La candidatura de María Neira muestra el desgaste de Mónica García

El desgaste político y la lucha política de Mónica García ha dado paso a que la candidatura del Gobierno para dirigir la OMS sea María Neira

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Luis de Haro. Director general de iSanidad
María Neira ha sido presentada oficialmente como candidata a la Dirección General de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es una decisión del Gobierno que ha sorprendido y trasciende el ámbito de la diplomacia sanitaria porque la elección sitúa a una española en la carrera por uno de los puestos más influyentes de la gobernanza mundial. También ofrece una lectura política evidente sobre el momento que atraviesa el Ministerio de Sanidad.

La experiencia y el perfil internacional de María Neira la convierten en una candidata ideal para la OMS

Durante meses, gran parte del sector sanitario ha estado interpretando que Mónica García estaba construyendo una proyección internacional para alcanzar una candidatura de este tipo. Su presencia en el Consejo Ejecutivo de la OMS y en foros globales, y su insistencia en la salud climática o la equidad sanitaria han alimentado esa percepción. Sin embargo, cuando ha llegado el momento, el Gobierno ha elegido una candidatura con mayor experiencia internacional y mayor reconocimiento dentro de la propia OMS. La sorpresa no está en la elección de María Neira porque su trayectoria la convierte en una candidata natural para cualquier gran responsabilidad internacional. La verdadera noticia es que la ministra de Sanidad no ha sido la mejor opción del Gobierno para liderar la OMS.

En los últimos meses Mónica García ha estado cada vez más vinculada a la política doméstica madrileña. Encabezar la candidatura de Más Madrid a la Presidencia de la Comunidad de Madrid la sitúa en el centro de la confrontación partidista. Su agenda política está inevitablemente ligada al debate electoral y a la disputa con el Gobierno regional de Isabel Díaz Ayuso. Es un perfil que puede resultar eficaz en la política nacional, pero no en los grandes organismos multilaterales. Internacionalmente se valora la experiencia acumulada, la capacidad diplomática y el prestigio construido durante años dentro de instituciones internacionales. Son credenciales que María Neira ha adquirido con una larga trayectoria profesional y no con presencia mediática ni con protagonismo político.

Mónica García ha estado cada vez más vinculada a la confrontación doméstica madrileña que a la política sanitaria

A todo este contexto se suma el balance que deja la gestión del Ministerio de Sanidad. La negociación del Estatuto Marco se ha convertido en uno de los principales conflictos de la legislatura. Las organizaciones médicas llevan meses cuestionando la capacidad del Ministerio para responder a reivindicaciones históricas relacionadas con las guardias, la jornada laboral, la conciliación o las condiciones profesionales. Mientras tanto, los problemas de planificación de recursos humanos y la dificultad para retener talento siguen sin encontrar soluciones estructurales La consecuencia es una creciente distancia entre el relato oficial y la percepción de buena parte de los profesionales sanitarios. Resulta complicado proyectarse como referente mundial de gestión sanitaria cuando persiste un conflicto abierto con quienes sostienen el sistema asistencial cada día. La credibilidad internacional empieza siempre por la credibilidad interna.

Es justo la figura de María Neira quien reúne precisamente las cualidades que suelen valorar los organismos internacionales. Licenciada en Medicina por la Universidad de Oviedo, especializada en salud pública y con una carrera profesional desarrollada durante décadas dentro de la OMS, ha dirigido áreas estratégicas relacionadas con la salud pública, el medio ambiente y el cambio climático. Además, conoce desde dentro el funcionamiento de una organización que afronta desafíos tan complejos como las pandemias, las desigualdades sanitarias o los efectos del calentamiento global sobre la salud. Su prestigio no depende de un cargo político ni tampoco de una campaña de comunicación.

El prestigio no María Neira no proviene de una presencia mediática sino del conocimiento y trabajo en una organización

El historial de María Neira se apoya en una trayectoria internacional reconocida dentro y fuera de la OMS. Mientras Mónica García representa un liderazgo construido en la arena política, María Neira encarna la autoridad técnica, científica e institucional. Es una diferencia fundamental que suele abrir las puertas de los grandes organismos multilaterales y la comparación entre ambas trayectorias es inevitable. García está inmersa en conflictos profesionales y en una futura batalla electoral y Neira llega avalada por décadas de trabajo en salud pública global. García debe defender todavía el balance de su gestión ministerial y Neira aporta una carrera consolidada dentro de la propia organización que aspira a dirigir.

La candidatura de María Neira es, sin duda, una buena noticia para España. Pocas profesionales reúnen una combinación tan sólida de experiencia institucional, credibilidad científica y reconocimiento internacional. Su perfil encaja de forma natural en el liderazgo que tradicionalmente ha buscado la OMS. Pero la decisión también deja una lectura política inevitable. Cuando el Gobierno ha tenido que elegir quién representaba mejor la sanidad española ante el mundo no ha apostado por un perfil combativo.

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