Redacción
En España se diagnosticarán alrededor de 12.000 nuevos casos de linfoma en 2026, dentro de los cerca de 28.000 nuevos casos de cáncer hematológico previstos para este mismo año, según los últimos datos del Grupo Español de Linfomas (Geltamo) y la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan). Sin embargo, “los avances en anticuerpos monoclonales, terapias dirigidas, inmunoterapia y terapias celulares han mejorado enormemente las posibilidades de tratamiento”, explica la Dra. Gabriela Salvatierra, especialista del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, durante su intervención en un taller dirigido a pacientes con esta enfermedad y familiares.
Uno de los contenidos abordados durante el taller ha sido el de los linfomas de bajo grado o indolentes, cuyo comportamiento puede ser muy diferente al de otros tipos de linfoma. En determinados pacientes, esta evolución más lenta permite adoptar una estrategia de observación activa antes de iniciar un tratamiento. “La estrategia de ‘vigilar y esperar’ es uno de los conceptos que más sorprende a los pacientes”, explica la Dra. Carolina Miranda, jefa asociada del Servicio de Hematología y Hemoterapia del hospital mostoleño. “Sin embargo, es una práctica respaldada por décadas de evidencia científica y por las principales guías internacionales”, añade.
Los avances en anticuerpos monoclonales, terapias dirigidas, inmunoterapia y CAR-T han ampliado las opciones para tratar distintos tipos de linfoma
En determinados linfomas indolentes, especialmente cuando el paciente permanece asintomático y presenta una baja carga tumoral, diversos estudios han demostrado que iniciar el tratamiento de forma inmediata no mejora la supervivencia global frente a retrasarlo hasta la aparición de síntomas o criterios clínicos de progresión.
Las guías de la European Society for Medical Oncology (ESMO) y de la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) contemplan la observación activa como una estrategia válida en pacientes seleccionados con determinados linfomas indolentes. Este enfoque permite preservar la calidad de vida, evitar toxicidades innecesarias y utilizar las opciones terapéuticas cuando aporten un beneficio real al paciente.
La transformación del tratamiento del linfoma ha sido especialmente significativa. A los anticuerpos monoclonales anti-CD20, que supusieron un importante avance en el abordaje de múltiples linfomas B, se han sumado nuevas generaciones de tratamientos dirigidos, anticuerpos conjugados, inhibidores de BTK, anticuerpos biespecíficos, inmunoterapia basada en inhibidores de puntos de control inmunitario y terapias celulares CAR-T. Al mismo tiempo, los avances en biología molecular e inmunohistoquímica permiten conocer mucho mejor las características de cada linfoma y adaptar las decisiones terapéuticas a cada caso.
Iniciar el tratamiento de forma inmediata no mejora la supervivencia global frente a retrasarlo hasta la aparición de síntomas, según diversos estudios
Asimismo, esta evolución también ha cambiado la forma de abordar la información con los pacientes. Comprender qué enfermedad presentan, por qué se elige una determinada estrategia y qué pueden esperar del proceso permite afrontar el tratamiento con mayor conocimiento y participación.
Cuidados físicos y mentales
El abordaje del linfoma va más allá de las terapias dirigidas a combatir la enfermedad. Durante la jornada, el equipo de Enfermería ha puesto el foco en los autocuidados y en aquellas medidas que pueden contribuir al bienestar físico y emocional de los pacientes durante el tratamiento. Entre sus recomendaciones figura mantener una alimentación equilibrada basada en la dieta mediterránea, rica en proteínas, frutas, verduras y alimentos frescos, adaptada siempre a la situación clínica de cada paciente, además de mantener una buena hidratación y evitar dietas milagro o restricciones innecesarias.
La actividad física, una alimentación equilibrada y el cuidado emocional forman parte de las recomendaciones dirigidas a mejorar el bienestar durante el proceso
La actividad física también puede contribuir a combatir la fatiga, conservar la masa muscular y mejorar el estado de ánimo. “No hablamos de realizar deporte intenso, sino de mantenerse activo según las posibilidades de cada persona: caminar de forma regular, realizar ejercicios suaves de fuerza o trabajar la movilidad”, señala Adela Cabello, enfermera del Hospital de Día del centro mostoleño. Además, en casa es importante prestar atención a signos de alarma como fiebre, infecciones, aparición de sangrados o un empeoramiento significativo del estado general, y comunicarlo cuanto antes al equipo sanitario. El cuidado emocional forma igualmente parte de este proceso, por lo que pedir ayuda y compartir las preocupaciones con familiares y profesionales puede resultar beneficioso.
La jornada ha reservado también un espacio para acercar a pacientes y familiares los recursos de apoyo psicológico, social, de voluntariado y acompañamiento que ofrece la Asociación Española Contra el Cáncer. Para la Dra. Miranda, esta dimensión del proceso asistencial resulta tan importante como los avances en diagnóstico y tratamiento. “Nadie debería afrontar un diagnóstico de linfoma en soledad; la información rigurosa, el apoyo psicológico, el acompañamiento social y la posibilidad de resolver dudas con profesionales y asociaciones de pacientes forman parte de una atención moderna y de calidad”, señala.








