Redacción
La Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) ha alertado de la dependencia de España del plasma importado, principalmente de Estados Unidos. Según los datos de 2025, solo el 25% de la inmunoglobulina utilizada en España procede de donantes españoles, mientras que el 75% restante se importa.
En 2025, España transfundió una unidad de plasma cada cinco minutos y utilizó una cada minuto y medio para generar medicamentos hemoderivados. La SEHH subraya que, para acercarse a la autosuficiencia, serían necesarias unas 2.600 plasmaféresis o donaciones de plasma al día, siete veces más de las que se realizan actualmente.
España transfundió en 2025 una unidad de plasma cada cinco minutos y utilizó una cada minuto y medio para producir medicamentos hemoderivados
La sociedad científica recuerda que el plasma no puede fabricarse de forma industrial y depende exclusivamente de la donación humana. A diferencia de la donación de sangre, en la que España es autosuficiente desde hace más de 30 años, las donaciones de plasma no cubren ni la cuarta parte de las necesidades diarias.
El plasma es obtenido a partir de la sangre tras centrifugación de una donación normal, pero también puede obtenerse mediante un procedimiento de aféresis, en el que se devuelven al donante los componentes no utilizados. En el primero de los casos se obtienen alrededor de 250 centímetros cúbicos de plasma, en el segundo alrededor de 600.
La SEHH señala que la hematología trabaja no solo para aumentar el número de donaciones, sino también para reducir el consumo de plasma. Para ello, busca optimizar su utilización en el entorno clínico y encontrar alternativas a este derivado, que actualmente no existen.
El plasma se utiliza tanto para transfusión como para producir medicamentos destinados, entre otros, a pacientes con inmunodeficiencias
El plasma de uso clínico, el transfusional, se usa principalmente para el tratamiento de coagulopatías, trastornos hemorrágicos, traumas, grandes cirugías o en pacientes con quemaduras graves. «El resto lo utilizamos para obtener una veintena de proteínas diferentes que no pueden fabricarse de forma industrial y proceden únicamente de donantes humanos. Pero, en España, apenas cinco o seis de estas proteínas proceden de donantes españoles. El resto tenemos que importarlas», ha señalado el director del Banco de Sangre y Tejidos de Navarra y vocal de la SEHH, José Antonio García.
Las proteínas derivadas del plasma tienen como destino la fabricación de medicamentos para pacientes con algún trastorno genético congénito y pacientes con inmunodeficiencias adquiridas. «En este grupo se incluyen pacientes trasplantados o aquellos sometidos a terapias celulares o nuevos tratamientos oncológicos. En los últimos cinco años ha crecido el consumo de inmunoglobulinas en España en más de un 40%«, ha apuntado García.
A estos grupos de pacientes se suman los que sufren enfermedades autoinmunes, «que han experimentado un importante crecimiento después de la covid. Las inmunoglobulinas son una de las opciones terapéuticas que tenemos para regular o modular la reacción de los anticuerpos en patologías como el síndrome de GuillainBarré, miastenia gravis y otras enfermedades neurológicas», añade García.
La alternativa terapéutica en estos casos es el recambio plasmático terapéutico, realizado por las unidades hospitalarias de aféresis, bajo la dirección de hematólogos. La necesidad de aumentar las donaciones y los donantes impulsa la petición del Grupo Español de Aféresis (GEA), de la SEHH, de más unidades abiertas de forma permanente.










