El Museo Cajal acelera el ocaso del Icomem

La creación del Museo Cajal por parte del Ministerio de ciencia en Santa Isabel ahonda la crisis del ICOMEM, aislado institucionalmente y ante una previsible defunción

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Luisde Haro. Director general de iSanidad
La decisión del Ministerio de Ciencia de crear el Museo Nacional Cajal en el edificio de la calle Santa Isabel trasciende un conflicto patrimonial. No es solo una simple redistribución de espacios. Lo que está en juego es el futuro del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM) y ocaso del modelo institucional colegial madrileño. La resolución del Ministerio de Diana Morant supone un punto de inflexión porque no solo modifica el uso de un inmueble histórico. La realidad es que altera la capacidad operativa del Colegio y pone en cuestión su viabilidad tal y como se ha conocido hasta ahora. La pérdida de espacios estratégicos marca un antes y un después para los médicos madrileños.

El uso compartido de la sede del ICOMEM deja a la corporación sin una capacidad operativa necesaria para la actividad actual

Desde el punto de vista económico, el impacto es demoledor. El Colegio deja de disponer con plena autonomía de instalaciones como el Pequeño Anfiteatro o las aulas históricas, elementos básicos para su propia financiación. Además, el uso del Gran Anfiteatro queda condicionado a la autorización de la dirección del futuro museo, con la falta de independencia que supone. Estas limitaciones afectan directamente a una de las principales fuentes de ingresos de la institución. La organización de congresos, jornadas y eventos ha permitido durante años complementar la financiación colegial. Sin esos espacios, la actividad ordinaria se complica. El Gran Anfiteatro, por muy emblemático que sea, resulta poco práctico para el funcionamiento diario aunque sea compartido.

Sin embargo, el ocaso del ICOMEM no nace con esta resolución ministerial, solo lo remata. La decisión del Gobierno ha dejado ver una debilidad que llevaba tiempo gestándose. La institución afronta este desafío sin aliados y sin capacidad para movilizar apoyos. En circunstancias similares, cualquier corporación profesional buscaría el respaldo de su sector. La corporación, en cambio, afronta este episodio en una preocupante soledad.

El ICOMEM se enfrenta a su ocaso en una relevante soledad

Los sindicatos médicos mantienen desde hace años una relación de confrontación con la actual junta directiva. El Ministerio de Sanidad tampoco ha mostrado una posición favorable. La Organización Médica Colegial ha priorizado el valor científico e histórico del legado de Santiago Ramón y Cajal frente a la defensa del edificio como sede colegial. Pero el dato más revelador es otro: tampoco los médicos madrileños han protagonizado una movilización significativa en defensa de su Colegio.

Ese aislamiento no puede entenderse sin analizar el contexto interno. El ICOMEM atraviesa una profunda crisis de legitimidad porque la institución continúa con un gobierno en funciones, unas elecciones judicializadas y varios procedimientos penales que afectan a su junta directiva. Ese escenario ha deteriorado su capacidad para ejercer su liderazgo y para representar con solvencia a la profesión. La institución ha perdido credibilidad y capacidad de convocatoria. La llegada de un conflicto de gran magnitud como el actual, descubre que ya no dispone del respaldo que se presuponía.

El Ministerio de Ciencia ha actuado sabiendo que no hay quien defienda a los médicos madrileños que representa el propio Colegio

Sería un error interpretar esta situación únicamente como una victoria administrativa del Estado sobre una corporación profesional. La pérdida de protagonismo del ICOMEM responde también a un progresivo distanciamiento respecto a los médicos a los que representa. Ninguna resolución ministerial explica por sí sola la ausencia de una reacción colectiva.

La historia del edificio de Santa Isabel continuará ligada a la medicina gracias al futuro Museo Nacional Cajal. Sin embargo, el Colegio de Médicos de Madrid afronta ahora un reto mucho más complejo: reconstruir su legitimidad, recuperar la confianza de sus colegiados y redefinir su papel institucional. Sin ese proceso de regeneración, la pérdida de espacios será solo el síntoma más visible de una crisis mucho más profunda.

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