará la demanda de este tipo de terapias, ¿cómo encontrar un equilibrio que sea sostenible y garantice que los pacientes tengan garantizado el acceso a estos tratamientos?
Es algo que me toca muy de cerca. La presión que sufren los sistemas sanitarios en Europa es constante y se basa, en parte, en el envejecimiento poblacional que repercute en la presión en los costes, con menos médicos y enfermeras en un contexto de mayor demanda asistencial.
“Creo que la cartera de productos de plasma puede ayudar en algunas cuestiones que tienen en jaque a los sistemas sanitarios, como la presión asistencial”
Esto se traduce en una demora en el acceso de los pacientes a sus tratamientos, tanto para su administración como para el inicio de sus terapias. Y los pacientes no siempre tienen fácil acceso a su sanidad, por lo que acaban desistiendo de ver a su especialista. No es algo de un solo país, ocurre en toda Europa.
Con este contexto, creo que el porfolio de plasma puede ayudar en algunas cuestiones que tienen en jaque a los sistemas sanitarios.
Por ejemplo, muchos pacientes reciben inmunoglobulinas por vía intravenosa. La mayoría tiene que acudir hasta su hospital para que se les infusione la terapia. Debe haber una enfermera que esté cerca supervisando que se realiza correctamente. Bueno, pues una de las opciones que tienen estos pacientes es recibir la dosis por vía subcutánea. Se pincha en la epidermis y lo pueden realizar ellos mismos a domicilio, sin ir al hospital.
Si lo vemos a nivel de sociedad, el valor de que los pacientes puedan acceder de manera sencilla a sus terapias, lo que significa más bienestar, que son más productivos y se involucran más en lo laboral, lo familiar o en la educación de sus hijos. Por todo esto, si podemos desarrollar una versión concreta de uno de nuestros productos para que se pueda usar a domicilio, garantizamos que las personas que necesitan una terapia derivada del plasma vayan a tenerla. Beneficia a los pacientes en términos de que no debe viajar hasta el hospital, de que puede realizarse la infusión de su dosis al mismo tiempo que trabaja. Los pacientes nos suelen decir a menudo que ha mejorado su calidad de vida.
“Si podemos desarrollar una versión concreta de uno de nuestros productos para que se pueda usar a domicilio, garantizamos que las personas que necesitan una terapia derivada del plasma vayan a tenerla”
Si más pacientes reciben sus tratamientos a domicilio, es una forma única en la que podemos ayudar a los sistemas sanitarios. Es algo que está sucediendo en muchos países europeos. Dinamarca es un ejemplo de ello: según las guías clínicas para la administración de inmunoglobulinas en inmunodeficiencias primarias y secundarias (entre un 70% y un 80% de los candidatos a recibir tratamiento) podrían beneficiarse de esta opción. Lo que reduciría enormemente los problemas de capacidad de los hospitales.
Es bueno para la sociedad, para el sistema sanitario y para los pacientes. Un escenario de win-win, que yo calificaría como “win-win-win”.
No obstante, todavía queda mucho por hacer cuando hablamos de terapias derivadas del plasma. ¿Dónde está innovando Takeda?
Que llevemos alrededor de 80 años desarrollando terapias derivadas del plasma muestra que llevamos innovando en todo este tiempo, y tenemos una cartera de productos realmente interesante. Algunos con 40 años de antigüedad, con los que seguimos salvando vidas y otros que son medicamentos críticos.
Al mismo tiempo, incorporamos innovaciones al mercado, algunas de ellas se tratan de mejores versiones de un producto ya presente en el mercado. Unod e esos ejemplos es la reducción del tiempo de infusión de uno de nuestros productos. Una innovación que da valor al sistema sanitario debido a que los pacientes que necesitan su terapia la pueden recibir en menos tiempo.
Parece una innovación sencilla, pero todo ello conlleva ensayos, trabajo regulatorio, aprobaciones por parte de las autoridades. Asimismo, innovamos desde el punto de vista de la administración. Probablemente, el mayor beneficio al fin y al cabo es que mejora la experiencia del paciente que recibe su tratamiento. Y es donde estamos centrando nuestra innovación.










