«Las infecciones por enterobacterales productoras de MBL son cada vez más frecuentes y disponer de alternativas terapéuticas es muy buena noticia»

Dr. Ricard Ferrer, jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Vall d’Hebron

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Fátima del Reino Iniesta
Las infecciones por enterobacterales productoras de metalobetalactamasas (MBL) suponen un reto creciente en los hospitales, especialmente en pacientes críticos. El Dr. Ricard Ferrer, jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Vall d’Hebron, ha explicado a iSanidad que estas bacterias reducen de forma importante las opciones terapéuticas.

A raíz de los datos del estudio español Circe, realizado en 14 hospitales con 232 pacientes, ha subrayado el valor de disponer de alternativas como cefiderocol, que alcanzó una curación clínica del 68% y una supervivencia del 83% en personas con estas infecciones. En un contexto marcado por la resistencia a los antimicrobianos, el Dr. Ferrer ha destacado también la importancia del diagnóstico rápido, el control de la infección y el uso racional de antibióticos para evitar que este problema siga creciendo.

¿Qué son las infecciones por enterobacterales productoras de MBL y por qué preocupan tanto?
Estas bacterias son portadoras de una enzima llamada metalobetalactamasa. Esta enzima es capaz de hidrolizar, es decir, destruir cualquier antibiótico betalactámico, cualquiera de los antibióticos que utilizamos para tratar este tipo de infecciones.

A medida que han ido apareciendo estas bacterias, nos hemos encontrado con que las opciones para tratar este tipo de infecciones cada vez han sido más reducidas. Antes de disponer de cefiderocol, para tratar estas infecciones prácticamente solo nos quedaba un antibiótico, la colistina, que tiene un margen de seguridad estrecho. Es decir, mataba estas bacterias, pero el riesgo de toxicidad para el paciente era alto.

«Antes de disponer de cefiderocol, para tratar estas infecciones prácticamente solo nos quedaba la colistina»

Cefiderocol lo que ha aportado es que es un antibiótico betalactámico, que son antibióticos muy seguros, y en este caso sí que es estable: no es hidrolizado ni destruido por estas bacterias que tienen esta enzima.

Todas las infecciones en las que trabajo son infecciones intrahospitalarias, adquiridas en el hospital por este tipo de bacterias. Lo que se quería ver en este estudio es qué tal funcionaba el antibiótico para tratar estas infecciones. Es un estudio observacional y sin grupo control, es decir, no hay un grupo tratado con otro antibiótico.

Los médicos decidieron poner este antibiótico y probablemente era la mejor opción para estos pacientes. Los resultados que vemos son muy buenos para el tipo de infecciones que son.

¿Son cada vez más frecuentes estas superbacterias en los hospitales españoles?
Sí, cada vez son más frecuentes y, al tener opciones tan limitadas de tratamiento, es un problema. También ocurre que estas bacterias suelen afectar a pacientes que están muy graves. Entre que el paciente está muy grave, la bacteria es difícil de tratar y este tipo de infecciones son cada vez más frecuentes, se va convirtiendo en un problema más grande. Disponer de alternativas para tratarlas es una muy buena noticia.

«Entre que el paciente está muy grave y la bacteria es difícil de tratar, cada vez se va convirtiendo en un problema más grande»

¿Qué retos plantea el diagnóstico rápido de estas bacterias productoras de MBL?
Depende un poco del servicio de microbiología que tengas. Los hospitales que han participado en este estudio tienen todos un servicio de microbiología potente, y en unas 24-48 horas ya pueden tener los resultados. Incluso, si se emplea alguna técnica de laboratorio de las que llamamos moleculares, pueden estar un poco antes.

Lógicamente, en hospitales que no tienen acceso a estos laboratorios, aislarlas puede tardar más tiempo. Se puede alargar de 72 a 96 horas.

