El genoma del tumor como un «registro arqueológico» para entender el cáncer en jóvenes

Marcos Díaz Gay, investigador del CNIO explica cómo las firmas mutacionales permiten reconstruir la historia de un tumor y buscar qué exposiciones pudieron contribuir a su aparición temprana

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Gema Maldonado Cantero
El laboratorio de un hospital o de un centro de investigación en cáncer pasa a ser un híbrido entre un equipo de CSI y uno de arqueólogos. La muestra de un tumor tiene respuestas a preguntas sobre su origen que los conocimientos y las nuevas técnicas de análisis genómico están permitiendo desvelar. Y pueden ser la clave para entender el aumento de los casos de algunos tipos de cáncer en jóvenes.

A través del estudio del genoma de las células del cáncer es cada vez más posible reconstruir el camino que han recorrido, las mutaciones somáticas a las que ha estado expuestas a través de la huella que dejan en el genoma en forma de mutación. Y de ahí, poder extraer conclusiones que ayuden a explicar el cáncer de aparición temprana.

«Caracterizar estas mutaciones somáticas permite intentar identificar cómo determinados factores de riesgo influyen en los tumores y seguir su relación con el desarrollo del cáncer»

Marcos Díaz Gay, jefe del Grupo de Genómica Digital del CNIO cree que una de las claves para hallar respuestas es «entender el genoma de un tumor como un registro arqueológico del efecto de los distintos procesos mutacionales» por los que pasan esas células.

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Marcos Díaz Gay, jefe del Grupo de Genómica Digital del CNIO

Las mutaciones somáticas que se producen a lo largo de la vida celular, aquellas que no son heredadas, pueden terminar contribuyendo al desarrollo del cáncer, «además de convertirse en posibles dianas terapéuticas«, explicó el investigador durante la jornada ¿Más cáncer en jóvenes? Qué sabemos y qué queda por descubrir, organizada por el CNIO en el Día Mundial de la Investigación en Cáncer. «Caracterizar estas mutaciones somáticas permite intentar identificar cómo determinados factores de riesgo influyen en los tumores y seguir su relación con el desarrollo del cáncer».

Una investigación reciente del CNIO identificó firmas asociadas a la toxina bactariana colibactina, que fueron más frecuentes en pacientes jóvenes con cáncer colorrectal 

De este estudio se pueden inferir firmas mutaciones específicas. Una de las más conocidas es la que deja el tabaquismo. Actualmente esta firma se puede encontrar cuando se analizan genéticamente los tumores más vinculados al tabaco. Aparece de forma clara en el adenocarcinoma y en el carcinoma de células escamosas de pulmón. Los algoritmos de IA y los datos genómicos del tumor facilitan esta identificación.

El planteamiento de «registro arqueológico» del tumor lo que hace es buscar e identificar las huellas que ha ido dejando cada proceso que ha afectado a las células desde su formación hasta convertirse en células cancerosas. Y este registro del pasado celular está empezando a dar resultados para entender algunos factores de riesgo que pueden estar influyendo en el cáncer en personas jóvenes. Un ejemplo se ha encontrado en los tumores colorrectales, el tipo de cáncer cuya incidencia en jóvenes está creciendo en casi todos los países del mundo, incluido España.

«La hipótesis es que podrían estar causadas en la infancia y tener efecto en la generación de un cáncer de colon entre los 20 y los 49 años»

Marcos Díaz Gay fue el primer firmante de un estudio internacional publicado en Nature el año pasado sobre casi 1.000 pacientes de cáncer colorrectal de 11 países, con 132 casos de aparición temprana. Su investigación identificó firmas mutacionales asociadas a la edad del diagnóstico. Dos de ellas fueron más frecuentes en pacientes jóvenes, especialmente en menores de 40 años. «Eran firmas asociadas a la colibactina, una toxina producida por determinadas cepas de Escherichia coli», explicó Díaz Gay.

Estas mutaciones estaban presentes en estadios más tempranos del tumor y esas mismas firmas se habían detectado años antes en tejido normal. «La hipótesis es que podrían estar causadas en la infancia y tener efecto en la generación de un cáncer de colon entre los 20 y los 49 años«, apuntó el investigador. Otros estudios también han mostrado otras mutaciones somáticas «drivers», generadoras del desarrollo tumoral, que se han asociado a las firmas de colibactina.

El siguiente paso es poder «hacer estudios de cohortes, secuenciar tejidos normales y tratar de entender alteraciones que puedan dar lugar con los años a cáncer»

para Díaz Gay el estudio de estas mutaciones antes de que se desarrolle el cáncer, analizando tejidos normales y lesiones precancerosas es el siguiente paso para entender el cáncer de aparición temprana. «La idea es hacer estudios de cohortes, secuenciar tejidos normales y tratar de entender alteraciones que puedan dar lugar con los años a cáncer». Nuevos métodos de secuenciación masiva, como los Duplex Sequencing, que «están empezando a ser una realidad» facilitan este conocimiento. Ahora, «hay que escalarlo y cubrir cuántas más poblaciones, mejor», afirma el investigador.

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