Redacción
A menor nivel de renta, mayor consumo de psicofármacos. La salud mental se ve marcada por los determinantes sociales: desigualdades en empleo, vivienda, precariedad, violencia o falta de redes de apoyo «no pueden quedar fuera del abordaje del sufrimiento psíquico», señala la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), que ha hecho este viernes un llamamiento al uso racional de benzodiacepinas y antidepresivos en trastornos como la ansiedad y la depresión. Piden un abordaje de estos trastornos que permita adecuar su uso a las necesidades de cada persona y reforzar las alternativas terapéuticas no farmacológicas cuando estén indicadas.
La ansiedad y la depresión alcanzan una prevalencia de hasta el 30% y el 20%, respectivamente, y se encuentran entre las consultas más frecuentes en atención primaria. Los malestares emocionales o psicológicos son muy frecuentes en las visitas a los centros de salud, pero los médicos señalan que en muchos casos, no responden a trastornos mentales graves que requieran abordaje farmacológico, sino a «problemas cotidianos de la vida».
Desigualdades en empleo, vivienda, precariedad, violencia o falta de redes de apoyo «no pueden quedar fuera del abordaje del sufrimiento psíquico», señalan los médicos de primaria de semFYC
«El simple hecho de que alguien llegue a la consulta por situaciones de malestar que podemos considerar congruentes con circunstancias vitales nos debe hacer replantearnos qué está ocurriendo con las herramientas colectivas de sostén del sufrimiento. No es baladí que hayan aumentado muchísimo más las consultas relacionadas con sufrimiento psíquico en atención primaria de lo que han aumentado las derivaciones», ha señalado el médico de familia y comunitaria y coordinador del grupo de trabajo de Salud Mental de la semFYC, Víctor Expósito.
Para el especialista, manuales como El DSM-V y el CIE-11, aunque pueden ser útiles para la investigación o la solicitud de prestaciones, son herramientas descriptivas que «cuantifican síntomas, su duración y su gravedad con el fin de clasificar la situación que vive la persona entre una lista de trastornos y acaban generando soluciones de medicalización para malestares esperables en contextos de precariedad«.
La semFYC indica que la precariedad se refleja en el consumo de psicofármacos, que presenta, a su juicio, un «claro gradiente social» porque hay mayor uso de estos medicamentos en población con menor nivel de renta. Para la sociedad, este patrón pone de manifiesto que las desigualdades sociales no solo condicionan el riesgo de sufrir problemas de salud mental, sino también la respuesta que se da a ese sufrimiento. «Al ignorar los gradientes sociales y no plantear soluciones basadas en la justicia social y la equidad, acabamos medicalizando problemas que tienen también un origen social«, señala Expósito.
La semFYC indica que la precariedad se refleja en el consumo de psicofármacos, que presenta un «claro gradiente social» a menor nivel de renta, mayor consumo
Por el contrario, la semFYC defiende la necesidad de mirar más allá del síntoma para entender el malestar psíquico en su contexto social y apoya un abordaje biopsicosocial en salud mental, que evalúa también factores socioeconómicos, apoyo familiar, vivienda, empleo, tal y como establece la Estrategia de Salud Mental del SNS.
«En ocasiones el mejor medicamento es la justicia social, y esto es especialmente aplicable al sufrimiento mental. La prevención primaria en este caso pasa por conseguir estrategias capaces de reducir las inequidades«, defiende Expósito. «Esto se traduce, por ejemplo, en reducir el estrés relacionado con el trabajo y la precariedad laboral e identificar y dar solución a situaciones de violencia y maltrato, especialmente sobre las mujeres y la infancia», ha añadido.
Deprescripción, cuando sea posible
En estas circunstancias, la sociedad científica insiste en que es necesario buscar soluciones más allá de los fármacos y promover las acciones de deprescripción y terapias no farmacológicas. La semFYC considera que medicalizar todos los problemas de salud mental puede suponer un mayor riesgo de sobreutilización de intervenciones sanitarias, lo que, a su juicio, afecta tanto a la salud de las personas como a la sostenibilidad del sistema sanitario.
Dr. Víctor Expósito: «En ocasiones el mejor medicamento es la justicia social, y esto es especialmente aplicable al sufrimiento mental»
La sociedad defiende ampliar las opciones terapéuticas disponibles desde atención primaria y adaptarlas a las necesidades de cada persona. Entre ellas, se encuentran intervenciones psicológicas como la terapia cognitivo-conductual, la actividad física, las estrategias de resolución de problemas y los ejercicios de relajación, así como intervenciones comunitarias, grupos de apoyo y talleres de manejo del estrés.
«El objetivo no es sustituir sistemáticamente los medicamentos, sino evitar que sean la única respuesta ante situaciones en las que existen otras intervenciones eficaces y adecuadas», añade. Como recuerda la semFYC, el abordaje del sufrimiento psíquico y la desmedicalización de determinados malestares emocionales no tienen respuestas sencillas ni soluciones que funcionen igual para todas las personas. Así, señala que la clave está en comprender el contexto de cada paciente, valorar de forma individualizada las distintas opciones terapéuticas y mantener aquellas intervenciones cuyo beneficio siga justificando sus posibles riesgos.