¿Por qué son especialmente graves en pacientes ingresados en UCI? ¿Cómo cambia la estrategia terapéutica cuando se confirma una enterobacteria productora de MBL?
Nosotros hacemos un tratamiento empírico, es decir, no sabemos qué bacteria va a haber. En cuanto conocemos el resultado, adaptamos el tratamiento empírico al óptimo para esa infección.

Una vez sabemos qué bacteria es y, además, conocemos su mecanismo de resistencia y sabemos que tiene, por ejemplo, una metalobetalactamasa, es cuando ponemos este tratamiento, que sería el óptimo para esta bacteria.

«En cuanto conocemos el resultado, adaptamos el tratamiento empírico al óptimo para esa infección»

Es decir, el paciente puede estar recibiendo en las primeras horas un tratamiento que aún no sea el óptimo, porque hasta que no tenemos la identificación estamos solo con un tratamiento que intenta cubrir al máximo, pero puede no estar cubriendo este tipo de infecciones.

¿Qué papel puede tener cefiderocol en pacientes con pocas opciones terapéuticas? ¿Cómo se decide qué antibiótico usar en un paciente crítico con una infección resistente?

Normalmente se hace el tratamiento dirigido cuando ya sabemos que tiene esta infección. Luego hay otro grupo de pacientes en los que aún no tenemos la infección confirmada, pero sabemos que ese paciente ha tenido una infección previa por este microorganismo o está colonizado. Es decir, ese microorganismo ya vive con él en el tubo digestivo, por ejemplo.

Si ya tenemos esa evidencia antes de que el paciente esté infectado, sabemos que tiene el tubo digestivo colonizado o que ha tenido ya una infección previa por este microorganismo. En ese caso sí podemos utilizar cefiderocol antes.

Si no tenemos esa sospecha tan directa, basada en que está colonizado o que ha tenido la infección previa, habitualmente hemos de esperar a tener la identificación.

¿Qué debe hacerse en los hospitales para frenar el avance de la resistencia antimicrobiana?
Estamos haciendo intervenciones muy importantes. Hay intervenciones de control de la infección: los pacientes que tienen este tipo de infecciones tienen un tipo de aislamiento concreto para que no se extienda el microorganismo a otros pacientes.

Hace unos días fue el Día Mundial de la Higiene de Manos, con solución alcohólica o con jabón, que es importantísima en los hospitales. Todo esto tiene mucho que ver con el control de la infección: que estos pacientes que adquieren este tipo de bacterias tengan este aislamiento y no estén en contacto con otros pacientes, y que los profesionales, con sus manos, los guantes, etcétera, no transmitan el microorganismo de un paciente a otro.

«El buen uso de antibióticos y todas las medidas de control de infección son claves para evitar que este problema siga creciendo»

Esta es una intervención importante que hacemos día a día en los hospitales. Por otro lado, también están todos los programas dedicados al uso racional de antibióticos, evitando el sobreuso, con esta estrategia que le he explicado: utilizar este antibiótico solo cuando es necesario y, si no es necesario, preservarlo para que las bacterias no desarrollen resistencias a este antibiótico más nuevo.

Tanto el buen uso de antibióticos como todas las medidas de control de infección son claves para evitar que este problema siga creciendo.

En los últimos años se ha avanzado mucho en este sentido. Los antibióticos se utilizan mucho mejor y el control de la infección también se hace mucho mejor en los hospitales, pero lógicamente queda camino por recorrer porque aún seguimos viendo este tipo de infecciones.

¿Qué papel está teniendo España en la investigación sobre este tipo de infecciones en el paciente crítico?
En España estamos haciendo estudios muy importantes en este tipo de infecciones. Este es un estudio importante porque participan muchos hospitales españoles. Ha habido otros estudios parecidos que hemos hecho también con este antibiótico. En España, realmente, en el mundo de las enfermedades infecciosas y de las enfermedades infecciosas en el paciente grave, estamos haciendo esfuerzos muy importantes por entender cómo se comportan estas infecciones y cómo funcionan estos antibióticos.

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