Dra. Delia Cortés: «Todo paciente con mesotelioma peritoneal debe ser evaluado en un centro experto»

La directora del Instituto Viamed de Oncología Quirúrgica Avanzada (IVOQA) y especialista en el abordaje de los tumores de la superficie peritoneal analiza para iSanidad la realidad del diagnóstico y el tratamiento de este tumor poco conocido

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Jorge Pastor Arrizabalo
La mayoría de la población relaciona el mesotelioma con los pulmones y, en concreto, con la pleura. Sin embargo, existe una forma mucho menos conocida: el mesotelioma peritoneal, que se origina en el mesotelio, en la cavidad abdominal. Es difícil de diagnosticar precozmente al iniciarse con síntomas inespecíficos, lo que lleva a que pueda confundirse con otras patologías.

Uno de los principales factores de riesgo conocidos es la exposición al amianto, cuyo efecto puede llegar a manifestarse hasta 20 o 30 años después. Esto explica que algunas personas expuestas hace décadas puedan recibir el diagnóstico en la actualidad. No obstante, no todos los pacientes con mesotelioma peritoneal recuerdan una exposición previa, por lo que la ausencia de este antecedente no permite descartar la enfermedad.

Así lo explica la Dra. Delia Cortés, directora del Instituto Viamed de Oncología Quirúrgica Avanzada (IVOQA) y especialista en el abordaje de los tumores de la superficie peritoneal, en una entrevista a iSanidad en la que destaca que «no basta con medir cuánto tumor existe. Es esencial determinar dónde se encuentra».

Para quien no conozca la patología, ¿cuáles son sus principales síntomas y por qué puede resultar difícil llegar a un diagnóstico precoz?
El mesotelioma peritoneal es un tumor infrecuente que se origina en el mesotelio, la fina membrana que recubre la cavidad abdominal y sus órganos. Suele manifestarse de forma insidiosa. Los síntomas más habituales son el aumento progresivo del perímetro abdominal, la aparición de líquido en el abdomen o ascitis, dolor o sensación de presión abdominal, saciedad precoz, pérdida de apetito, náuseas, alteraciones del ritmo intestinal, cansancio y pérdida de peso. En ocasiones, se descubre durante el estudio de una hernia o de manera incidental en una exploración realizada por otro motivo.

«El diagnóstico precoz resulta difícil. Es muy importante que el informe y las preparaciones histológicas las revise un patólogo con experiencia en tumores peritoneales de un centro de referencia»

El diagnóstico precoz resulta difícil porque estas manifestaciones son poco específicas y pueden confundirse con enfermedades digestivas, ginecológicas o hepáticas mucho más frecuentes. Las pruebas de imagen pueden mostrar ascitis, engrosamiento del peritoneo, nódulos o una afectación difusa, pero estos hallazgos no son exclusivos del mesotelioma y pueden parecerse a una carcinomatosis de origen ovárico o digestivo, a una infección o a otros procesos inflamatorios.

La confirmación exige obtener una muestra de tejido suficiente y estudiarla mediante anatomía patológica e inmunohistoquímica. La citología del líquido ascítico, por sí sola, puede no ser concluyente. Por esta razón, es muy importante que el informe y, cuando sea posible, las preparaciones histológicas sean revisados por un patólogo con experiencia en tumores peritoneales de un centro de referencia.

Del mismo modo, todo paciente con un mesotelioma peritoneal debería ser evaluado en un centro especializado en patología peritoneal y dentro de un comité multidisciplinar. Esta doble revisión diagnóstica y terapéutica reduce el riesgo de errores y permite valorar desde el inicio todas las opciones disponibles.

«Las fibras de amianto son extraordinariamente resistentes. Cuando se inhalan o se ingieren, algunas pueden permanecer en el organismo durante muchos años»

¿Cómo se explica que el mesotelioma pueda aparecer décadas después de la exposición al amianto?
Las fibras de amianto son extraordinariamente resistentes. Cuando se inhalan o se ingieren, algunas pueden permanecer en el organismo durante muchos años. Su presencia mantenida favorece inflamación crónica, estrés oxidativo y alteraciones celulares progresivas. El cáncer no surge de manera inmediata: requiere la acumulación gradual de diversos daños moleculares, lo que explica que el periodo de latencia sea con frecuencia de veinte a cuarenta años y, en ocasiones, todavía mayor.

En el mesotelioma peritoneal, la forma exacta en que las fibras alcanzan el abdomen no está completamente resuelta; se han propuesto el transporte linfático y la deglución de fibras eliminadas desde las vías respiratorias. Conviene, además, introducir un matiz importante: la relación causal con el amianto está firmemente establecida para el mesotelioma pleural, mientras que en el peritoneal la asociación es menos uniforme. Hay pacientes sin exposición reconocible y pueden intervenir susceptibilidades biológicas o alteraciones genéticas, como las relacionadas con BAP1.

