La revolución de las terapias incretínicas cambia el abordaje de la obesidad crónica

Durante el 24 Congreso Nacional Farmacéutico, los expertos destacaron que las nuevas moléculas permiten alcanzar pérdidas de peso de entre el 15% y más del 21%. Al mismo tiempo, reivindicaron tratar la obesidad como una enfermedad crónica y no como una cuestión de voluntad

Sesión sobre obesidad 24 cnf

Redacción (Oviedo)
Alrededor de 890 millones de personas conviven con la obesidad en todo el mundo (una de cada ocho personas), mientras que más de 2.500 millones de adultos presentan sobrepeso. Este dato epidemiológico abrió la sesión ‘Obesidad y control de peso: una de las mayores revoluciones terapéuticas’, que se desarrolló en el marco del 24 Congreso Nacional Farmacéutico, organizado por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCOF) celebrado en Oviedo del 30 de septiembre al 2 de octubre. Durante el encuentro, los ponentes instaron a los profesionales sanitarios a superar la visión simplista del exceso ponderal como una falta de voluntad o un desequilibrio calórico superficial.

La evidencia confirma que la obesidad crónica es una enfermedad compleja, recidivante y multifactorial en la que interactúan alteraciones neurobiológicas, metabólicas y ambientales. En este marco, la irrupción de los nuevos fármacos incretínicos representa una verdadera revolución terapéutica, ofreciendo herramientas de alta eficacia que deben integrarse en un abordaje multidisciplinar orientado a la salud global del paciente y a la prevención comórbida.

La obesidad crónica es una patología neurobiológica y metabólica compleja, mientras que su abordaje clínico exige medir el perímetro abdominal y la masa grasa

El impacto poblacional de esta afección alcanza dimensiones críticas a escala global y nacional. La prevalencia mundial de la obesidad se ha duplicado desde 1990, cobrándose anualmente más de tres millones de vidas por patologías asociadas. En España, el estudio ENE-Covid del Ministerio de Sanidad indica que el 37% de los adultos padece sobrepeso (44% en hombres y 30% en mujeres) y cerca del 19% presenta obesidad, absorbiendo entre el 6% y el 7% del gasto sanitario público. Asimismo, la iniciativa Pasos refleja que un 21,6% de los menores de entre 5 y 19 años padece sobrepeso y un 10% sufre de obesidad.

Sobre esta evolución desde la infancia, el Dr. Alfonso María Lechuga Sancho, especialista en endocrinología infantil y de la adolescencia y catedrático de Pediatría en la Universidad de Cádiz, advirtió que “más de la mitad de los niños con obesidad serán adolescentes con obesidad, y prácticamente la totalidad de los adolescentes obesos se convertirán en adultos con esta condición, por lo que la prevención debe iniciarse precozmente”.

Frente a esta perspectiva, los ponentes abogaron por perfeccionar el diagnóstico clínico más allá del índice de masa corporal (IMC). Se remarcó la necesidad de evaluar la masa grasa midiendo el perímetro abdominal en consulta, situando los umbrales de riesgo en valores superiores a 88 centímetros en mujeres y 102 centímetros en hombres.

Las nuevas moléculas consiguen pérdidas de peso de entre el 15% y más del 21%, abriendo un tiempo de protección y reparación cardiometabólica

Josep Tur Marí, farmacéutico, vocal de Alimentación del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Baleares, y decano de la Facultad de Farmacia de la Universidad de las Islas Baleares, explicó la importancia de distinguir la fase preclínica de la clínica. Según el farmacéutico, “la obesidad no es una cuestión de falta de voluntad ni de comer menos y moverse más, sino una entidad patológica con base biológica documentada que incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, apnea del sueño e hígado graso; por ello debemos medir la masa grasa y actuar antes de que aparezca el daño orgánico”.

Desde la perspectiva fisiopatológica, la expansión del tejido graso desencadena adiposopatía. En este sentido, el Dr. Lechuga Sancho propuso revisar el concepto: “Si en lugar de hablar de obesidad nos refiriéramos a adipopatía, entenderíamos que existe una alteración tisular real. En la persona afectada, el tejido graso hipertrofiado entra en hipoxia, apoptosis e infiltración masiva de macrófagos que secretan citoquinas proinflamatorias como el TNF-alfa, generando inflamación crónica de bajo grado y resistencia insulínica”. A esta disfunción se suma el deterioro del efecto incretina.

Explicando el origen de las nuevas terapias, el Dr. Lechuga Sancho señaló que “el monstruo de Gila (Heloderma suspectum) fue el primer ‘hacker’ de nuestro sistema metabólico; la exendina de su saliva derivó en los agonistas de GLP-1 y las terapias dobles y triples sobre receptores de GIP y glucagón, los cuales no solo devuelven la señal de saciedad al hipotálamo, sino que abren un tiempo de reparación celular para cardiomiocitos y nefronas”.

Abordaje integral en la obesidad crónica

El impacto clínico de estas terapias se traduce en reducciones de peso sostenidas de dos dígitos, situadas entre el 15% y más del 21%, alcanzables previamente solo con cirugía bariátrica. Los ponentes señalaron que un descenso del 5% del peso corporal basta para reducir la glucemia basal, optimizar el perfil lipídico, moderar la presión arterial y disminuir la esteatosis hepática e inflamación sistémica. No obstante, para lograr un beneficio cardiovascular significativo y frenar la fibrosis hepática se requiere una pérdida mínima del 10%, mientras que la reversión completa de una diabetes mellitus tipo 2 ya instaurada exige reducciones de peso iguales o superiores al 15%.

La cercanía de la red farmacéutica es clave para la detección precoz de la adipopatía, la educación sanitaria sin sesgos ni estigmas y el seguimiento a largo plazo

A pesar de la alta potencia de estos fármacos, los especialistas advirtieron que no deben prescribirse de forma aislada. “Existe consenso científico en que no basta con pincharse o tomar pastillas; la falta de soporte nutricional y de ejercicio provocaría pérdidas severas de masa muscular magra y masa ósea, comprometiendo la salud del paciente”, subrayó el Dr. Lechuga Sancho. Para evitar estas complicaciones, la intervención debe fundamentarse en tres pilares: pauta nutricional personalizada, ejercicio estructurado de fuerza y capacidad aeróbica adaptado en frecuencia e intensidad, y soporte motivacional continuado.

En el seguimiento de esta patología crónica, la farmacia comunitaria y los equipos de atención primaria ejercen un papel estratégico al atender más de dos millones de consultas diarias. Respecto a la labor del farmacéutico, Tur Marí recalcó que “la dispensación del medicamento no representa el final de la intervención sanitaria, sino su verdadero comienzo. El éxito reside en el apoyo y la motivación que brindamos para consolidar cambios permanentes en el estilo de vida”.

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