Juan Pablo Ramírez
Acercar las pruebas diagnósticas al domicilio del paciente requiere incorporar tecnología y definir cómo se organiza la prestación asistencial. Rafael Fernández Navarro, Spain Sales BU Manager Modalities & IVD Solutions de Fujifilm Healthcare España, analiza las posibilidades de los equipos portátiles de radiología, ecografía y laboratorio para complementar los recursos de atención domiciliaria. En esta entrevista, expone las dificultades administrativas y de coordinación que encuentra su implantación, así como su posible utilidad para pacientes oncológicos, personas con movilidad reducida y población de zonas rurales.
¿Qué grado de implantación tiene actualmente la atención domiciliaria en España?
La atención domiciliaria está básicamente centrada en el paciente paliativo, pero con pocos medios. Las unidades de cuidados paliativos salen en coche, pero prácticamente sin posibilidad de realizar una prueba diagnóstica. Únicamente van a ver la medicación. En la mayoría de los casos no tienen la posibilidad de hacer una ecografía, una radiografía o una analítica. Si hay algún motivo que implique realizar alguna prueba, tengo que derivar al paciente. Entonces, realmente todavía es un segmento incipiente.
“Los pacientes que están realizando un ciclo de quimioterapia son uno de los primeros grupos con los que podemos trabajar”
En este escenario incipiente, ¿qué barreras plantea la participación de distintas administraciones y hasta qué punto existe el riesgo de que se pueda generar inequidad al avanzar en este modelo?
Casi todas las reuniones que hemos podido mantener con administraciones locales y autonómicas admiten que ven la necesidad. El problema viene mucho por los trámites administrativos. Por ejemplo, actualmente en España la legislación prohíbe realizar una prueba de radiodiagnóstico en casa de un paciente, cosa que en otros países de Europa se puede realizar. No lo prohíbe por nada, sino porque no se ha dado el caso. Es decir, estamos en un segmento o en una tecnología que es disruptiva. No ha habido normas porque no se ha dado el caso. Solo se ha dado durante la pandemia y, evidentemente, durante aquel momento la necesidad era apremiante y nos obligaba. Aquí ese caso todavía no se ha dado.
Estamos ahora debatiendo con el Consejo de Seguridad Nuclear para posibilitar la realización de este tipo de pruebas, evidentemente siguiendo todos los protocolos de seguridad y, sobre todo, bajo el paraguas de un hospital. Al fin y al cabo, los médicos dependen de determinadas áreas y esas áreas sanitarias u hospitales son los que dicen dónde hay que ir y cómo hay que hacerlo. Ellos ponen incluso el personal.
Todos muestran interés, pero implementar esto es complicado porque hay que incorporar, por ejemplo, a servicios sociales para ver si esa persona es un paciente con riesgo, si se van a incluir las residencias de mayores, y a Sanidad. Los trámites internos para implementar este proyecto son complicados porque no han existido este tipo de protocolos. Hay que crearlos prácticamente desde cero.
“La idea es acercar la tecnología del hospital con los recursos que tenemos”
¿Participan otras compañías tecnológicas en este proceso a través de Fenin?
Este caso se ha compartido con Fenin, también para que nos ayude y refuerce la importancia del sector de la atención domiciliaria, porque cada día está tomando más protagonismo. De hecho, hay un grupo de trabajo en Fenin donde están muchas compañías centradas en la atención domiciliaria. No podemos olvidar que dentro de 24 años, que es ahí a la vuelta de la esquina, el porcentaje de personas de más de 65 va a ser más de un 30%.
¿Cómo se desarrolla el proceso con las administraciones para incorporar estas soluciones, especialmente el diagnóstico mediante rayos X?
Normalmente lo presentamos a las distintas consejerías. Les mostramos básicamente el concepto, porque ellas ya tienen sus unidades domiciliarias. Se trata de aprovechar los recursos que tienen y complementarlos con esta tecnología de laboratorio, ecografía y equipos de rayos X.
La ecografía y el laboratorio son de fácil implementación. No tienen riesgo ninguno y lo que es un poco más farragoso, que todavía se está negociando, es el tema de los rayos X. De hecho, ya hemos hecho pruebas en algunos centros, como en Sevilla. Tenemos reuniones con la Comunidad de Madrid, con Castilla-La Mancha y con Castilla y León para implementar poco a poco este tipo de procedimientos.
“La atención domiciliaria está básicamente centrada en el paciente paliativo, pero con pocos medios”
¿Se han marcado algún plazo?
Entre este año y el año que viene tendría que implementarse algún proyecto, aunque sea a nivel piloto, porque todas las consejerías están mostrando mucho interés. Es más saber quién tiene que hacer cada cosa que el resultado final. Ahora es cómo lo llevamos a cabo, y eso es en lo que estamos trabajando poco a poco.
Una vez que nos sentemos, hay que decir: ¿quién va a poner el personal? ¿Esto va a ser una prestación de servicio o va a ser una compra? ¿Se va a llevar desde atención primaria o desde el ámbito hospitalario?
¿Qué ahorros sanitarios ha generado ya en el NHS?
Un 87% de ahorro, por ejemplo, en traslados en ambulancia. Y solo en el ahorro de personas que padecen una infección intrahospitalaria, que no tenían esa patología, eran aproximadamente unos 600 euros diarios de ahorro, con un ahorro anual en torno a los 2.000 millones de libras.
“Actualmente en España la legislación prohíbe realizar una prueba de radiodiagnóstico en casa de un paciente, cosa que en otros países de Europa se puede realizar”
La pandemia puso de manifiesto la necesidad de reforzar la atención domiciliaria. ¿Cómo ha cambiado la orientación de la investigación de Fujifilm?
