The Lancet advierte que las resistencias antimicrobianas, el clima y la IA amenazan la salud global

Una comisión internacional de expertos publica en The Lancet advierte de que las resistencias antimicrobianas, el cambio climático, la obesidad o el uso malicioso de la inteligencia artificial podrían comprometer de forma significativa la salud de la población y aumentar la presión sobre los sistemas sanitarios en las próximas décadas

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Redacción
La salud global afronta un escenario cada vez más complejo. Un informe publicado en The Lancet y elaborado por una comisión internacional formada por 35 expertos ha identificado 17 amenazas interconectadas que podrían condicionar de forma decisiva la esperanza de vida y la calidad de vida de la población mundial de aquí a 2100. Los autores defienden que la prevención debe convertirse en una prioridad estratégica si se quiere evitar que estas amenazas superen la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios. 

The Lancet identifica 17 amenazas para la salud global y alerta sobre su impacto en los sistemas sanitarios

El trabajo se basa en los datos y metodologías del estudio Global Burden of Disease, desarrollado por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME). Analiza cómo diferentes factores sociales, ambientales, tecnológicos y sanitarios podrían traducirse en una mayor carga de enfermedad, discapacidad y mortalidad prematura. 

Resistencias antimicrobianas, clima y obesidad, entre los principales desafíos
Entre los riesgos que ya están teniendo un impacto directo sobre la práctica clínica, la comisión sitúa el avance de las resistencias antimicrobianas como una de las grandes preocupaciones para la salud pública mundial. También suman los efectos del cambio climático sobre la salud global. Es un fenómeno que, según el informe, podría mitigarse parcialmente si el aumento de la temperatura global se limita a 1,8 ºC. Los investigadores estiman que alcanzar ese objetivo permitiría evitar la pérdida de cerca de 1.890 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD). AVAD ya es una de las métricas más utilizadas para medir la carga global de enfermedad.

La obesidad constituye otra de las amenazas destacadas. Las proyecciones recogidas en el informe apuntan a que, para 2050, alrededor del 60% de los adultos y un tercio de los niños podrían vivir con obesidad. Es una situación con importantes repercusiones sobre la incidencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y otras patologías crónicas. La comisión también alerta sobre el peso creciente de los trastornos mentales y de determinados factores conductuales, especialmente en los países de rentas altas. Al mismo tiempo, advierte de las consecuencias que podría tener una reducción sustancial de la cooperación internacional en salud.

Según sus estimaciones, una eventual disminución o colapso de la ayuda sanitaria internacional podría suponer la pérdida de hasta 1.500 millones de AVAD antes de final de siglo. Es un tema que afecta especialmente a regiones con mayores niveles de vulnerabilidad, como África subsahariana. Para los autores, la combinación de estos factores anticipa un incremento sostenido de la demanda asistencial y una mayor presión sobre la atención primaria, los hospitales y los servicios de salud pública.

El informe también alerta del impacto potencial de la IA maliciosa sobre la seguridad sanitaria global como una amenaza emergente

Junto a los riesgos más conocidos, el informe incorpora amenazas emergentes de baja probabilidad, pero potencialmente muy alto impacto. Entre ellas figuran los conflictos nucleares y el uso malicioso de la inteligencia artificial. En relación con esta última, los expertos plantean escenarios hipotéticos en los que sistemas avanzados de IA podrían facilitar el desarrollo de agentes biológicos peligrosos o contribuir a desestabilizar la seguridad sanitaria global. Aunque subrayan la elevada incertidumbre de estas estimaciones, calculan que su impacto potencial podría alcanzar los 10.400 millones de años de vida saludable perdidos en escenarios extremos. 

El informe señala además que se podrían provocar futuras crisis de gran magnitud: emergencias alimentarias; alteraciones ambientales severas; y nuevos retos epidemiológicos. Todo ello obligaría a reforzar las capacidades de vigilancia, preparación y respuesta de los sistemas sanitarios.

Christopher Murray es director del IHME y codirector de la comisión. Destaca que las decisiones que se adopten durante las próximas décadas serán determinantes para la salud de las generaciones futuras. En su opinión, retrasar las medidas preventivas solo contribuirá a aumentar la carga de enfermedad y la presión sobre los sistemas sanitarios. Natalia Kanem, copresidenta de la comisión, subraya la importancia de fortalecer la confianza pública, la cooperación internacional y la capacidad de los países. Para ella es la forma de afrontar amenazas cada vez más complejas y globales. 

Los resultados de este trabajo serán presentados en la Cumbre Mundial de la Salud que se celebrará en Berlín y formarán parte de una actualización anual destinada a orientar la planificación sanitaria y las políticas de salud pública a escala internacional.

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