Redacción
El acceso a contenidos pornográficos en Internet se produce cada vez a edades más tempranas entre niños y adolescentes y, en muchos casos, de forma accidental. Las redes sociales, las búsquedas en Internet o contenidos compartidos por otros menores pueden facilitar esta exposición sin que exista una búsqueda deliberada de pornografía. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha reclamado reforzar la educación afectivo-sexual, la alfabetización digital para prevenir el impacto de la pornografía en menores y la organización ha publicado una guía dirigida a profesionales, sanitarios y familia.
Según el informe (Des)información sexual: pornografía y adolescencia, elaborado por Save the Children y publicado en 2020, la edad media del primer contacto con este contenido se situaba en los 12 años. Datos posteriores recogidos en el Informe España 2024 revelan que un 25% de los adolescentes había visto pornografía por primera vez antes de los 12 años y el 6,5% a los ocho años o antes.
Los pediatras han señalado que la exposición resulta especialmente preocupante cuando los menores todavía no cuentan con recursos para interpretar adecuadamente lo que están viendo.
Según ha explicado la Dra. Marta Esther Vázquez Fernández, co-coordinadora del Grupo de Trabajo de Educación en Salud de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), «no es lo mismo que un o una adolescente con educación afectivo-sexual previa se encuentre accidentalmente con una imagen que una niña o niño pequeño interprete ese contenido como una representación real de las relaciones sexuales«
Los pediatras de atención primaria pueden detectar situaciones de riesgo y orientar a las familias desde la consulta
En este contexto, la AEPap ha elaborado una guía de recursos sobre el consumo de pornografía en la infancia y la adolescencia, dirigida a profesionales sanitarios, familias y educadores. El documento reúne guías, manuales, estudios científicos, materiales educativos y audiovisuales y propuestas formativas para facilitar la prevención y el abordaje de la exposición de niños y adolescentes a contenidos pornográficos.
La asociación ha recordado que la pornografía no tiene como finalidad ofrecer educación sexual y puede presentar una visión distorsionada del consentimiento, la comunicación, el deseo, la intimidad, los cuerpos y la diversidad sexual. Por este motivo, ha considerado que limitar el acceso mediante filtros o controles parentales no resulta suficiente por sí solo y debe acompañarse de educación sexual, alfabetización digital y pensamiento crítico.
Las redes sociales constituyen otro de los ámbitos de preocupación, ya que los menores pueden encontrar contenidos sexualizados dentro de su consumo habitual de aplicaciones. A ello se suma la posibilidad de que determinadas imágenes sean manipuladas mediante inteligencia artificial y que los sistemas de recomendación de las plataformas contribuyan a que algunos contenidos aparezcan de forma repetida.
La difusión de imágenes íntimas sin consentimiento puede generar vergüenza, miedo, aislamiento, acoso y pérdida de confianza
La exposición puede tener además consecuencias específicas en niñas y adolescentes. La normalización de determinados contenidos sexualizados puede reforzar estereotipos de género, especialmente cuando las mujeres aparecen representadas como objetos sexuales o en relaciones marcados por dinámicas de poder, dominación o ausencia de consentimiento. Esta situación puede incrementar la presión sobre la imagen corporal y favorecer expectativas alejadas de la realidad.
Esta presión también puede relacionarse con el envío de fotografías íntimas y con la difusión de estas imágenes sin consentimiento. La AEPap ha destacado que la responsabilidad de una difusión sexual no consentida corresponde a quien realiza o comparte las imágenes, nunca a la persona que aparece en ellas. Entre las posibles consecuencias para los menores se encuentran la vergüenza, el miedo, el aislamiento, el acoso y la pérdida de confianza.
El papel del pediatra de atención primaria
La consulta de pediatría de atención primaria puede servir para abordar el uso de Internet y las redes sociales de forma normalizada. Los profesionales pueden preguntar por los hábitos digitales, identificar posibles situaciones de riesgo, ofrecer información fiable y orientar a las familias. También pueden activar recursos de protección cuando existen problemas como acoso, difusión de imágenes íntimas, conductas sexuales problemáticas o afectación emocional.
Para la AEPap, la prevención requiere la participación de familias, profesionales, educadores, plataformas y administraciones. La asociación señala que las familias necesitan herramientas para acompañar a niños y adolescentes en un entorno digital donde el contacto con contenidos sexuales puede producirse antes de que dispongan de la madurez necesaria para comprenderlos y contextualizarlos.









