Redacción
El cáncer de mama presenta una supervivencia cada vez mayor, pero este avance plantea un nuevo desafío para la atención oncológica: no solo conseguir que más mujeres superen la enfermedad, sino garantizar que puedan hacerlo con la mejor calidad de vida posible. En este contexto y, en el marco del Día Mundial del Cáncer de Mama, el Centro Integral Oncológico Clara Campal HM CIOCC, junto con la Fundación de Investigación HM Hospitales (FIHM), han celebrado la IX Jornada ‘Juntas contra el cáncer. Por una supervivencia saludable’, para compartir conocimientos y experiencias sobre los retos que surgen una vez superada la fase activa de la enfermedad.
El programa ha puesto en valor los principales avances científicos que ayudan en el diagnóstico precoz del cáncer y sus recaídas, así como a mejorar la efectividad de las terapias. De igual manera se ha puesto el foco en el seguimiento clínico posterior, las necesidades psicosociales, la inserción laboral de los pacientes y las posibles secuelas que pueden experimentar, aspectos comunicados a través del testimonio de las pacientes.
La mamografía sigue siendo la prueba central del seguimiento, mientras que la resonancia magnética se reserva para determinados perfiles de riesgo o mamas extremadamente densas
Organizada por la Dra. Raquel Bratos, coordinadora de la Unidad de Cáncer de Mama de HM CIOCC, y la Dra. Ana Delgado Laguna, coordinadora de Radiodiagnóstico de este centro integral, en la jornada se ha puesto de manifiesto que superar un tumor no marca necesariamente el final del proceso asistencial. Las secuelas físicas, emocionales, laborales y sociales pueden seguir condicionando el día a día de muchos pacientes, por lo que el seguimiento posterior y el abordaje de estas necesidades forman parte de una atención integral al paciente oncológico.
Titulada ‘¿Qué significa hoy ser superviviente en cáncer de mama?’, la primera mesa, en la que han participado la Dra. Eva Ciruelos, oncóloga especializada en cáncer de mama de HM CIOCC, y Dra. Carlota Santolaya, coordinadora de la Unidad Integral de Atención al Superviviente Oncológico (Uniaso), se ha centrado en las distintas etapas que atraviesan las pacientes, desde el diagnóstico hasta el alta oncológica, poniendo de relieve cómo los avances terapéuticos han permitido adaptar cada vez más los tratamientos a las características biológicas de los tumores. Entre los datos más llamativos, destacan que aproximadamente el 65% de los cánceres de mama presentan receptores hormonales positivos y HER2 negativo, mientras que los tumores HER2 positivos y los triplenegativos representan en torno al 15% cada uno.
Estas diferencias condicionan la elección de tratamientos como la cirugía, la radioterapia, la hormonoterapia, la inmunoterapia o las terapias dirigidas, en función de las características del tumor y de la situación clínica de cada paciente. Asimismo, se ha recordado que la mastectomía no supone necesariamente una mejoría del pronóstico frente a la cirugía conservadora cuando esta está indicada.
Las pruebas de sangre que detectan ADN tumoral circulante podrían ayudar a identificar enfermedad residual y estimar el riesgo de recaída
Por otro lado, en la mesa ‘Seguimiento oncológico de las supervivientes’, se ha abordado la importancia de personalizar las consultas y las pruebas de seguimiento para detectar posibles recaídas. En el ámbito radiológico, la Dra. Manuela Parras, radióloga de la Unidad de Mama de HM Hospitales, ha destacado que la vigilancia debe adaptarse a factores como la edad en el momento del diagnóstico, la predisposición genética, la biología del tumor y la densidad mamaria, manteniendo la mamografía como prueba central y recurriendo a la resonancia magnética en situaciones seleccionadas, como determinados perfiles de alto riesgo o mamas extremadamente densas.
Por su parte, el Dr. Marco Martínez, del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital Universitario HM Sanchinarro, ha analizado las posibilidades del seguimiento molecular mediante pruebas de sangre que detectan ADN tumoral circulante, una herramienta prometedora para identificar señales de enfermedad residual, estudiar su evolución a lo largo del tiempo, afinar la estimación del riesgo de recaída y apoyar la toma de decisiones clínicas, aunque su aplicación debe ajustarse a la evidencia disponible y no sustituye a la vigilancia clínica y radiológica establecida.
El tercer bloque se ha centrado en ‘La esfera psicosocial de las supervivientes’, poniendo de relieve la importancia de construir redes de apoyo que acompañen a las pacientes más allá del tratamiento y faciliten su reincorporación a la vida sociolaboral y familiar. Durante la mesa en la que han participado Áurea Esparza, de la Unidad de Psicooncología del Hospital Universitario HM Torrelodones, y Aida Espina de la Lama, de la Unidad de Psicooncología del Hospital Universitario HM Montepríncipe, se ha destacado el papel activo que pueden desempeñar las propias pacientes en la mejora de la atención sanitaria.
Algunos tratamientos oncológicos pueden aumentar el riesgo cardiovascular, por lo que las especialistas recomiendan adaptar la vigilancia a cada paciente y controlar las posibles secuelas a largo plazo
En la última mesa, dedicada a ‘Salud cardiovascular, sexualidad y otras secuelas del tratamiento’, se ha centrado en la importancia de prevenir y controlar las posibles consecuencias de las terapias oncológicas a medio y largo plazo. En esta sesión, ha participado la Dra. Ana Pastor, de la Unidad de Insuficiencia Cardíaca y Cardiooncología; la Dra. María Galán, de la Unidad de Mama, y la Dra. Mercedes Herrero, del Servicio de Ginecología. En el ámbito cardiovascular, se ha explicado que determinados tratamientos del cáncer de mama pueden incrementar el riesgo de complicaciones cardíacas y vasculares. Así, las antraciclinas pueden afectar al músculo cardíaco, el trastuzumab puede reducir la capacidad de bombeo del corazón y la radioterapia puede aumentar el riesgo vascular a largo plazo en función de la exposición cardíaca.
Asimismo, se ha destacado que algunos tratamientos hormonales requieren una vigilancia específica, como el tamoxifeno, asociado a un mayor riesgo de trombosis venosa, o los inhibidores de la aromatasa, que hacen necesario controlar los niveles de colesterol y otros factores de riesgo cardiovascular. Por ello, las especialistas han subrayado la importancia de establecer un seguimiento individualizado, con controles cardiológicos y pruebas como el ecocardiograma cuando estén indicados, para prevenir complicaciones y favorecer una supervivencia con la mejor calidad de vida posible.











