Gema Maldonado Cantero
El agotamiento laboral (burnout) o estar «quemado» en el trabajo ya era un problema en el personal sanitario antes de la pandemia. La relación entre condiciones laborales y salud mental en estos colectivos no se ha investigado mucho, pero con el Covid-19 varios estudios mostraron cómo la crisis afectó a su salud mental, muchas veces por factores relativos a esas condiciones de trabajo: desde la falta de equipos de protección a las exigencias del trabajo que una pandemia así les impuso. Desde entonces no se habían realizado estudios a gran escala para saber qué ocurre en los centros sanitarios de Europa y si las condiciones laborales a las que se enfrentan médicos y enfermeras se asocian al estado de su salud mental.
Ahora, The Lancet Regional Health – Europe publica un estudio actualizado que indica que la salud mental de médicos y enfermeras no se ha recuperado del todo desde la pandemia y, en gran medida, se debe a sus condiciones de trabajo. El 30% presenta síntomas de depresión; esto supone que casi uno de cada tres médicos y enfermeras que asisten a la población en Europa trabaja con estas manifestaciones clínicas. El 25% de ellos tiene síntomas propios de la ansiedad y más de uno de cada diez (el 13%) indicó tener ideas pasivas de suicidio, es decir, pensamientos o deseos relacionados con la muerte o con dejar de existir. Entre un 2% y un 4% de los sanitarios encuestados indicaron dependencia de alcohol.
Casi uno de cada tres médicos y enfermeras que asisten a la población en Europa trabaja con síntomas de depresión
Son los datos más llamativos del estudio, que se ha basado en más de 90.000 encuestas a médicos y enfermeras de los Estados miembros de la Unión Europea, de Islandia y de Noruega entre octubre de 2024 y abril de 2025. De todos los encuestados, el 78% (más de 70.200) son mujeres y más de la mitad (58%) son personal de enfermería.
El trabajo analiza si afectan a la salud mental aspectos laborales como las exigencias del trabajo, los riesgos laborales (la violencia, entre ellos), los recursos con los que cuenta y las posibles estructuras de apoyo en la propia organización del sistema. Y la respuesta es que sí, hay una afectación de la salud mental.
«El estudio identifica asociaciones entre determinadas condiciones laborales y peores indicadores de salud mental»
«El estudio identifica asociaciones entre determinadas condiciones laborales y peores indicadores de salud mental», confirman los investigadores Roberto Mediavilla y José Luis Ayuso-Mateos. Ellos forman parte del Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la Investigación y Formación en Servicios de Salud Mental de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), que ha liderado el estudio Mental Health of Nurses and Doctors (MeND).
Señalan aspectos muy concretos que inciden en ese empeoramiento de la salud mental. «Las jornadas prolongadas, los turnos nocturnos, los plazos ajustados y distintas formas de violencia laboral se asociaron con una mayor prevalencia de síntomas depresivos, ansiedad y pensamientos suicidas», explican.
Esas jornadas que se alargan afectan a una parte importante de los médicos. El 28% trabaja más de 50 horas semanales y el 35% tiene turnos nocturnos frecuentes. En el caso de las enfermeras, las semanas de más de 50 horas de trabajo afectan al 9%, mientras que los turnos de noche son habituales para el 39%. Prácticamente todos los médicos y enfermeras se enfrentan a plazos muy ajustados de trabajo que aumentan la presión; así lo expresó el 91% de los médicos encuestados y el 88% del personal de enfermería.
Los síntomas de depresión aumentaron cuatro puntos en la escala de medición entre los médicos que trabajaban entre 61 y 70 horas semanales
Los investigadores observaron una asociación clara y gradual: cuando había un aumento de la exigencia en el trabajo y una disminución de los recursos, los resultados de salud mental empeoraban. Así, los síntomas depresivos aumentaron cuatro puntos en la escala de medición entre los médicos que trabajaban entre 61 y 70 horas semanales. La prevalencia de depresión, los síntomas de ansiedad y los pensamientos suicidas resultó un 20% mayor entre quienes trabajaban más de 50 horas a la semana y la tasa de depresión fue un 10% mayor entre quienes hacían turnos de noche con frecuencia.
Los dos investigadores del área de Salud Mental del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERSAM) también destacan la violencia laboral como otro factor al que se enfrentan con frecuencia los sanitarios europeos. Uno de cada tres afirmó que había sufrido amenazas violentas. Pero el factor violencia no solo viene de los pacientes; hasta el 34% de las enfermeras y el 27% del personal médico declaró haber sufrido situaciones de acoso laboral o bullying. Este tipo de violencia se asoció con un aumento de la prevalencia de síntomas de depresión del 90% y de un 94% en el caso de los pensamientos suicidas.
Hasta el 34% de las enfermeras y el 27% de los médicos declaró haber sufrido acoso laboral o bullying, una violencia asociada a un aumento de la prevalencia de síntomas de depresión un 90%
¿Qué se puede hacer?
No es un problema solo de España: las dificultades para encontrar médicos y enfermeras que cubran las necesidades que den respuesta a las necesidades del sistema sanitario. Europa afronta dificultades para captar y retener el talento en sus sistemas sanitarios y las condiciones laborales tienen mucho que ver. La pandemia hizo que los sanitarios trabajaran hasta la extenuación y mostró los límites del sistema. Pero han pasado seis años del Covid-19 y los datos indican que hay factores estructurales que siguen marcando la salud mental de médicos y enfermeras. La cuestión es que se puede poner solución porque «las condiciones laborales son factores potencialmente modificables de la salud mental de las personas trabajadoras», apuntan los investigadores.
«Las condiciones laborales son factores potencialmente modificables de la salud mental de las personas trabajadoras»
Los autores del trabajo señalan que mejorar las condiciones de trabajo y el bienestar «podría ayudar a abordar la crisis actual del personal sanitario» en Europa. Señalan aspectos como la reducción de las cargas de trabajo excesivas, una organización más adecuada de turnos, medidas para prevenir la violencia y el acoso y otras que refuercen el apoyo en el entorno laboral como áreas en las que trabajar.
Esto implica que existan protocolos de prevención de la violencia en los centros de trabajo, comités de empresa, sindicatos y planes de acción para hacer frente al estrés laboral. Los investigadores apuntan a que cuando estas medidas se ponen en marcha, hay una asociación «sistemática» con una menor prevalencia de depresión, ansiedad y pensamientos suicidas. «Los protocolos de prevención de la violencia se vincularon con una reducción de la probable dependencia del alcohol», señalan como ejemplo.









