Redacción
La reirradiación con protonterapia alcanzó una supervivencia global del 67,1% a los 12 meses en pacientes con cáncer recurrente de cabeza y cuello que habían recibido previamente radioterapia, según un estudio del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra (CCUN) publicado en la revista Cancers.
El trabajo analizó retrospectivamente los datos de un registro prospectivo de un único centro, que incluyó a 65 pacientes tratados entre enero de 2020 y diciembre de 2025, con cáncer de cabeza y cuello recurrente o un segundo tumor primario. Del total, 60 presentaban una recurrencia y cinco un segundo tumor primario. Además, 45 recibieron la reirradiación con intención radical y 20 tras una intervención quirúrgica.
Esta terapia representa uno de los escenarios más complejos de la oncología radioterápica, ya que los tejidos sanos de la zona afectada han recibido previamente una dosis elevada de radiación. Por ello, administrar un segundo tratamiento requiere concentrar la radiación sobre el tumor y reducir al máximo la exposición de los tejidos que lo rodean.
La protonterapia concentra la radiación en el tumor y reduce la exposición de los tejidos sanos
En los pacientes con cáncer de cabeza y cuello recidivado que no pueden ser tratados mediante cirugía, la reirradiación constituye en muchos casos la única alternativa con intención curativa. Sin embargo, el tratamiento debe realizarse con especial precisión para minimizar la dosis recibida por estructuras críticas como la médula espinal, el tronco cerebral, las vías ópticas, los vasos carotídeos o la mandíbula.
En este contexto, las propiedades físicas del haz de protones permiten depositar la mayor parte de la radiación directamente sobre el tumor y reducir la irradiación innecesaria de los tejidos sanos situados alrededor y más allá de la lesión. Según los investigadores, esta precisión puede ampliar la ventana terapéutica de los pacientes seleccionados.
El 92% de los pacientes completó el tratamiento y el 7,7% presentó mucositis oral aguda grave
El Dr. Enrique Amaya, especialista del Departamento de Oncología Radioterápica de este centro, ha explicado que la reirradiación es especialmente compleja porque los tejidos ya han recibido una dosis muy elevada de radiación. En este escenario, señala la prototerapia permite concentrar mejor la dosis sobre el tumor y reducir la irradiación de los tejidos previamente tratados.
Los resultados muestran una supervivencia global mediana de 17,2 meses y una supervivencia libre de progresión de 10,1 meses. Además, el 92% de los pacientes completó el tratamiento. Respecto a la toxicidad, el 7,7% de los pacientes presentó mucositis oral aguda grave y no se registraron toxicidades agudas de grado 4 o 5. En cuanto al seguimiento mediano fue de 9,3 meses, por lo que los autores consideran todavía preliminares los datos sobre toxicidad tardía. Además, durante este periodo, se registró osteorradionecrosis tardía en el 6,2% de los pacientes.
El estudio también aporta información relevante sobre los factores que pueden ayudar a determinar qué pacientes son candidatos a la reirradiación. Inicialmente, los tumores localizados en la base del cráneo o en zonas centrales próximas a esta región parecían asociarse con peores resultados.
El estadio T3-T4 fue el único factor pronóstico independiente asociado a una menor supervivencia libre de progresión
Sin embargo, el análisis mostró que esta diferencia se explicaba principalmente por la mayor carga de enfermedad localmente avanzada presente en estos pacientes. De hecho, el estadio T3-T4 fue el único factor pronóstico independiente asociado a una menor supervivencia libre de progresión.
Para el Dr. Amaya, este resultado indica que la localización del tumor, por sí sola, no debería excluir a un paciente de una posible reirradiación. La selección debe tener en cuenta especialmente la extensión de la enfermedad y las características de cada paciente.
La prototerapia busca ampliar la ventana terapéutica
La protonterapia busca ampliar las posibilidades de tratamiento en pacientes para los que una nueva irradiación puede conllevar un riesgo elevado de toxicidad. Su capacidad para concentrar la dosis sobre la lesión y reducir la exposición de los tejidos situados más allá del tumor permite proteger estructuras que ya han recibido radiación previamente.
El estudio respalda así el uso de esta tecnología en pacientes seleccionados con cáncer recurrente de cabeza y cuello, aunque la selección de los candidatos continúa siendo un elemento fundamental para equilibrar el control tumoral y el riesgo asociado a una segunda irradiación.







