El fracaso de pedir la recentralización de competencias en sanidad

La recurrente propuesta de devolver las competencias al Ministerio de Sanidad esconde una realidad incómoda: la dificultad de una clase política para coordinar el sistema que dirige

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Luis de Haro. Director general de iSanidad
Ante la inminente cita con las urnas en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, el debate sanitario vuelve a verse influido por la dinámica electoral. Cada vez que el Sistema Nacional de Salud muestra una costura rota reaparece la misma propuesta: la tentación de recentralizar. Puede ser por la lista de espera, la saturación de la atención primaria o el retraso en la financiación de un fármaco innovador. La iniciativa de pedir que las competencias vuelvan al Ministerio de Sanidad se presenta a menudo como un gesto de autoridad. Sin embargo, encierra la admisión de una incapacidad de gestión.

No hay que confundir gobernar con mandar, una equivalencia muy habitual en el debate público. Gobernar un sistema público descentralizado no consiste en anular la autonomía territorial ni en actuar como un tutor jerárquico. Consiste en tener la solvencia política y el prestigio técnico necesarios para alinear a diecisiete consejerías en torno a un proyecto compartido.

Si la única forma de concebir la coordinación es exigir el mando único, el problema no es el modelo: el problema es de liderazgo

Afirmar que el Ministerio de Sanidad se encuentra maniatado por el mapa autonómico omite la realidad del marco legal vigente. El Estado cuenta con un conjunto articulado de instrumentos diseñados precisamente para vertebrar el sistema público de salud. La Ley de Cohesión y Calidad establece el marco de gobernanza común; el Consejo Interterritorial funciona como el órgano multilateral de decisión; la cartera común de servicios garantiza los derechos asistenciales básicos; la historia clínica interoperable asegura la continuidad del paciente entre territorios; y el Fondo de Cohesión actúa como el mecanismo financiero de reequilibrio. El problema no es la falta de herramientas en el Boletín Oficial del Estado, sino que se ha sustituido el acuerdo técnico por la trinchera partidista.

El Sistema Nacional de Salud nació para cooperar, no para convertirse en un terreno de confrontación ante los comicios del 29N. Cuando surgen desigualdades entre comunidades, la respuesta madura no consiste en modificar la arquitectura institucional para tapar las deficiencias de gestión. La respuesta pasa por sentarse a negociar, identificar puntos de encuentro y ejercer una coordinación efectiva.

El verdadero liderazgo no se demuestra pidiendo la recentralización de las competencias en Sanidad por decreto, sino haciendo innecesario el uso de los decretos

Convertir el modelo territorial de la sanidad en un argumento electoral refleja una falta de visión estratégica para la salud pública. Exigir la devolución de las competencias es la constatación de un déficit de diálogo e interlocución política. Es asumir que se prefiere el atajo de la gestión centralizada antes que la exigencia del consenso técnico e institucional.

El problema de la sanidad en España no reside en un exceso de autonomía, sino en una carencia en la gobernanza y en la articulación de acuerdos duraderos. Una deficiencia que no se resuelve acumulando más poder administrativo en la capital, sino ejerciendo con rigor, responsabilidad y sentido de Estado los mecanismos de coordinación que las leyes ya contemplan.

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