Bárbara Horrillo: «La presión por encajar en el ideal de ‘buena madre’ puede generar profundo malestar emocional»

La psicóloga y docente del CES Cardenal Cisneros analiza cómo las expectativas sociales, la culpa y la falta de apoyo pueden agravar el malestar emocional de las madres y reclama una atención perinatal que integre también la salud mental

depresión-postparto
Barbara Horrillo, psicóloga y docente en el CES Cardenal Cisneros

Fátima del Reino Iniesta
Sobre muchas mujeres siguen pesando expectativas sociales muy rígidas acerca de cómo deben vivir la maternidad. Para Bárbara Horrillo, psicóloga y docente en el CES Cardenal Cisneros, esa presión puede convertirse en una fuente de profundo malestar emocional, especialmente cuando choca con la experiencia real de mujeres que, durante el embarazo y el posparto, se sienten solas, vulnerables, culpables o insuficientes. En esta entrevista a iSanidad, la autora de Expectativas, depresión posparto y vínculo, cuando la crianza no era lo que esperabas, advierte de que la depresión postparto «no puede reducirse a los cambios hormonales» y defiende una mirada perinatal más amplia, capaz de integrar factores previos de riesgo, expectativas maternas, apoyo social, validación emocional y calidad de la atención sanitaria.

«No podemos reducir la depresión posparto a los efectos de los cambios hormonales»

Define la depresión postparto como un fenómeno complejo que va más allá de los simples cambios hormonales. ¿Cuáles son las principales señales y síntomas que las mujeres deben reconocer para identificarla a tiempo? ¿Cómo pueden los profesionales sanitarios ayudar en este diagnóstico temprano?
Los cambios hormonales no son simples; de hecho, son bastante complejos. Sin embargo, efectivamente, no podemos reducir la depresión posparto a los efectos de dichos cambios.  Hay factores que contribuyen a predecirla como depresiones previas, depresión en el embarazo o antecedentes familiares, entre otros.

Cuando la predicción no es suficiente para evitar la depresión y ya aparecen síntomas no siempre es fácil diferenciarla de otras complicaciones. En cualquier caso, la etiqueta de «depresión posparto» no es la señal a la que necesariamente hay que esperar para pedir ayuda.

Las señales que indican sintomatología depresiva se asocian con tristeza profunda, persistente y recurrente, sin alternancia con otros momentos de bienestar y plenitud; rechazo al bebé y falta de deseo de estar con él; llanto incontrolable y recurrente; desánimo generalizado, y un profundo sentimiento de soledad, aislamiento y culpa.

«Las señales que indican sintomatología depresiva se asocian con tristeza profunda, persistente y recurrente»

Menciona que las expectativas sobre la maternidad y el parto pueden contribuir a la depresión postparto. ¿Qué tipo de expectativas son las más perjudiciales para la salud emocional de la madre y cómo puede la madre prepararse mejor para la realidad de la crianza?
Las expectativas potencialmente más dañinas son aquellas que distan más de la realidad y que se combinan con falta de recursos y habilidades de las madres y familias para enfrentarse a ellas. Estas variables (expectativas y recursos) serían variables internas de la persona, mientras que existirían otras expectativas externas, como el apoyo social percibido frente al deseado, las facilidades o dificultades para la conciliación o la incorporación laboral. En realidad, las variables internas y externas están relacionadas, dado que se afectan mutuamente.

Un ejemplo de estas expectativas podrían ser la deseabilidad social que te indica que «tienes que estar feliz y contenta porque acabas de ser madre».  Sin embargo, la realidad se aleja en no pocas ocasiones de esta percepción, ya que las madres pueden sentirse solas, vulnerables, culpables, insuficientes o incapaces. Por eso, es relativamente común sentirse «mala madre».

Actualmente, el acompañamiento a las mujeres embarazadas tiende a centrarse casi exclusivamente en los aspectos físicos del parto. ¿Qué beneficios tiene para la salud mental de la madre un acompañamiento emocional más integral y cómo debería llevarse a cabo durante el embarazo y el posparto?
En primer lugar, los beneficios son preventivos, dado que la evidencia señala los predictores que implican mayor riesgo de padecer trastornos en posparto, y prevenir es la mejor forma de acompañar emocionalmente, es una intervención temprana.

«Prevenir la depresión postparto es la mejor forma de acompañar emocionalmente»

Además, sabemos que la atención sanitaria durante el embarazo y el parto tiene un gran impacto en la salud mental de las madres y, por tanto, en la diada madre-bebé, puesto que no se puede separar en este sentido. Por ello, formar a los profesionales sanitarios que asisten el embarazo y el parto también constituye una labor preventiva para proteger la salud mental.

La salud física, es decir, salvaguardar la vida de la diada madre-bebé, es lógicamente prioritaria, pero no es incompatible con proteger también la salud mental. De hecho, debería protegerse la salud en su totalidad, tanto mental como física.

También expones cómo la madre puede sentir que no cumple con sus propias expectativas respecto a la relación con su hijo. ¿Cómo puede una madre cultivar una relación más saludable con su hijo mientras atraviesa un proceso de depresión postparto o estrés emocional?
Cuando el daño ya está hecho, cuando ya hay un diagnóstico de depresión posparto, el estrés emocional puede ser adaptativo, por lo que habría que valorar cada situación, se requiere una intervención y un tratamiento sobre la salud mental de la madre abordados desde un enfoque específicamente perinatal.

Se trata de ir al origen de la depresión y ver los patrones, siguiendo al doctor Almendro, que han emergido con la maternidad; patrones que seguramente ya estaban antes del embarazo, pero que ahora están emergiendo en su máxima expresión. También hay que explorar el apego con las principales figuras de apego de la madre, el vínculo afectivo y otras variables.

