La calidad clínica, punto de partida para la excelencia en la atención a los pacientes

Las certificaciones internacionales no solo permiten acreditar unos estándares de calidad, también repercuten en un cambio de la cultura de la organización sanitaria, destacan expertos de Quirónsalud

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Redacción
Detrás de las siglas JCI o ISO se encuentran algunas de las principales certificaciones y acreditaciones internacionales en materia de excelencia organizativa. Sin embargo, estas no solo se reducen a dar prestigio al hospital, cuando se habla del sector sanitario, sino que también representan una hoja de ruta basada en unos altos estándares que acaban permeando en la cultura de la organización.

“En la práctica hospitalaria, estos modelos ayudan a ordenar los procesos, definir responsabilidades, reducir la variabilidad y establecer mecanismos sistemáticos de medición, seguimiento y mejora. Esto tiene un impacto directo en los resultados que no dependan únicamente de la buena práctica individual, sino de sistemas sólidos y homogéneos”, apunta Nuria Díaz Avendaño, directora de Calidad y Experiencia del Paciente de Quirónsalud.

Díaz, tras la experiencia del Grupo, cuya red de centros ya cuenta con 12 acreditaciones de la Joint Commission International, señala que el valor de estas certificaciones “no reside únicamente en el reconocimiento externo, sino en su capacidad para transformar la forma en la que una organización sanitaria trabaja cada día”.

En otras palabras, “cuando los estándares están verdaderamente integrados, dejan de ser un requisito documental o un ‘sello’ externo para convertirse en una forma de trabajar”. Destaca, entre otras ventajas, la generación de una cultura común, la identificación temprana de desviaciones y el despliegue de acciones correctoras desde una perspectiva integral, “estructurada y comparable entre centros”.

“Cuando los estándares están verdaderamente integrados, dejan de ser un requisito documental o un ‘sello’ externo para convertirse en una forma de trabajar”

Los hospitales universitarios Rey Juan Carlos (Móstoles, Comunidad de Madrid) y General de Villalba (Comunidad de Madrid) fueron distinguidos el pasado mes de julio con el sello dorado de la Joint Commission International (JCI), un reconocimiento que pone de manifiesto que los procesos de los hospitales están orientados a reforzar una atención segura, eficiente y humana, y muestra su compromiso con la calidad y la seguridad del paciente, convirtiéndose  en los dos primeros centros de complejidad media del Servicio Madrileño de Salud en lograr este hito.

La directora de Calidad y Experiencia del Paciente de Quirónsalud agrega que, si bien estos estándares están cada vez más extendidos en los grandes grupos hospitalarios, la diferencia radica en la implantación efectiva: “en la capacidad de medir, comparar, aprender de los datos, reducir la variabilidad entre centros y generar mejoras sostenidas en seguridad, experiencia y resultados clínicos”.

Por eso, aunque “el certificado es importante”, Díaz Avendaño enfatiza que “lo verdaderamente reputacional es la cultura que lo sostiene” y aquellas organizaciones que se diferencian son aquellas que “consiguen convertir los estándares en práctica diaria, y no solo en cumplimiento formal”.

Modelos de calidad y confianza para el paciente

Los profesionales coinciden en que el paradigma sobre el que se basaba la excelencia para las organizaciones sanitarias ha evolucionado para integrar distintos aspectos. “Actualmente, la calidad se mide de forma mucho más objetiva, integrada y orientada a resultados”, asegura Nuria Díaz Avendaño.

Tras la obtención del certificado, la subdirectora de Enfermería y responsable de Seguridad del Paciente del centro villalbino, Rebeca Muñoz, recalcó que la acreditación permite al paciente saber que “está siendo atendido en una organización comprometida con hacer las cosas bien, que ha revisado todos sus procesos asistenciales siguiendo estándares internacionales muy exigentes para reducir riesgos y ofrecer una atención segura, de calidad, coordinada y centrada en la persona”.

Esa transformación de la cultura se refleja incluso en el proceso de evaluación. Marta González Contreras, directora de Calidad del centro mostoleño, destaca la implicación de todos los profesionales del hospital, lo que representa “un paso más” del hospital en su “compromiso con la excelencia, la seguridad del paciente y la mejora continua, con el objetivo de seguir ofreciendo una atención sanitaria de la máxima calidad”.