«El cáncer no surge de manera inmediata: requiere la acumulación gradual de diversos daños moleculares, lo que explica que el periodo de latencia»

La sólida evidencia sobre el vínculo entre amianto y mesotelioma ha favorecido la creación de asociaciones de pacientes y programas de asesoramiento y compensación en distintos países. Mesothelioma UK, por ejemplo, ofrece apoyo clínico, social y orientación para acceder a asesoramiento jurídico especializado. En el Reino Unido existe asimismo el Diffuse Mesothelioma Payment Scheme para determinadas personas expuestas laboralmente que no pueden reclamar al antiguo empleador o a su aseguradora.

Según la revisión oficial de 2024-2025, el programa había abonado aproximadamente 391 millones de euros (335 millones de libras) a 2.290 personas desde su puesta en marcha. No obstante, el reconocimiento como enfermedad profesional y las vías de indemnización dependen de la legislación de cada país y de la historia concreta de exposición; por ello, cualquier reclamación debe estudiarse de forma individualizada.

¿Qué perfil presentan habitualmente los pacientes que desarrollan un mesotelioma peritoneal? ¿Qué papel tienen la edad, el sexo, la exposición al amianto, la actividad laboral o las condiciones socioeconómicas?
No existe un único perfil de paciente. El mesotelioma peritoneal suele diagnosticarse en la edad adulta, con mayor frecuencia entre la quinta y la séptima décadas de la vida, aunque puede aparecer en personas más jóvenes. A diferencia del mesotelioma pleural, claramente predominante en varones, la distribución por sexos en la localización peritoneal es más equilibrada y varía entre las series.

«Las desigualdades socioeconómicas pueden condicionar el acceso a un diagnóstico oportuno y a centros de referencia»

El antecedente de exposición al amianto es relevante, pero se identifica con menor frecuencia y de forma menos constante que en el mesotelioma pleural. Cuando existe, puede proceder de actividades como la construcción y demolición, la industria naval, el aislamiento térmico, la fabricación de fibrocemento, el mantenimiento ferroviario o industrial y determinadas labores mecánicas. También se han descrito exposiciones indirectas y ambientales.

La situación socioeconómica puede influir de manera indirecta, ya que las desigualdades pueden condicionar el acceso a información, a vigilancia laboral, a un diagnóstico oportuno o a centros de referencia. Por ello, la historia clínica debe recoger con delicadeza y detalle toda la trayectoria laboral, familiar y residencial, sin asumir que la ausencia de una ocupación industrial conocida descarta la exposición.

¿Cuál es el pronóstico en el momento del diagnóstico y qué factores pueden influir en la evolución y la supervivencia?
El pronóstico del mesotelioma peritoneal es muy variable y no debería expresarse mediante una única cifra, ya que hay diferentes tipos de mesotelioma peritoneal con pronósticos muy distintos. Depende, ante todo, del subtipo histológico, la extensión y distribución de la enfermedad, la posibilidad de conseguir una citorreducción completa y el estado general del paciente. El subtipo epitelioide suele evolucionar mejor que el bifásico y, especialmente, que el sarcomatoide.

En pacientes cuidadosamente seleccionados, con enfermedad confinada al abdomen y técnicamente resecable, la cirugía de citorreducción asociada a quimioterapia introperitoneal hipertémica (Hipec) ha transformado la historia natural de la enfermedad.

«La cirugía de citorreducción asociada a quimioterapia introperitoneal hipertémica (Hipec) ha transformado la historia natural de la enfermedad»

En series de centros expertos, la mediana de supervivencia se sitúa con frecuencia entre tres y cinco años; una gran serie multiinstitucional comunicó una mediana de 53 meses y una supervivencia aproximada del 47% a cinco años. Un metaanálisis estimó una supervivencia a cinco años cercana al 42%. Estas cifras proceden, en gran medida, de estudios observacionales y reflejan una selección muy rigurosa de pacientes, por lo que no deben interpretarse como una garantía individual.

Se consideran mejores candidatos quienes presentan histología favorable, principalmente epitelioide, enfermedad limitada al peritoneo, ausencia de metástasis extraperitoneales no controlables, posibilidad razonable de extirpar toda la enfermedad visible y una condición física y nutricional compatible con una cirugía compleja. La localización de los implantes es tan importante como su cantidad: una afectación extensa del intestino delgado o de su mesenterio puede impedir una resección segura incluso con un índice de carcinomatosis no muy elevado.

Cuando la enfermedad no es resecable, la quimioterapia intraperitoneal presurizada en aerosol (Pipac) permite administrar el tratamiento directamente sobre el peritoneo mediante laparoscopia. Puede producir regresión histológica, estabilización clínica o control de la ascitis en algunos pacientes y, en ocasiones, facilitar una reconsideración quirúrgica. Sin embargo, la evidencia específica en mesotelioma peritoneal sigue siendo limitada.

La introducción de la inmunoterapia ha ampliado las alternativas para pacientes no candidatos a cirugía o tras progresión. Aunque no disponemos todavía del mismo nivel de evidencia que en el mesotelioma pleural, series retrospectivas y ensayos pequeños en mesotelioma peritoneal han mostrado actividad clínica. Son resultados prometedores, pero aún deben confirmarse en estudios específicos y de mayor tamaño.