Se ha invertido mucho. Precisamente, el equipo Xair salió prácticamente cuando empezamos a salir de la pandemia. Xair es el equipo pequeño de rayos X y, de hecho, ya vamos por la segunda generación. La nueva generación de este tipo de equipo viene con una pantalla LED similar al que tenemos en la cámara de fotos, con lo cual el profesional puede ver al paciente y facilitar el posicionamiento.
Fujifilm es una empresa que ha visto el nicho de mercado de este tipo de tecnología porque lo está viviendo en primera persona en Japón. En Japón la atención domiciliaria es habitual a todos los niveles. Lo que ha hecho Fujifilm es tomar su experiencia en la fotografía para aplicarla a la bioquímica. Sigue los mismos procedimientos que puede tener una reacción para el revelado de una película y lo ha implementado y complementado con soluciones de ecografía ultraportátil, tipo maletín o tipo tableta, y con un equipo de rayos X muy pequeño que pueda movilizarse en cualquier situación.
De hecho, es muy común, por ejemplo, en Vietnam, Tailandia, Filipinas o Pakistán utilizar este tipo de tecnología para llevar la imagen a poblados donde no se puede llegar ni en coche ni en helicóptero. Tenemos una colaboración con la Fundación Dopasi para la erradicación de la tuberculosis. Este tipo de tecnología la puedo llevar en un todoterreno o en una lancha. Llego a una sala como esta y, en una mañana, puedo hacer un cribado de tuberculosis prácticamente de un poblado entero.
«Lo que vamos a intentar es estar ultraconectados, pero de una manera sanitaria, de tal manera que pueda saber en un momento determinado si esa persona está sufriendo un posible ictus, un posible infarto de miocardio o una bajada de azúcar»
¿Hacia dónde va a evolucionar la tecnología?
La evolución va hacia la monitorización remota. Ya tenemos el botón que llevan los ancianos y que permite acceder a los servicios sociales si sufren una caída o un accidente. La idea, que veremos de una manera relativamente rápida, es que tengamos un dispositivo que controle nuestra frecuencia cardiaca, el nivel de glucosa y los parámetros principales. Y cuando haya una alarma, el sistema pueda avisar que un nivel de azúcar no está controlado o que tienes un problema de creatinina.
Al final, lo que vamos a intentar es estar ultraconectados, pero de una manera sanitaria, de tal manera que pueda saber en un momento determinado si esa persona está sufriendo un posible ictus, un posible infarto de miocardio o una bajada de azúcar. Eso nos va a permitir monitorizar en remoto al paciente y, lógicamente, que la respuesta ante una posible patología sea infinitamente más rápida.
En diabetes, por ejemplo, ya existen herramientas de monitorización. ¿El siguiente paso sería incorporar esa llamada al paciente?
Exacto, esa llamada y ampliar, porque ahora mismo solo se hace para el análisis de sangre de las personas diabéticas. Si tenemos un dispositivo donde puedo monitorizar mi frecuencia cardiaca y puedo hacer un electrocardiograma en remoto, puedo ver si esa persona está sufriendo un infarto o no. Por ejemplo, si tengo un dispositivo para medir la saturación de oxígeno, puedo ver si esa persona puede tener un neumotórax o un problema respiratorio.
«La ecografía y el laboratorio son de fácil implementación. No tienen riesgo ninguno y lo que es un poco más farragoso, que todavía se está negociando, es el tema de los rayos X»
Son pequeños dispositivos que, a la larga, facilitan la vida del paciente. Lo que hacen es, sobre todo, evitar otra vez la derivación al ámbito hospitalario. Al final todos tenemos que pasar por urgencias. La problemática de las personas mayores de 65 o 70 años es que son pluripatológicas y requieren muchos recursos, además redundantes: por el azúcar, por la anticoagulación, por los triglicéridos…
Todo ese modelo, al que tenemos acceso en las grandes ciudades, en pueblos que tienen 18 o 20 habitantes implica coger una ambulancia dedicada, recoger a cuatro o seis personas y llevarlas al hospital. El paciente se pierde todo el día para una exploración. La idea es acercar la tecnología del hospital con los recursos que tenemos. Al final se trata también de un ahorro de recursos: coger este tipo de núcleos y movilizarlos a cualquier ámbito para facilitar la exploración y el diagnóstico, con un ahorro de tiempo y de recursos, para que el paciente tenga una mejor atención, más rápida y que implique menos desplazamientos al hospital.
Más allá de personas en una situación paliativa, ¿qué perfiles de pacientes pueden beneficiarse más de este modelo en el futuro?
Hay varios. Uno es el paciente oncológico. Cada cierto tiempo, los pacientes oncológicos tienen que hacerse una analítica para ver si pueden recibir la quimioterapia. Los pacientes que están realizando un ciclo de quimioterapia son uno de los primeros grupos con los que podemos trabajar.
Tenemos también a las personas con dificultades de movilidad, en los llamados pisos cárcel: personas que, por vivir en edificios sin ascensor, no pueden bajar a hacerse una radiografía o, básicamente, no pueden ir al médico. Todavía en España hay muchísimos edificios que no tienen acceso a algo tan elemental como un ascensor.
Hemos visto personas con obesidad mórbida que no pueden desplazarse. Ese tipo de patologías en zonas con pocos recursos, principalmente zonas rurales; pacientes con patologías de larga duración, como alzhéimer o párkinson, y pacientes terminales son los segmentos a los que podríamos dirigirnos.