El modelo de las organizaciones sanitarias pasa a ser holístico, integrando indicadores clínicos, seguridad del paciente, de experiencia, de eficiencia, continuidad asistencial y sostenibilidad

Los indicadores clínicos, de seguridad del paciente, de experiencia, de eficiencia, continuidad asistencial y sostenibilidad de los procesos conforman un modelo holístico que se aterriza en diversos indicadores. Complicaciones, infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, reingresos, eventos adversos, resultados ajustados por riesgo, tiempos de respuesta, adherencia a protocolos, satisfacción del paciente, PREMS, PROMS o indicadores de experiencia como el NPS, enumera Díaz Avendaño.

Así lo reafirma la Dra. Raquel Barba, jefa del Servicio de Medicina Interna y responsable de Seguridad del Paciente del Hospital Universitario Rey Juan Carlos: “Gracias no solo al sello, sino al camino recorrido para obtenerlo, podemos garantizar a los pacientes que van a recibir la atención más adecuada y segura para su proceso, que su salud está siendo atendida en un hospital que revisa permanentemente todos sus procedimientos para mejorarlos día a día, y en el que todos estamos implicados en conseguirlo, comprometidos en trabajar en la misma dirección para ello”.

Tecnología para conseguir la calidad y medir con más precisión

Cuando se comenzaron a apuntalar estos modelos de excelencia, la premisa principal se centraba en la disponibilidad tecnológica de las organizaciones sanitarias, la excelencia de las instalaciones o el prestigio de sus profesionales médicos. Elementos aún “relevantes, pero no suficientes”, puntualiza la directora de Calidad y Experiencia del Paciente de Quirónsalud.

Asimismo, el principal reto hoy “no es alcanzar una acreditación, sino mantenerla de forma sostenida, homogénea y útil en el tiempo”. Organizaciones sanitarias complejas, como la que sostiene el Grupo, tienen como desafío “garantizar que los estándares se aplican de manera consistente sin perder la capacidad de adaptación a cada centro”.

“Esto exige una gobernanza clara, liderazgo clínico y directivo, formación continua, sistemas de información fiables, trazabilidad documental, auditorías periódicas y seguimiento riguroso de los planes de mejora. También requiere disponer de indicadores comparables que permitan identificar desviaciones, compartir buenas prácticas y priorizar acciones en función del riesgo y del impacto asistencial”, explica Díaz Avendaño

Que los niveles de acreditación permanezcan exige que la calidad sea inherente al funcionamiento ordinario del hospital, continúa. Para ello, desplegar herramientas de medición, análisis, corrección y reevaluación repercutirá que las certificaciones tengan un “impacto real en la seguridad del paciente y en la excelencia asistencial”.

Para Nuria Díaz Avendaño, el principal reto hoy no es alcanzar una acreditación, sino mantenerla de forma “sostenida, homogénea y útil en el tiempo”

Para ella, el Plan de Calidad del Grupo muestra cómo se consolida una visión de un modelo basado en la excelencia. Asentado en los ejes de Salud, Experiencia y Eficiencia, se impulsa la homogeneización de las prácticas, la reducción de la variabilidad y la orientación a resultados sostenibles en el tiempo.

Y ahí la tecnología será un objetivo tractor: esta evolucionará “hacia la medición continua de la experiencia”. En este sentido, anticipa que “surgirán sistemas capaces de recoger señales a lo largo de todo el recorrido asistencial. El desafío será combinar estos datos con indicadores clínicos y operativos para comprender no solo qué ocurrió, sino por qué ocurrió y qué debe cambiar”.

Para garantizar ese éxito y completar el proceso de transformación sanitaria, la tecnología deberá dejar de “percibirse como una barrera” y convertirse “en una ayuda”. “El objetivo final no es construir un sistema más digital, sino conseguir que el paciente note menos su complejidad y se sienta mejor informado, más autónomo y acompañado. Esa será, en última instancia, la verdadera medida de la calidad asistencial”, concluye Díaz Avendaño.

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