«Una afectación extensa del intestino delgado o de su mesenterio puede impedir una resección segura incluso con un índice de carcinomatosis no muy elevado»

Una vez diagnosticado, ¿cómo se decide cuál es la estrategia terapéutica más adecuada para cada paciente?
La estrategia debe decidirse en un comité multidisciplinar con experiencia en tumores peritoneales. El primer paso es asegurar el diagnóstico: confirmar el subtipo histológico y revisar la anatomía patológica. Después se estudian la extensión y la distribución de la enfermedad mediante una tomografía computarizada de tórax, abdomen y pelvis; la resonancia magnética, la PET-TC o una laparoscopia diagnóstica pueden aportar información adicional en situaciones seleccionadas.

No basta con medir cuánto tumor existe, es esencial determinar dónde se encuentra, si afecta de forma extensa al intestino delgado o a su mesenterio y si sería posible extirpar toda o casi toda la enfermedad visible sin dejar secuelas desproporcionadas. Paralelamente se valoran el estado funcional, las enfermedades asociadas, la reserva cardiopulmonar, la función renal y hepática, el estado nutricional, los síntomas, los tratamientos recibidos y las preferencias del paciente.

Si la enfermedad está confinada al abdomen, es resecable y el paciente puede afrontar una intervención mayor, la opción de referencia es la cirugía de citorreducción asociada a Hipec. Si la resecabilidad es dudosa, puede ser aconsejable realizar una laparoscopia de evaluación o administrar un tratamiento previo y reevaluar. En enfermedad no resecable se consideran tratamiento sistémico, inmunoterapia en contextos seleccionados, Pipac, medidas para controlar la ascitis y los síntomas, y ensayos clínicos.

«No basta con medir cuánto tumor existe, es esencial determinar dónde se encuentra»

El objetivo puede ser reducir la enfermedad, prolongar la supervivencia, preservar la calidad de vida o, en algunos casos, convertir una situación inicialmente inoperable en resecable. La decisión no es estática: debe revisarse en cada punto relevante de la evolución.

¿Hasta dónde se han ampliado las opciones para pacientes con un abdomen no accesible que antes se consideraban no operables?
La expresión «abdomen no accesible» suele referirse a una cavidad con adherencias extraordinariamente densas, producidas por cirugías previas, inflamación o la propia enfermedad, en la que no es posible crear con seguridad el espacio laparoscópico necesario para realizar una laparoscopia o para administrar Pipac. Durante años, esta situación excluía de manera práctica a algunos pacientes de tratamientos intraperitoneales.

Dos años después, ¿cómo ha evolucionado la administración de nanopartículas de nab-paclitaxel mediante Pipac y qué importancia tiene actualmente?
En estos dos años, la administración de nab-paclitaxel mediante Pipac ha pasado de ser una propuesta innovadora con datos iniciales a una estrategia con una base clínica y farmacológica más definida. Nab-paclitaxel es paclitaxel unido a nanopartículas de albúmina; Pipac permite dispersarlo en forma de aerosol presurizado dentro de la cavidad abdominal, con el propósito de aumentar el contacto con los implantes peritoneales y limitar la exposición sistémica.

«Necesitamos registros internacionales de calidad, criterios homogéneos de resecabilidad y respuesta»

El primer estudio fase I, publicado por Ceelen y colaboradores, incluyó 23 pacientes con metástasis peritoneales irresecables de distintos orígenes. Estableció una dosis recomendada de 140 mg/m², que se redujo a 112,5 mg/m² en tumores hepatobiliares, y observó respuesta histológica en el 35% y estabilización en otro 35%, con calidad de vida globalmente preservada. La supervivencia al año fue del 57%. Debe subrayarse que el 65% de los pacientes continuó recibiendo quimioterapia sistémica, por lo que el efecto exclusivo de Nab-Pipac no puede separarse por completo.

Los estudios farmacocinéticos publicados en 2026 muestran una absorción sistémica lenta, una biodisponibilidad estimada alrededor del 37% y una probabilidad modelizada baja de neutropenia de grado 4 con las dosis estudiadas. Asimismo, un ensayo fase Ib de Nab-Pipac combinado con cisplatino ha confirmado la viabilidad y tolerabilidad de la combinación.

En la práctica actual, Nab-Pipac ofrece tres aportaciones principales: una forma racional de administrar un fármaco activo directamente sobre el peritoneo; la posibilidad de repetir biopsias y medir la respuesta histológica mediante PRGS; y una alternativa para pacientes sin opción de citorreducción, dentro de centros especializados y preferiblemente en protocolos prospectivos.

¿Cuáles son las principales necesidades no cubiertas y qué avances pueden cambiar el abordaje en los próximos años?
La primera gran necesidad no cubierta es disponer de ensayos clínicos específicos para mesotelioma peritoneal. Por su rareza, muchas recomendaciones se han extrapolado del mesotelioma pleural o de series retrospectivas. Necesitamos registros internacionales de calidad, criterios homogéneos de resecabilidad y respuesta.

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