Una agudización de EPOC multiplica por diez el riesgo cardiovascular en la primera semana

La II Jornada de Riesgo Cardiovascular del Hospital Universitario del Henares ha reunido a varias especialidades en torno al paciente vascular, con la EPOC como una de sus claves

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Redacción
La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y las patologías cardiovasculares no son dos entidades que simplemente coincidan en el mismo paciente: viajan juntas, se retroalimentan y, sobre todo, se disparan la una a la otra en los momentos más críticos. Así lo ha expuesto el Dr. Luis Cabeza Osorio, jefe de Medicina Interna del Hospital Universitario del Henares y presidente de la Sociedad de Medicina Interna de Madrid y Castilla-La Mancha (SOMIMACA), durante la II Jornada de Riesgo Cardiovascular celebrada en el centro madrileño, donde ha reunido a especialistas de cardiología, nefrología, neurología, endocrinología y atención primaria para revisar cómo abordar de forma global al paciente con alto riesgo vascular.

El Dr. Cabeza ha recurrido a la metáfora de la persistencia retiniana, el efecto óptico que hace que el cerebro integre fotogramas independientes como una sola imagen en movimiento, para explicar por qué médicos y pacientes tienden a fusionar diagnósticos como «EPOC con insuficiencia cardíaca secundaria» sin diseccionar la relación real entre ambos procesos. Según los datos que presentó, la hipertensión arterial coexiste en hasta el 63% de los pacientes con EPOC, y la comorbilidad se extiende a arritmias, cardiopatía isquémica y enfermedad vascular periférica.

El pico de riesgo cardiovascular tras una agudización de EPOC

El dato que ha marcado la ponencia ha sido el análisis de un estudio español con más de 24.000 pacientes, que muestra cómo el riesgo de sufrir un evento cardiovascular (arritmia, descompensación de insuficiencia cardíaca o síndrome coronario agudo) se multiplica por diez en los primeros siete días tras una agudización respiratoria. Ese riesgo desciende de forma progresiva, pero se mantiene elevado durante todo el primer año, con picos marcados a los siete y a los treinta días.

Dr. Luis Cabeza (SOMIMACA)

El patrón, ha señalado el internista, no es una singularidad española: estudios equivalentes en Alemania, Estados Unidos, Reino Unido y Países Bajos, con muestras de entre 100.000 y más de 400.000 pacientes, reproducen la misma curva. La mortalidad a los tres-seis años tras una primera exacerbación grave de EPOC alcanza el 50%, y cada nueva agudización reduce el margen de tiempo hasta la siguiente, en un proceso progresivamente más difícil de prevenir y tratar.

Esa ventana de vulnerabilidad obliga, según el especialista, a replantear el seguimiento del paciente estable: estimar su riesgo cardiovascular con las mismas herramientas empleadas en población general, controlar de forma estrecha la tensión arterial, la diabetes y el perfil lipídico, y completar el estudio cardiovascular con pruebas como la ecocardiografía, ya que las guías no fijan objetivos de control específicos para el paciente EPOC más allá de los generales.

Infratratados por miedo: el mito de los betabloqueantes

Uno de los mensajes más directos de la jornada fue la denuncia del infratratamiento sistemático que sufren estos pacientes. El temor heredado sigue condicionando la práctica clínica pese a que la evidencia respalda su uso en pacientes con indicación clara: insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida, arritmias o cardiopatía isquémica.

El Dr. Cabeza ha citado además estudios con más de cuatro millones de pacientes que muestran que quienes tienen EPOC y fibrilación auricular reciben menos betabloqueantes que el resto, y que esa combinación de enfermedades implica más ingresos, más visitas a urgencias y una mortalidad cardiovascular y global superior. La coexistencia de ambas patologías, ha resumido, implica peor pronóstico y tratamiento subóptimo.

Los expertos vinculan la prevención cardiovascular con hasta el 45% de los casos potencialmente evitables de demencia

El vínculo entre los factores de riesgo vascular y el deterioro cognitivo fue otro de los grandes temas de la tarde. El Dr. Fernando Pérez Parra, jefe de Neurología del centro, ha presentado datos de una publicación de 2024 que amplía a catorce el número de factores de riesgo modificables asociados a la demencia (entre ellos la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la obesidad y el tabaquismo) y concluye que hasta un 45% de los casos de demencia podrían prevenirse actuando sobre ellos. El ponente ha subrayado que, a día de hoy, ese control de factores sigue siendo la principal herramienta disponible, ya que los nuevos fármacos antiamiloide muestran beneficios clínicos todavía discretos y con riesgos asociados no despreciables.

La jornada, coordinada por los doctores Cabeza, Paraíso y Porro, ha contado también con las ponencias de la Dra. Laura Larrín Colino sobre el cálculo del riesgo vascular mediante SCORE2 y SCORE2-OP, la Dra. Patricia Domínguez Apiñániz sobre el manejo de la enfermedad renal crónica, la Dra. Cristina Fernández Fernández sobre el paciente obeso de alto riesgo, y los doctores Pablo Macazaga, Daniel Corrochano Diego y David Jiménez Virumbrales, que han cerrado la tarde con las novedades terapéuticas en dislipemia y alto riesgo cardiovascular.

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