Patricia Durán Carrasco
“Mirar unos segundos directamente al sol o a un eclipse sin llevar gafas con el factor de protección adecuado no pasa nada”. Esta es una de las ideas erróneas que mantiene una parte importante de la población general y que destacan las asociaciones de enfermeras oftalmológicas cuando se habla de problemas oculares, en concreto, de los provocados por la exposición prolongada al sol.
Dependiendo de la época del año y de la actividad que se realice al aire libre, los ojos están expuestos a la radiación ultravioleta. El verano es la estación en la que se dispara el número de consultas relacionadas con molestias oculares debido al aumento de la exposición solar. Sin embargo, las enfermeras oftalmológicas recuerdan que el riesgo existe durante todo el año, incluso en invierno, cuando la radiación también puede ser intensa, especialmente en zonas de montaña o sobre superficies altamente reflectantes, como la nieve.
Mirar al sol sin la protección adecuada eleva el riesgo de padecer daños oculares irreversibles
Aunque existen otros momentos en los que la precaución debe ser máxima para proteger la salud ocular. Es el caso del eclipse solar, como el que se producirá el próximo 12 de agosto. “El riesgo de lesión retiniana aumenta si no se emplean sistemas de protección específicos”, destacan desde la Asociación de Enfermeras Oftalmológicas de Canarias (AEOC). “Todavía existen numerosas creencias erróneas que se perpetúan sin tener respaldo científico. Una de las más frecuentes es pensar que unas gafas oscuras, aunque no estén homologadas, protegen adecuadamente del sol”, alertan.
Las enfermeras oftalmológicas también señalan que es habitual creer que mirar al sol durante unos segundos no supone ningún riesgo o que, durante el eclipse, es suficiente utilizar radiografías, cristales ahumados, gafas de sol convencionales o dispositivos caseros. En este sentido, la Asociación de Enfermeras Oftalmológicas de la Comunidad Valenciana (AEOCV) añade que este tipo de elementos “pueden ser altamente peligrosos y dañinos para la córnea y la retina”. Asimismo, recuerdan que “las radiaciones ultravioletas están presentes todo el año, siendo más intensas en la montaña, la nieve o junto al mar”. Ambas asociaciones recalcan que la radiación ultravioleta no desaparece cuando el cielo está nublado y que la exposición acumulada también contribuye al desarrollo de enfermedades oculares a largo plazo, como las cataratas.
Educación sanitaria sobre salud ocular
Las autoridades y los profesionales de la oftalmología están inmersos en campañas de concienciación de cara al eclipse total del próximo 12 de agosto para informar a la población de la importancia de utilizar gafas específicamente diseñadas para observar eclipses. Estas deben estar homologadas conforme a la norma internacional ISO 12312-2, así como contar con el marcado CE, que garantiza el cumplimiento de la normativa europea en materia de seguridad ocular. Este tipo de gafas incorpora filtros que atenúan la luz solar hasta niveles seguros y reducen la radiación dañina para los ojos. Las enfermeras oftalmológicas advierten de que “las gafas de sol habituales, aunque tengan cristales muy oscuros, no ofrecen una protección suficiente”.
Las enfermeras oftalmológicas son las encargadas de realizar las pruebas que ayudan a establecer un diagnóstico de a lesión ocular
En este contexto, la educación sanitaria adquiere una mayor relevancia a la hora de concienciar a la población sobre los factores que ponen en riesgo la salud ocular. En palabras de la AEOC, “nuestra labor se centra en educar a la población sobre las medidas de protección adecuadas, identificar precozmente signos y síntomas de alarma y realizar el seguimiento de los pacientes dentro del plan terapéutico establecido por el oftalmólogo”.
A través de las enfermeras oftalmológicas se trabaja para aumentar la adherencia al autocuidado. Para ello, estas profesionales de la salud centran su mensaje en un lenguaje claro y adaptado a cada persona, resolviendo dudas y explicando que muchas lesiones retinianas producidas por la radiación solar pueden ser irreversibles. Según la AEOCV, “debemos reforzar los conceptos para explicar el motivo por el que ocurren determinadas situaciones o consecuencias. Se fomenta desde un enfoque positivo explicando los beneficios de una protección adecuada y las complicaciones que puede tener ignorar las recomendaciones. Ver un eclipse (por corta que sea su duración), no llevar gafas de sol en lugares donde el sol es muy intenso o no hidratarse los ojos ante la sequedad puede conllevar serios problemas oftalmológicos”.
Asimismo, ambas asociaciones instan a seguir reforzando la educación sanitaria desde edades tempranas para aumentar la concienciación de la población sobre los riesgos reales que tiene la retina cuando se expone de manera excesiva a la radiación solar, especialmente durante fenómenos astronómicos que aparentemente son inofensivos, como los eclipses totales. “Nuestra posición en los circuitos asistenciales actuales permite situar a nuestra profesión en un lugar clave para estos contactos con las personas. Nos convertimos en un nexo perfecto entre la demanda y el resto del equipo asistencial que promueve la salud ocular”, comentan desde la AEOC.
El proceso asistencial de enfermería
En caso de que la lesión se haya producido por cualquiera de las posibles causas, las enfermeras oftalmológicas son las encargadas de realizar las pruebas que ayudan a establecer un diagnóstico para que el oftalmólogo pueda identificar y valorar la lesión. Entre sus funciones destacan realizar una primera valoración, identificar los posibles signos de gravedad, proporcionar consejos a los pacientes ante los problemas derivados de una exposición solar no controlada y facilitar una atención ágil dentro del circuito asistencial. La AEOCV destaca que “las alteraciones visuales crean situaciones de ansiedad e incertidumbre, siendo necesario nuestro apoyo emocional”.
Las gafas diseñadas para la observación del eclipse deben cumplir con la norma internacional ISO 12312-2 y contar con el marcado CE
“No obstante, es importante recordar que el diagnóstico y la indicación del tratamiento corresponden siempre al oftalmólogo”, matizan desde las asociaciones. Asimismo, estas profesionales hacen hincapié en que el daño ocular provocado por el sol no siempre se manifiesta de forma inmediata; en muchas ocasiones es el resultado de una exposición repetida y mantenida en el tiempo.
La recomendación de la AEOC y la AEOCV es que “si tras observar el sol o un eclipse una persona presenta disminución de la agudeza visual, visión borrosa, aparición de una mancha central, alteraciones en la percepción de los colores o cualquier otro síntoma visual, debe acudir cuanto antes para ser valorada por un oftalmólogo”.







