La Semfyc advierte que los fármacos para adelgazar «no deben sustituir» el abordaje integral de la obesidad adolescente

La sociedad científica alerta de la presión estética y la influencia de las redes sociales en los jóvenes, y recuerda que la medicación debe reservarse para los casos con indicación clínica y acompañarse de cambios en el estilo de vida, apoyo psicológico y seguimiento profesional

Redacción
En línea con las primeras directrices mundiales para el abordaje integral de la obesidad infantil y adolescente, publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) considera necesario evitar que la creciente popularidad de los tratamientos farmacológicos para perder peso favorezca una respuesta centrada en la pérdida de peso por estética, en detrimento de la atención integral, especialmente en los más jóvenes ya que durante “la etapa de la adolescencia es una época de la vida donde la percepción de riesgo es menor, dado que se consideran personas sanas con sensación de invulnerabilidad”, explica la Dra. Idoia Jiménez, especialista en medicina familiar y comunitaria y coordinadora del grupo de trabajo de Atención al Adolescente de la Semfyc, durante el Día Mundial de la Alimentación, que se celebra el 16 de octubre.

“En la sociedad de la inmediatez, muy influenciada por las redes sociales, donde presentan imágenes de cuerpos perfectos junto a las promesas de soluciones milagro, hace que los adolescentes busquen formas rápidas para perder peso y poder encajar en la sociedad. Esto incluye el consumo de medicinas adelgazantes, la adopción de dietas extremas, e incluso, en algunos casos, con riesgo elevado de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)”, señala la Dra. Jiménez.

Los medicamentos deben reservarse para los casos con indicación clínica y no desplazar las intervenciones sobre alimentación, actividad física y conducta

A ojos de la Semfyc, no se puede reducir el tratamiento de la obesidad, tanto en adultos como en adolescentes, a una cifra en la báscula. La respuesta sanitaria debe ofrecer tiempo, seguimiento y herramientas para cambiar los hábitos, atendiendo también al contexto familiar y social. “El éxito de un tratamiento en la adolescencia debe medirse en términos de salud metabólica, conservar músculo, permitir un crecimiento normal, desarrollar una relación sana con los alimentos y conseguir que la juventud se pueda vivir sin sentirse estigmatizada por el peso o la imagen corporal” añade la especialista de atención primaria.

Para la sociedad científica, la prescripción de medicamentos no puede convertirse en la respuesta prioritaria mientras no se garantice una atención adecuada sobre los factores que intervienen en la obesidad. Los fármacos pueden tener un papel cuando existe una indicación clínica, pero deben formar parte de un abordaje integral y no sustituir las intervenciones sobre la alimentación, la actividad física y la conducta. “Su éxito real en el sector infanto-juvenil radica en acompañar el fármaco con apoyo psicológico y cambios de estilo de vida”, añade la Dra. Jiménez.

La obesidad adolescente requiere una atención individualizada que tenga en cuenta los factores genéticos, psicológicos, familiares y sociales que influyen en la enfermedad

Asimismo, la sociedad científica recuerda que la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial que requiere intervenciones adaptadas a cada persona, con atención a su salud física y emocional y a las condiciones sociales que influyen en su desarrollo. La obesidad no puede explicarse únicamente por la alimentación o la falta de ejercicio. En ella intervienen factores genéticos, ambientales, psicológicos y sociales, junto con aspectos como el sueño, la regulación del apetito y las condiciones de vida.

Su abordaje exige actuar sobre estos factores y facilitar que los adolescentes y sus familias dispongan de recursos y acompañamiento profesional para mantener hábitos saludables. En este contexto, la atención primaria puede contribuir mediante una valoración individualizada y un seguimiento que tenga en cuenta la situación familiar y social.

Directrices mundiales

Según las directrices de la OMS, se recomienda intervenciones estructuradas sobre alimentación, actividad física y cambio conductual, de forma individual o mediante programas multimodales. Asimismo, no recomienda tratamientos farmacológicos para perder peso en menores de 10 años y contempla su posible uso en adolescentes de 10 a 19 años, con medicamentos aprobados, únicamente cuando previamente un programa de estilo de vida multimodal supervisado no haya logrado los resultados deseados.

Estas recomendaciones refuerzan la necesidad de que la respuesta clínica no se limite a prescribir medicamentos. Antes de valorar un tratamiento farmacológico es necesario realizar una evaluación individualizada, tener en cuenta el desarrollo y la situación clínica del adolescente, valorar los posibles beneficios y riesgos y establecer un seguimiento. Las intervenciones sobre alimentación, actividad física y conducta deben formar parte del plan terapéutico, no quedar relegadas frente a la opción farmacológica.

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