«La salud física es prioritaria, pero no es incompatible con proteger también la salud mental»

Se valora asimismo la transición a la maternidad, la matrescencia, y las necesidades cubiertas y no cubiertas de maternar y ser maternada.

¿Qué estrategias o enfoques emocionales crees que son más efectivos para superar este tipo de depresión y cómo pueden las madres comenzar a encontrar apoyo?
Las mujeres muchas veces no saben que lo que les pasa es una depresión posparto. Nadie se lo explicó y tienden a pensar que lo que les sucede es fruto del cansancio o de las hormonas, pero eso es solo una parte de la realidad. Muchas veces incluso ignoran que existe la psicología perinatal y que pueden recurrir a ella.

Por tanto, lo primero es poner el foco en la necesidad de divulgar que existen estas figuras, que lo que les sucede es relativamente frecuente, que no son las únicas y que tiene solución.

Para ello, lo esencial es validar siempre las emociones de las mujeres, sean cuales sean; ofrecer un espacio seguro para que puedan expresarlas y, por supuesto, no juzgar. Desde ahí, desde la aceptación de lo que les sucede, se puede explorar el origen sin que ellas mismas se juzguen y, a partir de ahí, comenzar la terapia, siempre con la consciencia como guía.

«El impacto emocional se minimiza dando espacio a la expresión emocional, permitiendo que surjan los miedos y las inseguridades, si los hay, y ofreciendo respuestas y herramientas para manejarse en el posparto»

En tu obra, mencionas que la preparación para el parto debería incluir también una preparación emocional. ¿Por qué es esencial que los futuros padres exploren sus expectativas sobre la vida familiar antes del nacimiento de un hijo? ¿Cómo puede esto prevenir el shock emocional posterior?
Precisamente, para nombrar y hacer conscientes esas expectativas, y traerlas a la realidad si es necesario. Se trata de ofrecer a la mujer que lo desee la posibilidad de hacer un trabajo de autoconocimiento personal, ya que está en un momento vital especialmente sensible para ello. Es lo que los psicoanalistas denominan transparencia psíquica, que permite una apertura de consciencia idónea para explorar la vida psíquica de la mujer.

Además, se pueden ofrecer herramientas que proporcionen seguridad en el parto, favorezcan un vínculo afectivo saludable con el bebé, preparen un terreno sólido que facilite un estilo de apego seguro y permitan llevar a cabo una crianza lo más parecida posible al estilo que cada familia considere más adecuado.

El impacto emocional se minimiza dando espacio a la expresión emocional, permitiendo que surjan los miedos y las inseguridades, si los hay, y ofreciendo respuestas y herramientas para manejarse en el posparto.

Una de las frases que mencionas es que la madre siente que sus sentimientos negativos son exclusivos de ella, lo que refuerza su sensación de aislamiento. ¿Cómo puede la aceptación de esos sentimientos ser un primer paso para atravesar el dolor emocional de la maternidad, y por qué este enfoque es más efectivo que reprimir esos sentimientos?
Reprimir los sentimientos no es efectivo, al menos a largo plazo. La evitación o la negación pueden resolver momentáneamente en el corto plazo y, dado que funcionaron en su momento, a veces esas estrategias se quedan instauradas como respuestas falsamente resolutivas.

«Validar los sentimientos no es hacer como si los validáramos, es validarlos de verdad»

Aceptar los sentimientos es validarlos. Y, como decía antes, es una máxima en psicología que trato de trasladar siempre a mis alumnos de grado para que la integren bien en cualquier campo de la clínica. Validar los sentimientos no quiere decir que el psicólogo le diga a su paciente: «No te preocupes, es normal». No seré yo quien defienda la psicología de «dar palmaditas en la espalda».

Validar los sentimientos no es hacer como si los validáramos, es validarlos de verdad, y eso la paciente lo nota, evidentemente. Validar los sentimientos es escucharlos, sin juicio, y hacer preguntas sobre ellos para ver bajo qué «paraguas» se están sustentando y en qué aspectos de la vida de la persona tuvieron sentido en su momento para que se hayan asentado.

También mencionas que «nuestra cultura sigue priorizando la lógica de la máquina y los intereses del adulto por encima del proceso vital». ¿Cómo crees que las expectativas sociales y culturales sobre la maternidad contribuyen a los problemas emocionales de las madres?
Hay un constructo social en nuestra cultura muy bien arraigado que define lo que es una «buena madre»: una madre que se sacrifica, que deja todo por sus hijos, que se anula, que puede con todo, las tareas domésticas, el trabajo, la crianza, la conciliación, y, sobre todo, que ha de estar siempre presente para sus hijos. Una madre para la que cualquier decisión que no venga priorizada por la atención constante a sus hijos es tachada de «mala madre».

«No alcanzar ese ideal inalcanzable genera frustración, indefensión, inseguridad, soledad y aislamiento»

Cuando una mujer es madre, no tiene que cumplir este estereotipo para ser una «buena madre», pero la presión social en este sentido ya está servida. No alcanzar ese ideal, que, por cierto, es inalcanzable porque no somos «supermujeres», genera frustración, indefensión, inseguridad, desconfianza, soledad, aislamiento y, en definitiva, un sentimiento de «mala madre».

Y no digamos ya si, además, se pierde la paciencia en un momento dado, se grita o se comete alguna acción que genere culpa en la madre. Esa incapacidad de alcanzar un ideal imposible, y que además se percibe como que otras mujeres sí alcanzan, solo puede contribuir a generar sentimientos de profundo malestar emocional.

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