La «toxicidad del tiempo» entra en los ensayos clínicos: más visitas al hospital pueden limitar la participación de pacientes

Investigadores clínicos advierten de que la burocratización y la intensidad del seguimiento añaden nuevas cargas a los ensayos, mientras las nuevas tecnologías ofrecen vías para reducir los desplazamientos

Pilar Garrido, Melchor Álvarez de Mon y Jesús García Álvarez sobre las ventajas y riesgos de los ensayos clínicos
Pilar Garrido, Melchor Álvarez de Mon y Jesús García Álvarez

Gema Maldonado Cantero
Fotos: Ana Fernández Agüero
El tiempo es ya un factor clave más a tener en cuenta en los ensayos clínicos. El que tienen que dedicar los médicos que quieren hacer investigación clínica y tienen que sacar de su tiempo fuera de la jornada laboral, y el que implica a los pacientes en función de la intensidad del seguimiento del estudio: ¿con qué frecuencia tienen que trasladarse al hospital para poder participar en un ensayo? ¿Cuánto tiempo implica cada una de estas visitas?

«Se ha burocratizado mucha parte de los ensayos clínicos. Hablamos de la toxicidad de un fármaco, de la toxicidad económica y ahora se empieza a medir la toxicidad del tiempo en los ensayos clínicos«. La Dra. Pilar Garrido, jefa del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, abordó este factor en una charla magistral junto al Dr. Jesús García Álvarez, jefe de la Unidad de Insuficiencia Cardíaca Avanzada, bajo el título ¿Qué arriesgamos y qué ganamos con los ensayos clínicos?, moderada por el Dr. Melchor Álvarez de Mon, catedrático de Medicina de la Universidad de Alcalá. La conversación entre expertos se desarrolló dentro de la Jornada Técnico-Sanitaria de Ensayos Clínicos organizada por la Fundación Uniteco.

Dra. Pilar Garrido: «Hablamos de la toxicidad de un fármaco, de la toxicidad económica y ahora se empieza a medir la toxicidad del tiempo en los ensayos clínicos«

La oncóloga e investigadora señaló la tendencia que proviene de Estados Unidos de que los pacientes en ensayos clínicos «tengan que venir mucho más al hospital». Visitas más seguidas que, en estudios en fases más avanzadas, «limita mucho la participación porque nadie se va a pasar la vida en el hospital». Una intensidad del seguimiento que podría reducirse y que «impacta más en las mujeres», a la hora de decidir participar o no según el tiempo y los desplazamientos que requiera el ensayo. «Esto es un ámbito en el que hay que trabajar», afirmó.

Para el Dr. García Álvarez, la intensidad del seguimiento introduce un sesgo de selección porque «excluye de antemano a posibles participantes que van a ser más vulnerables» e incrementa el coste para los promotores. Pero el cardiólogo también puso sobre la mesa su parte positiva. «Va a detectar precozmente eventuales problemas, ayuda a homogeneizar la atención y a reducir la variabilidad entre investigadores». Apostó por una intensidad de seguimiento «adaptada al siglo XXI», integrando nuevas tecnologías que permiten monitorizar al paciente 24 horas al día y minimizar los traslados al hospital.

El Dr. García Álvarez recordó que el investigador clínico «está comprometiendo su tiempo a cambio de amor a su profesión»

Ambos investigadores estuvieron de acuerdo en las múltiples ventajas que tiene para los pacientes y el sistema sanitario, para los hospitales y para los clínicos la participación en ensayos clínicos. «La calidad asistencial mejora; los hospitales que hacen ensayos tratan mejor a los pacientes, incluidos los que no participan en esos ensayos», destacó el Dr. García Álvarez, además de que los clínicos «mejoran su carrera profesional», los pacientes «acceden de forma temprana a tratamientos que, de otra forma, no sería posible» y el sistema sanitario «está obteniendo la mejor materia para decidir mejor«.

La Dra. Garrido reivindicó la investigación académica como «crucial» y puso en valor los grupos cooperativos, que «ponen el foco en cosas relevantes para el sistema», pero tienen que hacerlo con «pocas herramientas», sobre todo recursos económicos. «Esto es un punto de mejora». La oncóloga señaló la necesidad de desarrollar la figura del médico investigador que reconoce la Ley de Ciencia. «Si tenemos contratos temporales que se renuevan cada mes es muy complicado organizar asistencialmente las cosas de forma que haya una cobertura asistencial óptima y preservemos tiempo para la investigación». En esta línea, el Dr. García Álvarez recordó que el investigador clínico «está comprometiendo su tiempo a cambio de amor a su profesión».

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