Juan León García
Calles desiertas, solo pobladas por caras desconocidas. Establecimientos, la mayoría cerrados por recomendación de la Confederación de Empresarios. Los días 30 y 31 de julio, la vida de una ciudad dinámica como Ceuta paró por completo. “El día de la invasión, vi que no paraba de pasar el flujo. Me asomaba cada 15 minutos, cada media hora, y no paraba” relata Mario de Miguel, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Ceuta y titular en la farmacia de la barriada del Príncipe Felipe, lugar de paso de quienes cruzaban la frontera e iban en busca del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).
En esas horas, que quienes viven en la Ciudad Autónoma califican como “críticas”, las 24 farmacias ceutís continuaron prestando asistencia. Cambió la manera de hacerlo. Los guardieros eran el punto de atención. Las puertas se mantenían cerradas. Solo se abrían en casos de personas vulnerables o si alguien estaba mareado y necesitaba que se le tomase la tensión, explica Antonio José Ruiz Gualda, cotitular de la farmacia-ortopedia Ruiz y tesorero del COF de Ceuta. Su establecimiento, ubicado en la barriada del Centro, la sensación de las primeras horas fue “de incertidumbre total: no paraba de entrar gente, no sabíamos si iban a venir con ganas de pedir asilo o si ban a atacarnos. Había sensación de nerviosismo”.
Mario de Miguel (COF Ceuta): “El día de la invasión, vi que no paraba de pasar el flujo. Me asomaba cada 15 minutos, cada media hora, y no paraba”
Han sido “momentos personales muy duros” que ocurrieron hace apenas dos meses, continúa Ruiz, pero que han marcado para siempre las vidas de los aproximadamente 82.000 vecinos de Ceuta. “Sigo igual de preocupada por el futuro de mi ciudad”, confiesa Beatriz Ferrón, farmacéutica titular en la barriada del Príncipe Alfonso.

Y, en toda esa vorágine que puso patas arriba la rutina de la ciudad, “las farmacias nunca han cerrado”, recuerda Ferrón. “Las farmacias que hay en Ceuta permanecieron abiertas en sus horarios normales, los primeros días trabajando a través de un guardiero. Cada uno como pudo”, admite la farmacéutica, que insiste: “No se cerró en ningún momento. La luz verde se mantuvo encendida”.
Labores asistenciales y humanitarias
De Miguel recuerda que los migrantes que andaban por su zona camino del único centro donde esperaban que pudieran admitirlos, el CETI, pasaron a su farmacia por diversos motivos. Algunas requerían de pequeñas curas por heridas; otras pedían un vaso de agua; otras, si les podían cargar el móvil. “Los primeros días eran como 150 personas las que entraban” estima el farmacéutico.
No obstante, la labor de la farmacia va más allá de su propio espacio. Tanto la del presidente del colegio ceutí como otra cercana comenzaron, tras una intervención del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) a colaborar con la ONG Médicos del Mundo y el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) con el fin de dispensar determinados fármacos sin financiar para estas personas. Se les facilita una receta específica solo a aquellos que no tienen recursos. Van con su receta hasta alguna de estas dos farmacias, que les dispensa los medicamentos que necesitan.
De Miguel añade que también ha habido alguna participación por parte de cooperativas de distribución farmacéutica con Cruz Roja para llevar medicamentos in situ hasta lugares ahora ya conocidos a nivel mediático, como la playa del Trampolín.
Mientras aumentaron las asistencias sanitarias a población migrante, las ventas habituales para verano decayeron de forma notable

En paralelo, cada farmacia replanteó su atención a los pacientes. En el caso de la farmacia ubicada en la calle Jáudenes, la de Ruiz, se realizó un refuerzo de turnos para que, al menos, hubiera siempre tres personas para atender al público a pesar de que eran “días en los que prácticamente no tuvimos visitas” y que no hubiese turnos partidos, con el fin de reducir la exposición de estar en la calle y evitar riesgos.
Por su parte, Ferrón reconoce que no hubo cambios organizativos en su farmacia, aunque sí notaron “una carga más asistencial”, en referencia a las curas a migrantes que presentaban heridas. La farmacéutica considera que, tras las crisis vividas no solo en esta ocasión, sino en la dana que asoló las provincias de Valencia y Albacete, o durante la pandemia de covid, sería de utilidad establecer “un protocolo unificado de actuación en casos de emergencias” para las farmacias.
El respaldo de toda la profesión
“Hemos sentido el calor de toda España”, sentencia el presidente del COF de Ceuta, que asegura haber recibido llamadas de todos los presidentes colegiales y destaca las dos visitas que ha realizado el presidente de la Organización Farmacéutica Colegial, Jesús Aguilar, una de ellas con motivo del comité de la Junta Directiva del CGCOF, el primero realizado fuera de Madrid. A ello se añade la campaña lanzada el Día de Ceuta, el pasado 2 de septiembre. De Miguel agradece al secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, por las palabras que tuvo para los farmacéuticos ceutíes en el cierre del Congreso Nacional Farmacéutico, celebrado hace unas semanas.
Ruiz expresa el orgullo que sienten por “todos los farmacéuticos de España”. También traslada esa gratitud al Consejo General: “Saber que tus instituciones están cerca es fundamental”. Mensaje al que se suma Ferrón. “Ha sido un apoyo que, desde Ceuta, que nos hemos sentido tan solos, sentir el respaldo del Consejo y de todos los colegios, ha sido un gesto que no vamos a olvidar nunca”.
A lo largo de estos dos meses, han sido numerosas las visitas institucionales de representantes de la profesión, pero también empresariales (CEOE) o de otros profesionales sanitarios (el presidente de la Organización Médica Colegial, Dr. Tomás Cobo). De todos coincide en señalar que “les ha cambiado la forma de ver y sentir las cosas” tras pasar por Ceuta.










